Carta al padre de su hija adolescente

Por: Jaz Parra

Estimado Papá:

La imagen de tu presencia esta siempre detrás de mis ojos; en todos los acontecimientos importantes de mi vida, en todas las decisiones que he tenido que tomar, en todas mis alegrías y en todos mis anhelos, siempre estás conmigo.

Eres como el eje que guía mis pasos. Papá, tú eres la frontera de mis actos cuando salgo con mis amigos, eres el reglamento que se pregona en casa y que viene a mi memoria en el momento en que más te necesito.

En ese sentido siempre estás conmigo, pues eres la solución a todo lo que a mí me parece imposible. Eres el modelo que a veces critico por fuera, pero que admiro por dentro; eres como el control que a veces hecho en cara cuando me siento autosuficiente, pero luego las circunstancias me demuestran que realmente te necesito.

Eres el modelo fuerte, cariñoso, sabio, conocedor, solucionador de problemas. Muchas veces te veo serio y adusto, pero otras tantas alegre y risueño, pero siempre con la misma actitud de padre cariñoso y comprensivo.

Eres la voz de mando, paciente y tolerante, pues nunca contradices las opiniones de los demás, sino que dejas que cada quien manifieste su punto de vista sin imponer tus propias ideas.

En eso te complementas muy bien con mi mamá. Eres el padre que conoce siempre los peligros antes que yo, eres quien me alerta, me previene y me pone en guardia.

Eres quien lee en mis ojos lo que a veces quiero ocultar y adivina de mi corazón lo que no quiero mostrar a nadie, y así, me vas enseñando poco a poco a crecer.

Papá, cuando triunfo en algo, te alegras como si fuese un logro tuyo, y con tu ejemplo, no me dejas que me envanezca, comprendiendo siempre que es fruto de mi esfuerzo y en función de ello lo mides, enseñándome que siempre hay que dar gracias por ello.

Cuando fracaso en algo, no me recriminas ni me acusas, al contrario, me orientas para comprender que hice mal, y con tu ejemplo, me muestras el rayito de luz que me permite seguir adelante, por el huequito que ha dejado Dios para que me reconstruya.

No recuerdo que jamás me hayas abandonado a mi suerte pero tampoco quitas todo lo que me rodea en mi radio de acción para que descubra por mi mismo las piedras del camino. No me atas las alas, me enseñas a volar, no me amarras los pies, me enseñas a caminar, no me construyes edificios, me pones los cimientos y me enseñas a usar las herramientas constructivas.

No me educas a la antigua, pero tampoco me dejar huir en lo modernísimo desenfrenado. No me impides divertirme, pero me haces entender los niveles, los muros que llevo dentro para que sea necesario oponerme y defenderme.

Siempre buscas la manera de que nuestras vidas encajen, eres un hombre con cubierta dura, pero con una húmeda ternura que ablanda. Eres ese hombre que parece inflexible, tenaz, inobjetable, pero por dentro llevas incrustado el oro en el corazón y las pinceladas de las ilusiones.

Papá eres como un lazo que está vinculado a mi vida, te quiero mucho y te admiro más, pues la carga que llevas es pesada y nunca te quejas, si no que la llevas como un honor.

Estoy orgulloso de ti y doy gracias por que seas mi PADRE…


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