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Cuando mamá se adelanta en el viaje: consejos para enfrentar la pérdida

Muchas veces, ante una pérdida, los seres humanos se enfrentan a asuntos inconclusos con la persona que se ha marchado. Estos pueden representar aquellas cosas, positivas o negativas, que no se expresaron en vida, principalmente sentimientos como la culpa, el perdón, el enojo, la tristeza, el agradecimiento o el cariño. La terapia Gestalt ofrece diversas estrategias para poder cerrar dichos asuntos como pueden ser el uso de rituales, la escritura terapéutica, las visualizaciones y, quizás la más importante, la técnica de la silla vacía creada o, por lo menos popularizada, por el padre de la Gestalt Fritz Perls.

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Sexualidad humana y emociones

En el campo de la sexualidad se plasman todas las incongruencias personales y culturales acumuladas a lo largo de la vida. Podemos pasar de la represión sexual más extrema a la exaltación de nuestra sexualidad distorsionando en el trayecto la naturaleza y el fin de ésta. Además de su obvia función reproductora la sexualidad humana es la forma más natural de la expresión de la emocionalidad donde se unen lo corporal y lo emocional. La sexualidad nos ofrece la posibilidad de expresar toda la gama de emociones que podemos sentir los seres humanos, desde la ira hasta la tristeza, el miedo, la vergüenza, la alegría, el amor y éxtasis. Para llegar a esta última emoción, el éxtasis, debe existir un clima de aceptación y afecto, así como una buena comunicación en la relación.

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¿Es necesario salir de la zona de confort?

Con frecuencia, nos refugiarnos en cosas, en personas o situaciones que en principio nos generan seguridad, pero que con el tiempo, terminan por sepultar nuestra fuerza, nuestra confianza o nuestro poder personal.
Ejemplo de ello puede ser refugiarse en una pareja a la que ya no se ama o con quien ya no se es feliz, un trabajo que por mucho que siga brindando un salario y ciertas prestaciones se ha vuelto rutinario, aburrido, poco motivante o creativo; seguir en la casa de los padres cuando ya hace tiempo que se cumplió la edad para salir al mundo a hacer la propia vida y desarrollar los propios recursos, etc.

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¿Qué se oculta detrás de los secretos?

Los secretos familiares pueden ser fuente de problemas psicológicos. En todas las épocas, los seres humanos han buscado acallar aquellos aspectos que causan un intenso dolor o vergüenza. Las adopciones, la orfandad, la enfermedad mental, las violaciones, el incesto, el suicidio, el tráfico de drogas, la infidelidad, el homosexualismo o las muertes violentas, por dar solo algunos ejemplos, son asuntos que muchas familias prefieren mantener ocultas. Pero, lo reconozcamos o no, los secretos generan emociones. Cuando dentro de una familia se niegan los hechos traumáticos, los descendientes pueden sufrir conductas anormales: desde miedos patológicos hasta intentos de suicidio.

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El costo de ser tu peor verdugo

Los diálogos interiores pueden estar cargados de sentimientos de miedo, desconfianza, devaluación, resentimiento, culpa, descalificación, humillación o vergüenza, de maltrato, y de pelea…

El sufrimiento o la salud mental dependerán, en gran parte, del tipo de diálogos internos que generemos. Sentir rechazo de alguna parte de nosotros mismos no es el problema. El problema está en el cómo nos rechazamos. Por ejemplo, después de haber desvelado por descuido el secreto de un amigo delante de otros, no es lo mismo decirte a ti mismo: “Eres un impulsivo insensato, no vas a cambiar nunca, eres odioso. Te quedarás sin amigos”, que decirte: “Cometí un error al hablar así de fulano, le pediré perdón a mi amigo y seré cuidadoso para no hablar tan impulsivamente la próxima vez”.

En el primer caso, el diálogo interno está basado en el desprecio, en la incomprensión y la autoexigencia. En el segundo caso, existe un reconocimiento del propio error, pero también una intención de perdonarse, comprenderse y reparar el daño.

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Aprender a dar y a recibir agradecimientos y reconocimientos

A veces por modestia o por falso pudor o por supuesta educación, nos sentimos incómodos cuando recibimos un cumplido. Como si fuera “algo malo” el que otros nos agradecieran por algo que hemos dado o que hemos hecho por los demás. Por lo tanto, nos sentimos incómodos y tratamos de evadirlo de diferentes maneras: minimizando, rechazando, evadiendo, desviando, desvirtuando.

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