Honra tu vida viviendo plenamente, tanto el placer como el dolor

«El dolor y la muerte no son terribles, como el miedo al dolor o a la muerte.»

Epícteto

 

“Honrar a la vida significa tomarla y amarla tal como es: con el principio y el final, con la salud y la enfermedad, con la inocencia y la culpa. (…)La experimentamos como último desprendimiento, que toma todo y da todo, con amor”.

Bert Hellinger

 

resiliencia
Miedo a la enfermedad y el dolor

Recientemente, al enfrentarme de nuevo a la incertidumbre con relación a  mi salud, volví a sentir miedo de mi vulnerabilidad y, al mismo tiempo, me hice consciente de mi imperiosa necesidad de querer estar siempre sano, en equilibrio, de no sentir dolor ni malestar.

Esto me hizo reflexionar y darme cuenta de que también  la salud es un valor que puede convertirse en un apego, al igual que otros valores como la belleza, la juventud, la riqueza, el bienestar, la seguridad, la vida, y el amor.

Apego por lo agradable y satisfactorio

Muchos de nosotros anhelamos  tener siempre aquello que nos hace sentir bien y estar en equilibrio.

Sólo aceptamos sin problema aquello que nos aporta seguridad, satisfacciones y estabilidad, pero nos negamos a aceptar aquello que nos provoque malestar o desequilibrio.

Al mismo tiempo, luchamos incansablemente por conseguir todo aquello que valoramos, y, cuando lo obtenemos, sufrimos porque no queremos perderlo y es más grande la preocupación de que eso ocurra, que el gusto que nos pueden generar.

El miedo de perder lo que supuestamente nos hace felices, provoca que nos apegamos a dichas experiencias positivas y somos capaces de  hacer cualquier cosa por obtenerlas cuando no las tenemos, o  por conservarlas y mantenerlas cuando  están presentes.  El problema es que, a raíz de la ansiedad  que nos genera el miedo de perderlas,  ellas mismas y la sensación agradable que nos provocan pueden pasar a segundo plano.

terapia_gestalt_adolescentes_adultos_parejasRechazo por lo desagradable y doloroso

Por un lado está el apego a las cosas agradables y por el otro está la fobia o el rechazo a lo desagradable como podrían ser: la enfermedad, la vejez, la desdicha, la tristeza, la inestabilidad, la incertidumbre,  la soledad, la pobreza, el fracaso…

Esta situación de ambivalencia es, sin duda, consecuencia de nuestra cultura y de la educación.

Estamos programados desde nuestros primeros años, tanto por nuestros padres y demás familiares como por las demás instituciones de la sociedad, a buscar incansablemente el placer, la seguridad, la satisfacción, el éxito  y a rechazar el dolor, la inseguridad, la incertidumbre, el fracaso.

fomentar_miedo_al_dolorMuchos padres, con la mejor intención, toman a sus hijos desde que son muy pequeños y les dicen cosas o hacen cosas para hacerlo sentir especiales. Les dicen, por ejemplo:  “Tú eres perfecto y quiero que tu vida sea perfecta, por eso, te lo voy a dar todo para que logres todo lo que anhelas y nunca sufras”.

Qué bello suena, pero que irreal, qué gran mentira. Por muy buena intención que tengan los padres, es un engaño hacer creer a sus hijos que son seres perfectos  y que estarán exentos de sufrimientos y fracasos a lo largo de su vida.

Tampoco es verdad que ellos, con todo su amor, son capaces de evitarles a sus hijos los avatares de la vida ni de brindarles una felicidad absoluta, pero, la realidad, es que la mayoría de los padres es lo que hacen lo cuál, a la larga, genera mucho más sufrimiento y frustración a las personas pues,  al no lograr tener una vida perfecta, sienten que traicionan a sus padres y a ellos mismos por no ser más que unos seres humanos comunes y corrientes.

Soltar no es fácil

Es necesario hacer un viaje al centro de nuestros dolores, a la luz de una serie de nuevos paradigmas para regresar con un encuadre diferente. Hay que cambiar enfoques y creencias, entender la pérdida y la muerte de una manera distinta de como la hemos manejado hasta ahora.

(Margarita Blanco, psicoterapeuta).

“El tamaño de tu dolor es del tamaño de tu apego”.

Sabiduría Tibetana

¡Si tan sólo nos dijeran la verdad!

