¿Son las experiencias de vida, producto de la buena o mala suerte?

¿Crees en la suerte? ¿Mides las experiencias de la vida como producto de la buena o de la mala suerte? ¿Existen realmente experiencias que sean mejor que o todas pueden ser una posibilidad para el desarrollo?

Antes de leer este artículo, te sugiero que respondas esta pequeña encuesta:

Es muy probable que no  haya nada en la vida absolutamente bueno ni absolutamente malo. Cualquier cosa que experimentemos, por placentera o dolorosa que sea, tiene muchas fascetas que no somos capaces de reconocer, pero que, sin embargo, existen y, tal vez, algún día podamos llegar a ser conscientes de ellas… o tal vez no.

terapia gestalt

¿Ganancias frente a la pérdida de un ser querido?

Hablé de esto con una paciente que acababa de enfrentar la muerte de su madre. Ella se resistía a pensar que la pérdida de la mujer que más quería en la vida, pudiera traer nada bueno, y mientras yo más insistía en que tratara de ver como, a partir del fallecimiento de su madre, ella era capaz de enfrentar el dolor y ver la vida como algo más valioso al contrastarlo con la muerte, más se negaba ella a aceptarlo y más se lamentaba por la muerte de su madre.

Entonces pensé que tal vez le serviría escuchar una historia que nos enseña a  comprender como nada en la vida puede ser visto como completamente   positivo o negativo,  en esencia, siempre están ambas caras de la moneda.

La narración que compartí con la joven es de origen chino, y es quizá, una de las fábulas tradicionales que más me ayudan a comprender la complejidad de la existencia humana.

La historia es anónima, se titula:

 “¿Buena suerte, mala suerte, quién lo sabe?

fábula del campesino y el caballo
¿Buena suerte?

Un hombre muy pobre y de un país lejano, ahorro por años para comprar un caballo que le ayudara a trabajar la tierra. El día que por fin logró alcanzar su sueño y llegó a su granja con un hermoso caballo, sus vecinos fueron hasta su casa a felicitarlo:

Vecino – le dijeron – ¡Qué buena suerte! Por fin lograste comprar el caballo que tanto deseabas.

El campesino los miró y serenamente les  contestó:

¿Buena suerte? ¿mala suerte? ¿quién lo sabe?

Los vecinos se miraron entre sí, extrañados por la respuesta del hombre, y se marcharon con expresión confundida.

Al día siguiente se corrió la noticia por todos lados, de que el caballo recién comprado, se había escapado, y su dueño, no había logrado encontrarlo por ningún lado. Consternados, fueron a su casa a expresarle su solidaridad.

Querido vecino, ¡que mala suerte!, ya nos hemos enterado de que tu caballo escapo. ¡Lo sentimos mucho!

El hombre, con la misma expresión que la primera vez, los miro y les dijo:

¿Mala suerte? ¿buena suerte? ¿quién lo sabe?

Todos los presentes, nuevamente se miraban confundidos, ¿cómo podía negar que la pérdida de su caballo fuera un asunto de mala suerte?  Pero, no queriendo discutir con él, se retiraron a sus casas.

No habían pasado más de dos semanas, cuando, un día, antes del amanecer,  los habitantes del pueblo observaron que

la leyenda del campesino y los caballos
¿Mala suerte?

el caballo que había escapado,  regresaba a la comunidad, seguido por una manada de caballos salvajes, y todos se dirigían a la caballeriza de su vecino. Alegres, todos los habitantes regresaron a su casa para felicitarlo:

-Esta vez no puedes decir que no eres un hombre afortunado, no sólo recuperaste a tu caballo, sino que ahora tienes diez más. ¡Eso sí que es buena suerte!

Como todas las veces anteriores, el hombre miró a sus vecinos, y, sin inmutarse les contestó:

 – ¿Buena suerte, mala suerte, quién sabe?

No es difícil adivinar la reacción de la gente que, al escucharlo,  volvieron a alejarse de ahí sin entender como el viejo hombre podía hablar de esa manera.

buena suerte, mala suerte
¿buena suerte, mala suerte, quién sabe?

Poco tiempo después, el hijo del campesino, que era muy inquieto,  se montó a uno de los caballos salvajes, con la intención de domarlo y éste, sin más, lo lanzó por lo aires. Al caer, el joven dio un grito de dolor cogiéndose la pierna que se le había roto al golpear con el suelo.

