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El fracaso es la semilla del éxito y el éxito, la semilla del fracaso.

El éxito y el fracaso son en realidad, dos caras de una misma moneda en un proceso dinámico e infinito. Son lo mismo y no pueden existir el uno sin el otro pues actúan en un constante proceso dinámico donde SIEMPRE uno viene seguido del otro. Por lo tanto, si te niegas a aceptar el fracaso, despídete también del éxito. Si te interesa realmente el éxito, acepta entonces la necesidad de fracasar sabiendo que en cada fracaso está la posibilidad o el germen del éxito.

Mientras más relajados estemos y más aceptemos las muchas posibilidades de equivocarnos que tenemos – por nuestra causa o, muchas veces, por causas externas -, paradójicamente, más existirá la posibilidad que, con esta actitud, nos equivoquemos menos. Pero cuando a la persona la domina el miedo a equivocarse, a fallar o a fracasar porque piensa que eso le atraerá el rechazo, el juicio, la burla o la decepción de otros, más estresado actuará y más posibilidades tendrá de equivocarse más rápido y de forma más dramática o dolorosa lastimando, además, su amor propio o valía personal.
En este artículo leerás también, algunos buenos consejos de cómo enfrentarte al fracaso para obtener de él, buenas semillas para le éxito en tus proyectos y en tu vida. Después de todo, no deseamos tanto el triunfo como ser felices.

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La verdadera motivación nace del interior

Si quieres alcanzar algo, el paso más difícil es el primero, pero si logras vencer las resistencias para dar ese primer paso y te concentras no en las dificultades ni en las cosas a las que debes renunciar, sino en la meta que quieres alcanzar y en los beneficios que obtendrás al lograrla, estarás del otro lado y todo será, cada vez, más sencillo.
A medida que avances te sentirás más optimista, seguro, contento y confiado. Atrévete a dar ese primer paso. Si no puedes hacerlo solo, pide apoyo. Eso te facilitará las cosas y, poco a poco, te irás sintiendo cada vez más motivado.
¿Qué es la motivación?
Motivación viene de motivar, que a su vez deriva de “mover”. La motivación es aquella fuerza interior que nos mueve y nos permite cambiar, es lo que nos hace emprender una acción. La motivación genera movimiento, es una incitación interna a la acción, un deseo de hacer algo, no sólo de decirlo.
Los dos principales desencadenantes de la motivación son: Escapar del dolor; alcanzar el placer…

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Honra tu vida viviendo plenamente, tanto el placer como el dolor

Como dice Brené Brown los padres deberían tomar a sus hijos recién nacidos en sus brazos y decirles algo como:

“¿Sabes? Eres imperfecto, naciste para luchar, pero eres digno de amor y pertenencia”.

Esta investigadora asegura que, si tan sólo una generación de padres hiciera esto, todo cambiaría para bien y seríamos una humanidad diferente: más realista y, a la vez, más feliz, menos frustrados e infelices, pues no nos sentiríamos obligados a demostrar nada para ganarnos la pertenencia y el cariño de los demás.
Los seres humanos, -a diferencia de los demás seres vivos que se limitan a existir -, somos los únicos que clasificamos lo que vivimos como bueno o malo, correcto o incorrecto -muchos pacientes se cuestionan constantemente si lo que sienten o hacen es correcto o incorrecto-.

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Sentir intensamente las emociones y dejarlas marchar.

Desapego no significa evitar que la experiencia penetre dentro de uno, al contrario, debemos permitir que nos afecte plenamente, si hacemos eso, entonces seremos capaces de dejarla partir. Si nos sumergimos en nuestras emociones y nos dejamos bañar por ellas hasta el final, sin dejar que nuestros pensamientos interfieran, las experimentaremos de manera total, plena y completa. Podremos saber realmente, lo que es el amor y lo que es el dolor, o la pérdida de un ser amado y podremos decir que reconocemos y aceptamos dicha emoción, que está bien sentirla, sin pelearnos con ella. Una vez sentida, podemos agradecerle su enseñanza o su mensaje y despedirnos de ella.

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EL ARTISTA: aprender de las caídas

El Artista es un film que se puede plantear desde diferentes ángulos dentro de un análisis psicoterapéutico como pueden ser el no saber enfrentar los cambios, el fracaso después de haber conocido la fama y el miedo de reconocerse internamente más allá de las máscaras y los roles.

También se puede explorar el relacionado con el destino o la rueda de la fortuna, en aquellas ocasiones en las que la vida nos pone en la cima y, de un momento a otro, nos deja caer estrepitosamente.

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Los celos: ¿una emoción normal o patológica?

Los celos, cuando llegan a ser patológicos, se presentan más frecuentemente en la relación con la pareja. El celoso siente celos de su compañero o compañera y tiene celos del rival o rivales (real o imaginario), que pone en riesgo la relación.

Sin embargo, es importante insistir en que los celos tienen un valor adaptativo. Sentir celos no es sinónimo de trastorno o patología. Al igual que las demás emociones, son inherentes al ser humano, por lo que no se pueden eliminar, sería tan absurdo como pretender eliminar el miedo, la tristeza, el amor, el enojo lo la alegría.

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El lenguaje de las posibilidades

Las palabras crean fronteras, limitan la percepción y la consciencia de las cosas y restan posibilidades. Nadie podrá alcanzar sus metas en su totalidad si parte de estas palabras limitativas. Al decir “no soy capaz”, “no tiene caso”, “para qué lo intento si sé que no lo voy a alcanzar”, se crean en la mente barreras que inhiben las posibilidades y las oportunidades, ya que nuestra mente, trabaja con las palabras y frases que nosotros mismos construimos en todo momento.

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