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El estrés: riesgos y beneficios

Los hombres y las mujeres no se benefician de las mismas personas ante las situaciones de estrés. A los hombres les disminuye el estrés si están con sus parejas ante alguna prueba o desafío y se sienten con más estrés frente a sus amigos; las mujeres, por el contrario, se sienten con menos estrés si están con sus parejas y prefieren el apoyo de sus amigas. Lo dicho en otras ocasiones, no somos iguales, debemos aprender a vivir en la diferencia y enriquecernos a través de ella, también, en los momentos de estrés.

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Los introyectos o creencias que pueden arruinar tu vida

Un niño acepta las ideas y las creencias de esta forma porque vienen de las personas que ama y en quien confía incondicionalmente como si se tratara de verdades sagradas. Pero esto muchas veces no es así, al contrario, esas ideas puede que no le sean siempre útiles o que contribuyan a hacerlo feliz aunque la intención de los adultos que se las inculcaron haya sido buena.

Peor aún, con demasiada frecuencia esas creencias son la causa y razón de su infelicidad y ni siquiera se le ocurre confrontarlas aunque la persona tenga ya 50 años o más, sigue aceptándolas como cuando era niño eludiendo su responsabilidad de adulto y transmitiéndolas a sus propios hijos y estos a los suyos, hasta el infinito.

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La verdadera felicidad no cae del cielo, se construye.

Las personas resentidas, enojadas, frustradas y que no quieren crecer ni tomar la responsabilidad de su propia vida, se preguntan todo el tiempo cosas como: ¿por qué no tengo el puesto que me merezco?; ¿por qué no gano lo suficiente?; ¿por qué no encuentro al amor de mi vida?; ¿Por qué mi marido es tan insensible o mi mujer tan egoísta?; ¿por qué no logro sentirme bien conmigo mismo ni con los demás?; ¿Por qué la vida es tan miserable…? Efectivamente, la gente que quiere realmente salir adelante y ser feliz, se pregunta algo como eso o algo similar: ¿Cómo puedo sacar ventaja de este fracaso, de esta pérdida, de esta desilusión? ¿Qué lección me deja este tropiezo en mi vida?.
Lo cierto es que existen personas que, con muchos menos recursos que otros, salen adelante sin estarse preguntando por qué son pobres; por qué padecen enfermedades; por qué pierden a sus seres queridos; Por qué se tienen que enfrentar en soledad a la vida o por qué les faltan dos brazos o dos piernas.

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Honra tu vida viviendo plenamente, tanto el placer como el dolor

Como dice Brené Brown los padres deberían tomar a sus hijos recién nacidos en sus brazos y decirles algo como:

“¿Sabes? Eres imperfecto, naciste para luchar, pero eres digno de amor y pertenencia”.

Esta investigadora asegura que, si tan sólo una generación de padres hiciera esto, todo cambiaría para bien y seríamos una humanidad diferente: más realista y, a la vez, más feliz, menos frustrados e infelices, pues no nos sentiríamos obligados a demostrar nada para ganarnos la pertenencia y el cariño de los demás.
Los seres humanos, -a diferencia de los demás seres vivos que se limitan a existir -, somos los únicos que clasificamos lo que vivimos como bueno o malo, correcto o incorrecto -muchos pacientes se cuestionan constantemente si lo que sienten o hacen es correcto o incorrecto-.

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Los riesgos de ser perfeccionista

En nuestra sociedad, el ser perfeccionista es visto como una cualidad, algo que todos deberíamos pretender ser si de verdad queremos alcanzar el éxito. Sin embargo, la realidad es muy distinta, como seres humanos, no somos perfectos ni podemos alcanzar la perfección en todo lo que hacemos. Siempre cometeremos errores y, si no somos capaces de aceptarlos maduramente, aprender de ellos, utilizarlos como oportunidad, y, en vez de ello, nos juzgamos, nos criticamos, nos regañamos y nos presionamos constantemente para evitar volver a equivocarnos, estamos lastimando nuestro ser de manera integral, es decir, a nivel físico, emocional, social, espiritual.
No se trata de ser demasiado auto complaciente, poco comprometido, responsable o indisciplinado. Lo que debemos hacer es ser realistas, tolerantes, comprensivos, amables con nosotros mismos. Qué bueno que intentemos hacer las cosas bien, incluso, lo mejor que podamos, pero, si en alguna ocasión no tenemos toda la energía o los recursos para lograrlos o si llegamos, en ocasiones, a equivocarnos y a tener errores, de nada sirve maltratarnos. Lo mejor es aprender de ello para hacerlo mejor en subsiguientes ocasiones.
No olvidemos que somos seres en proceso, que nos estamos construyendo y creando día con día. Nuestro aprendizaje se da en la experiencia cotidiana, a base de prueba y error, no sólo a partir de los aciertos sino también de los fracasos. Ya lo han dicho de muchas maneras los hombres de mayor éxito en la historia en base a su propia experiencia personal.

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¿Son las experiencias de vida, producto de la buena o mala suerte?

Calificar las experiencias de la vida como buenas o malas, o como producto de la buena suerte o de la mala suerte, es una manera simplista y limitativa de ver las cosas. En realidad, no existen experiencias buenas o malas, absolutamente todas nuestras vivencias, por placenteras o dolorosas que sean, nos ofrecen posibilidades para crecer, para tomar consciencia de todo lo que tenemos, de nuestros recursos y de nuestras riquezas. La clave está, en el fondo, en saber encontrar el sentido de dichas experiencias, de tal manera que nos abran las puertas y nos ayuden a trascender tal y como lo promueve la resiliencia. Un ser resiliente, es aquel que no sólo trasciende el dolor, sino que crece a través de él y se fortalece convirtiéndose en una persona más sabia, plena y feliz.

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