Los vecinos llegaron de nuevo hasta la casa del padre del imprudente joven y lamentaron el accidente del muchacho. Esta vez, el hombre no podría negar que lo ocurrido era producto de la mala suerte, pero de nuevo, se quedaron con los ojos abiertos cuando el padre del chico les contestó:

-¿Mala suerte, buena suerte, quién lo sabe?

Un mes más tarde, el hijo del campesino continuaba con la pierna entablillada, sin poderla mover, cuando se presentaron en el pueblo unos hombres, representantes del gobierno, visitando casa por casa, para reclutar a todos los jóvenes que hubieran cumplido 18 años y mandarlos a la guerra.

Justo ese mismo día, era el muchacho cumplía la mayoría de edad, pero, cuando los hombres vieron al joven convaleciente, se dieron cuenta de que no lo podían reclutar y se marcharon exentándolo de ir a la guerra.

Los vecinos, al enterarse de la noticia, ya no fueron a hablar con su vecino, cada uno, en su casa, se hizo la misma pregunta que habían escuchado una y otra vez,  ante lo ocurrido con el joven:

-¿Buena suerte, mala suerte, quién sabe?

Los pobladores del lugar habían comprendido que no había ninguna razón para  asegurar que algo era absolutamente bueno o absolutamente malo, por muy evidente que padeciera una cosa o la otra, siempre podían llevarse una sorpresa .

Cuestión de sincronía

Terminé de contar la historia a mi paciente justo al final de la sesión. Ella se quedó reflexionando sobre la historia que acababa de escucharsincronización. Yo, por mi parte, no tenía idea de que, tan sólo unos minutos después, tendría que aplicar, en carne propia, la lección que había querido transmitir a mi paciente.

Salí a despedirla y, se acababa de marchar, cuando el tobillo se me dobló y yo caí al suelo con un dolor terrible. No me pude levantar  y tuve que gritar pidiendo ayuda. Después, fui llevado a un hospital donde pase varias horas en la sala de urgencias donde me pusieron una férula para  inmovilizar mi pie, justo como al joven de la historia que había contado aquella tarde a mi paciente.

Lo más paradójico de todo, es que yo, al día siguiente, tenía que ser internado en otro hospital en otra ciudad, para ser intervenido por un tumor que tenía en la cabeza y esto, por lo menos en apariencia,  hacía más difícil mi situación. ¿Era acaso cuestión de mala suerte?  Todo hacía parecer que sí, pero quizá sólo era una forma de mi organismo de prepararme para estar lo más tranquilo posible al enfrentar la siguiente prueba que la vida me tenía preparada.

resiliencia
Una experiencia de resiliencia

Una experiencia dolorosa

La resiliencia es la ciencia de la psicología que nos habla de la capacidad de un ser humano no sólo para trascender el dolor, sino también, para crecer a través de éste, y una de las características de la personalidad resiliente, es la capacidad de encontrar un sentido a las situaciones traumáticas.

La primera vez que apareció el tumor que mencioné antes, fue hace cuatro años y medio, y me sometieron a una cirugía craneal para extraerlo. En esta segunda ocasión, el tratamiento fue diferente, pues se realizó por medio de una radio cirugía denominada Gama Knife.

En esta segunda intervención pensé que, por no ser una cirugía craneal, las cosas serían menos dolorosas, sin embargo, no fue tan sencillo como pensaba y me enfrenté a un proceso de más de 8 horas, con una estructura metálica, literalmente, atornillada en la frente y en la nuca, que me generaba un dolor insoportable a pesar de la anestesia, y yo me decía internamente –¿mala suerte, buena suerte, quién sabe?-

Gama Knife
Trascender el dolor y crecer a través de la experiencia

Dicha estructura fijada en mi cabeza, fue “ensamblada”, a la vez, en otra estructura dentro de la plancha, donde me introdujeron, para suministrarme los rayos Gama directo en el lugar donde se encontraba el tumor, es decir, el área de la hipófisis.

tratamiento para el tumor hipofisiario por rayos Gama Knife
más de 4 horas dentro de la cápsula

El proceso fue sumamente doloroso, casi insoportable, mi organismo tuvo que desconectarse de alguna manera, para poder soportar el estrés y el dolor físico, pues todo el tiempo estuve consciente del proceso que los médicos estaban ejecutando.