Como dice Brené Brown  los padres deberían tomar a sus hijos recién nacidos en sus brazos y decirles algo como:

¿Sabes? Eres imperfecto, naciste para luchar, pero eres digno de amor y pertenencia”.

Esta investigadora asegura que, si tan sólo una generación de padres hiciera esto, todo cambiaría para bien y seríamos una humanidad diferente:  más realista y, a la vez, más feliz, menos frustrados e infelices, pues no nos sentiríamos obligados a demostrar nada para ganarnos la pertenencia y el cariño de los demás.

Recuerdo una ocasión que acudí a que me tomaran una muestra de sangre y escuché llorar a un niño en  el cubículo contiguo al que también le iban a sacar sangre. La madre insistía en decirle que no dolía lo que le estaban haciendo y el niño le respondía con determinación: “¡Sí me duele!”, la madre le rebatía: “Bueno, pero no duele mucho” y el niño, con valor, le respondía: “Si, sí duele y duele mucho”.

¿Qué impedía a esta mamá hablarle a su hijo con la verdad? Seguramente el bien aprendido rechazo por el dolor y lo desagradable del que hemos estado hablando.

Si esta mamá, como muchos otros padres, no lo acepta en su vida, le transmite el mismo sentimiento a su hijo pequeño, pero, en esta ocasión, el niño se defendía con valor y se negaba a aceptar dicha mentira, ¿sería capaz de mantenerse firme y de seguir creyendo en sus percepciones más que en las ideas y mandatos de otros?  No podemos estar tan seguro de ello, pues la influencia social en este sentido es demasiado grande para resistirse de por vida.

El valor de lo malo, la ganancia de lo doloroso

terapia_gestalt_aprender_del_dolorRetomando la razón por la cual hago hoy toda esta exposición, es decir, el reconocimiento de mi apego por la salud y el rechazo a la vulnerabilidad, la incertidumbre y la enfermedad, vuelvo a tomar consciencia de lo importantes que son todas las experiencias que enfrentamos en la vida, tanto las agradables como las desagradables.

Los seres humanos, -a diferencia de los demás seres vivos que se limitan a existir -, somos los únicos que  clasificamos lo que vivimos como bueno o malo, correcto o incorrecto -muchos pacientes se cuestionan constantemente si lo que sienten o hacen es correcto o incorrecto-.

Pero, lo cierto, es que todas ellas son parte de la vida y más nos convendría aceptarlas como son, sin pelearnos, sin juzgarlas o clasificarlas y, sobre todo,  sin tratar de evadirlas, enfrentándolas como lo que son, diferentes facetas de la vida misma.

Si podemos aprender de las cosas buenas, con mucho más razón podemos aprender del dolor, de las malas experiencias como la enfermedad, de la soledad, el fracaso, las pérdidas y las separaciones,  todas ellas nos ayuda a reconocer que estamos vivos, que somos seres humanos vulnerables y finitos, que  hay cosas que hacemos bien y lo que, lo que no, lo podemos mejorar hacia el futuro y que, con todo ello, si nos abrimos y lo reconocemos como parte fundamental de nuestra experiencia de estar vivos, podemos crecer, fortalecerse, madurar.

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Una experiencia dolorosa que me hizo tocar profundamente mi ser vulnerable

Lo anterior lo he aprendido en mi propia experiencia de vida, de mis seres cercanos y de mis pacientes.

Me conmueve y me emociona cuando, después de un largo y doloroso trayecto al que se enfrentan, las personas que se mantienen firmes en su proceso terapéutico, después de enfrentarse a las profundidades de sus infiernos y a sus demonios y de apoyarlos al momento de enfrentar sus experiencias de pérdida, enfermedad, desesperanza, fracaso, tristeza, ansiedad, confusión, incertidumbre, rabia o impotencia, poco a poco, logran encontrar el coraje para trascenderlo y su visión interior empieza a aclararse hasta lograr visualizar el lugar hacia donde quieren dirigirse, después de haber soltado el dolor de lo vivido , con una nueva consciencia y reconociéndose como seres humanos más fuertes.

