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¿Es necesario salir de la zona de confort?

Con frecuencia, nos refugiarnos en cosas, en personas o situaciones que en principio nos generan seguridad, pero que con el tiempo, terminan por sepultar nuestra fuerza, nuestra confianza o nuestro poder personal.
Ejemplo de ello puede ser refugiarse en una pareja a la que ya no se ama o con quien ya no se es feliz, un trabajo que por mucho que siga brindando un salario y ciertas prestaciones se ha vuelto rutinario, aburrido, poco motivante o creativo; seguir en la casa de los padres cuando ya hace tiempo que se cumplió la edad para salir al mundo a hacer la propia vida y desarrollar los propios recursos, etc.

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El embaucador agresivo: la cara opuesta de la asertividad

A diferencia de la agresión física, la agresividad psicológica no siempre es fácil de identificar, sobre todo cuando se esconde detrás de una máscara de cortesía, llegando a parecer socialmente aceptable.
Gestalt Sin FronterasHay que ser muy observador para poder reconocer la intención del agresivo detrás de frases aparentemente amables y agradecidas como: “Qué buen amigo eres al prestarme tu carro siempre que lo necesito, lamento que a veces tú tengas que andar a pie”. “Eres una santa al encargarte de todo sin exigir nada a cambio”. “Me siento tan feliz con alguien como tú, capaz de sacrificarse tanto por amor.” Estas son las frases de un agresivo embaucador y no demuestran amor, ni consideración, ni equidad, todo lo contrario, lo que muestran es como la persona embaucadora es lo suficientemente inteligente para pasar por encima de los demás y todavía pretender que le den las gracias al aparentar ser muy agradecido.

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El hombre de las cien máscaras

La sombra es algo que se construye desde muy temprana edad. Cuando niños, si detectamos que hay conductas, emociones, sentimientos o cualidades personales que son rechazadas por nuestros padres o demás seres queridos, las negamos o las reprimimos y tratamos de ser y de actuar como suponemos que ellos desean que seamos o que actuemos. De esa manera, creemos asegurar su cariño y su permanencia en nuestra vida. Sin embargo, el precio que pagamos por ello, es la traición a nuestra verdadera manera de ser y de sentir y por lo tanto, nos negamos la posibilidad del amor y de la felicidad auténticas.

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Fantasías catastróficas y ensayos mentales

Por mucho que tratemos de plantear diversos escenarios posibles, es sencillamente imposible que los imaginemos a todos ellos. No sé cómo voy a reaccionar si la persona está seria o si está de buenas, si tiene prisa o si está tranquilo y mucho menos me puedo meter en su cabeza para conocer sus pensamientos. ¿Para qué entonces me van a servir tantas suposiciones si ninguna de ellas me consta que sea la realidad?

No podemos dar nada por hecho. No tenemos bolas de cristal, ni leemos la mente y, seguramente tampoco somos muy hábiles para hacer una “auto lectura” de nuestra mano para adivinar lo que va a ocurrir en cada situación. En conclusión hacer ensayos mentales es una pérdida de tiempo y, si nos convencemos de ello, debemos dejar de estarle haciendo caso a los pensamientos sobre el futuro y dejar de sufrir y estar ansiosos para aprender a confiar.

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Aprender a dar y a recibir agradecimientos y reconocimientos

A veces por modestia o por falso pudor o por supuesta educación, nos sentimos incómodos cuando recibimos un cumplido. Como si fuera “algo malo” el que otros nos agradecieran por algo que hemos dado o que hemos hecho por los demás. Por lo tanto, nos sentimos incómodos y tratamos de evadirlo de diferentes maneras: minimizando, rechazando, evadiendo, desviando, desvirtuando.

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El ángel sobreprotector

Sobreproteger no es amar, es dañar y subestimar

Aquellos individuos que recibieron todo en su infancia, sin tener que esforzarse o esforzándose muy poco, se convierten, de adultos en las víctimas eternas que sólo saben quejarse y reclaman constantemente cuando no reciben todo lo que quieren sin hacer nada para ello más que manipular.
Esas personas fueron condicionadas por sus padres a que todo lo merecían con tan sólo extender su mano. Y como aprendieron eso en su familia, creen que todos los demás tienen la misma obligación de cuidarlos y cubrir todas sus necesidades.
Son individuos que, muchas veces, se sienten incapaces de esforzarse, de realizar un trabajo digno, o de tratar para lograr hasta las cosas más sencillas, tratan de obtener todo sin esfuerzo, pues, en el fondo, tienen miedo de no ser capaces de lograr obtener algo a partir de sí mismos y esto, en el fondo, les genera una sensación de inferioridad ante los demás.

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La seguridad en la pareja favorece la salud integral

Por mucho que en la actualidad se juzgue la dependencia a otra persona como algo poco sano, la realidad es que el ser humano necesita del apego a una figura de seguridad desde que nace, hasta que muere. Por eso necesitamos encontrar a una persona emocionalmente accesible, que esté dispuesta a estar ahí, para nosotros, para apoyarnos y para brindarnos seguridad. Cuando la encontramos, nos sentimos menos tensos, menos ansiosos y tenemos más posibilidades de encontrar la felicidad plena. Por el contrario, cuando no tenemos la respuesta de seguridad que buscamos, podemos vernos afectados en mayor o menos medida, en nuestra salud física, emocional y espiritualmente.

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Cómo enfrentar el miedo de defraudar a otros

Si queremos librarnos del dolor en el contacto, debemos ir con la mente y el corazón desnudos al encuentro con el otro, sin expectativas de cumplir lo que imaginamos que el otro está esperando de nosotros. Ir hacia el contacto con el otro, sin esperar que ocurra nada en específico o premeditado y, a la vez, abierto a que ocurra cualquier cosa que surja DE MANERA NATURAL Y ESPONTÁNEA del contacto entre los dos.
Ir con la confianza de que, lo que ocurra, será enriquecedor y nutritivo para ambos, que será, en definitiva, lo mejor que se pueda dar a través de nuestro encuentro libre de ataduras preconcebidas.

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