En ambas ocasiones, tanto en la cirugía craneal como en esta de rayos Gama, enfrenté mucha vulnerabilidad, con sentimientos de miedo, tristeza, enojo, impotencia y me decía: -¡Qué mala suerte tener que enfrentarme al horror de una cirugía en mi cabeza! – Pero más tarde, pude encontrar un sentido positivo para tanto dolor. Reconocer, que, por principio, esto me recordaba mi vulnerabilidad como ser humano y la necesidad de confiar y tener fe, tanto en los médicos, como en algo superior, para poder enfrentar lo que me estaba pasando y recuperar la salud.

Pero, ¿cómo, ante circunstancias como éstas, se puede encontrar un sentido que nos ayude sobrevivir la experiencia dolorosa o traumática que la vida nos pone en frente como prueba?

Cada uno es responsable de encontrar el sentido de las experiencias dolorosas

 Encontrar el sentido de las experiencias dolorosas

Una forma en la que podemos encontrar un sentido a nuestras experiencias, sin importar si son agradables o no, es reflexionando sobre si éstas nos ayudan a:

  1. Ser más auténticos, conocernos mejor.

  2. Vencer los miedos que nos paralizan.

  3. Aprender a perdonar.

  4. Encontrar el poder que hay en el interior.

  5.  Reconocer el amor que hay dentro y fuera de ti.

  6. Fortalecerte interior o exteriormente.

  7. Reconocer las cosas buenas de la vida.

  8. Ser una mejor persona.

  9. Reconocer al mundo como tu hogar.

resiliencia
La oportunidad de fortalecerse

 Lo que yo he vivido me ayuda a ser más honesto para reconocer tanto mi vulnerabilidad como mi fortaleza al enfrentar el miedo y el dolor, tanto físico como emocional.

También creo ser más consciente de mi poder interior y del amor que siento por las personas, así como el amor que los otros me brindan ante un estado de, prácticamente, completa indefención.

Estar en una situación límite de salud como ésta, me ayuda a darme cuenta de lo maravilloso que es estar sano y de que  no podría ser tan consciente de lo afortunado de contar con una buena  salud si no me hubiera enfrentado a una situación tan traumática como esta.

Así mismo, creo que ahora soy más valiente, pues reconozco mi capacidad para enfrentarme a

apoyo incondicional
reconocer el amor de los demás

cosas muy duras y dolorosas y salir victorioso.

Podría decir, incluso, que he aprendido a perdonarme por no ser siempre el fuerte o el valiente que apoye a los demás y aceptar, que también necesito de los otros para poder enfrentar las situaciones difíciles de mi vida.

Es, en conclusión, una experiencia que me da la oportunidad de reconocerme a mí mismo de manera más clara, con mis debilidades y fortalezas y que, al mismo tiempo, me da la posibilidad de convertirme mejor ser humano,  con más capacidad, después de haber vivido lo que viví, para comprender y apoyar a otros que se enfrenten a situaciones difíciles como ésta.

Como podemos ver, no es en definitiva, un asunto de buena o mala suerte. Las cosas agradables o dolorosas de la vida nos ocurren a todos por igual y la única diferencia es el sentido que cada uno elija darles.

Si les damos un sentido negativo, nos convertiremos en víctimas, incapaces de responsabilizarnos y arriesgarnos, para enfrentar la vida; por el contrario, si podemos encontrar la manera de darles un sentido positivo, podemos convertirnos en personas capaces de responsabilizarnos, de aprender y de crecer, saliendo fortalecidos de las experiencias que nos ha tocado enfrentar a lo largo de nuestra vida.

Por último, te invito a que hagas memoria y recuerdes las experiencias dolorosas que te ha tocado enfrentar a lo largo de tu vida. ¿Cuál es el sentido que has elegido darles? ¿Puedes recordar aquellas experiencias en las que hayas podido encontrar un sentido positivo y que te haya ayudado a crecer y convertirte en la persona que hoy eres? Si es así, seguramente eres una personalidad resiliente capaz de transformar el dolor en oportunidad de crecimiento… ¡En hora buena!

Resiliencia: la capacidad de trascender el dolor
Aprender a reconocer el amor y las cosas buenas de la vida
intervención tumor cabeza
Vencer el temor al dolor
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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Elena Cruz dice:

    Luis Fernando Feeeliiciidades. Eres un verdadero guerrero. Gracias por compartir tu experiencia. Me siento inspirada y me motiva a vivir de una mejor forma mi proceso, a mi me hospitalizan el 16 y el 17 de enero me operan.

    Gracias

    Me gusta

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