Una vez que encontramos de nuevo el camino y el sentido, es más factible que podamos encontrar lo que realmente necesitamos, lo que nos puede generar mayor serenidad y satisfacción.

terapia_gestalt_superar_el_dolor_y_salir_fortalecidosComo lo ha demostrado la psicología de la resiliencia, si no  tuviéramos el valor de enfrentarnos a nuestros infiernos y demonios, a nuestros miedos, dolores y traumas, si tan sólo nos quedáramos, como hacen algunos, en la lamentación, la queja, el resentimiento, no tendríamos jamás la posibilidad de hallar el verdadero sentido de nuestra existencia, pero es gracias a nuestra determinación de enfrentar el dolor, el desagrado y la vulnerabilidad, que podemos abrirnos también al amor, la alegría y la felicidad.

Es nuestro coraje, de, a pesar de reconocer que somos seres imperfectos y vulnerables, tenemos la capacidad de abrazar la vida integra. Eso es lo que nos permite desarrollarnos y convertirnos en seres reales, fuertes, más conscientes y plenos, capaces de disfrutar de una existencia feliz.

terapia_gestalt_síSeguir aprendiendo, seguir aceptando 

Aunque, como a mí me pasó de nuevo, que volví al viejo hábito de querer evadir la realidad del dolor y la enfermedad, y, en otras ocasiones hago lo mismo con la seguridad económica, laboral o emocional, o con la soledad, la frustración y el fracaso, debemos siempre retomar el camino y recordar que la vida no es sólo placer, también es dolor; no sólo es alegría, también es tristeza; no sólo es compañía, también es soledad; no sólo es éxito, también es fracaso; no sólo es aceptación, también es rechazo; no sólo es justicia, también injusticia; no sólo es salud, es también enfermedad; no sólo es amor, también es desamor; no sólo es juventud, también es vejez; no sólo es belleza, también es fealdad; no sólo salud, también enfermedad; no sólo es seguridad, también es inseguridad; no sólo es control, también es no-control.

Así es, la vida es todo, blanco y negro; día y noche; femenino y masculino; Yin y Yang. Si no fuera así, no sería vida, no podría existir una cosa sin su opuesto, es nuestra mente la que genera la dualidad, porque, en realidad, somos la unidad, somos el todo y todos somos uno.

¿Por qué será que, tan a menudo lo olvidamos y entramos en el pánico y el horror? No es el el dolor y la muerte los que hacen difícil la vida, como dice Epícteto, es el nuestro miedo al dolor  la muerte lo que nos vuelve, a fin de cuentas, aún más vulnerables de lo que, como humanos, somos.

terapia_gestalt_síLa próxima vez que te enfrentes a una experiencia de vida, no pierdas el tiempo en calificarla como buena o mala, correcta o incorrecta, agradable o desagradable, simplemente, inhala profundo, deja que entre a tu interior, percibe tus sensaciones, también, sin juzgarlas y exhala.

Con cada inhalación, absorbe lo que te sirve, lo que necesitas, lo que te nutre, y en cada exhalación, suelta todo lo que tengas que soltar, el miedo, la duda, las creencias limitantes.

Más allá de si lo que sientes es agradable o desagradable, doloroso o placentero, lo que debes tener en cuenta es que, si sientes, es porque respiras y si respiras, es porque estás vivo y eso es lo más maravilloso y lo más importante.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Juan Pablo García Álvarez dice:

    Creo que el miedo ante algunas situaciones o el dolor que producen otras nos ayudan a vivir. Sentir cada una de estas experiencias confirma que nuestra realidad está llena de sorpresas, que si bien algunas parecieran superarnos, son precisamente éstas las que nos permiten reconocernos, encontrarnos con uno mismo y a darnos cuenta de lo que somos.
    El dolor ante la pérdida de mi papá y el miedo que sentía durante su estancia en el hospital han servido para forjar un sentimiento en mi que busca honrar su memoria en cada una de las cosas que realice, ser una mejor persona, y al mismo tiempo saber que es parte de la vida. Creo, como bien dices, que honrar la vida es aceptar cada situación que nos pasa de la mejor manera, aprender de esa sensación y sentirla para poder vivir cada momento en su totalidad con el dolor y la felicidad que éstos implican.

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    1. Juan Pablo, me encanta encontrarte por aquí y leer tus palabras. Estoy muy agradecido contigo por darme la oportunidad de acompañarte en este viaje. Sé que has aprendido mucho en terapia y yo contigo. Un fuerte abrazo y seguimos recorriendo juntos este viaje de aprendizaje, doloroso a veces, pero muy constructivo cuando se desea y se está dispuesto a permitir cualquier tipo de sensación, no importa si es agradable o desagradable. Cuídate mucho.

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