El hombre de las cien máscaras

La sombra es algo que se construye desde muy temprana edad. Cuando niños, si detectamos que hay conductas, emociones, sentimientos o cualidades personales que son rechazadas por nuestros padres o demás seres queridos, las negamos o las reprimimos y tratamos de ser y de actuar como suponemos que ellos desean que seamos o que actuemos. De esa manera, creemos asegurar su cariño y su permanencia en nuestra vida. Sin embargo, el precio que pagamos por ello, es la traición a nuestra verdadera manera de ser y de sentir y por lo tanto, nos negamos la posibilidad del amor y de la felicidad auténticas.

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Honra tu vida viviendo plenamente, tanto el placer como el dolor

Como dice Brené Brown los padres deberían tomar a sus hijos recién nacidos en sus brazos y decirles algo como:

“¿Sabes? Eres imperfecto, naciste para luchar, pero eres digno de amor y pertenencia”.

Esta investigadora asegura que, si tan sólo una generación de padres hiciera esto, todo cambiaría para bien y seríamos una humanidad diferente: más realista y, a la vez, más feliz, menos frustrados e infelices, pues no nos sentiríamos obligados a demostrar nada para ganarnos la pertenencia y el cariño de los demás.
Los seres humanos, -a diferencia de los demás seres vivos que se limitan a existir -, somos los únicos que clasificamos lo que vivimos como bueno o malo, correcto o incorrecto -muchos pacientes se cuestionan constantemente si lo que sienten o hacen es correcto o incorrecto-.

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Autocompasión Vs. Responsabilización

Cuando logras salir del drama y dejas de quejarte, es cuando en realidad, comienzas a vivir. Y, muchas veces, es la propia vida a partir de experiencias traumáticas, quien te ayuda a encontrar el sentido de tu vida y te empuja de tu rincón donde estás lamiéndote las heridas, obligándote a regresar a la vida real y tomar las riendas de tu propio destino. Mientras más pronto aprendamos a escuchar la voz de la vida, más pronto empezaremos a tener una verdadera existencia, una existencia, que valga la pena vivir.

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Carta al padre de su hija adolescente

Estimado Papá:

La imagen de tu presencia esta siempre detrás de mis ojos; en todos los acontecimientos importantes, en todas las decisiones que he tenido que tomar, en todas mis alegrías y en todos mis anhelos, siempre estás conmigo. Eres el eje que guía mis pasos. Eres la frontera de mis actos, el reglamento que se pregona en casa y que viene a mi memoria en el momento en que más te necesito. Siempre estás conmigo, eres la solución a todo lo que a mí me parece imposible. El modelo que a veces critico por fuera, pero que admiro por dentro; eres el control, que a veces hecho en cara, cuando me siento autosuficiente, pero luego las circunstancias me demuestran que realmente te necesito.

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Creencias lógicas y creencias perturbadoras

Para poder determinar si una creencia es conveniente o no es necesario determinar los costos y los beneficios de ser una persona perfeccionista.

Es probable que la educación que los padres muy exigentes quieren dar a sus hijos, tengan la “buena intención” de hacer que éstos se esfuercen al máximo para alcanzar sus metas y lograr que superen sus limitaciones.

Sin embargo, no son conscientes de que los costos de esa exigencia son muy altos: sentimientos dolorosos por sentirse incapaces o insuficientes, frustración, inseguridad, ansiedad, angustia, desconfianza permanente de sus capacidades y que todo esto, a la larga, afecte gravemente su auto concepto.

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El buen maestro – terapeuta

El buen maestro-terapeuta nunca deja de enseñar, nunca deja de aprender y capacitarse. El buen maestro nunca da por sentado que todo lo sabe o que todo lo entiende; nunca deja de maravillarse. Nunca pierde su inocencia y su capacidad de ser curioso, de dudar de todo, de cuestionar y de indagar acerca de si mismo, de los otros, de la vida. El buen maestro está consciente que todo está en movimiento constante y que todo se transforma permanentemente. El buen maestro no se limita a transmitirle conocimientos a sus alumnos, los enseña a razonar, a ser críticos, responsables, comprometidos y conscientes de la realidad.

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terapia gestalt

Contestar una ofensa, con un halago

Infinidad de veces me ha tocado escuchar a los padres preocupados porque sus hijos sean víctimas de violencia y acoso en la escuela. Pero, como se verá en esta nota, muchas veces son los propios padres quienes, desde la inconsciencia ( o tal vez incluso desde la consciencia), incitan a sus hijos a ser agresivos defendiéndose desde la violencia, con más agresión, lo cuál, desde mi punto de vista, es un gravísimo error. A la agresión y a la violencia hay que responder con inteligencia.

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