Contestar una ofensa, con un halago

Hay cosas que sorprenden y te agradan y otras lo contrario. En estos días escuchaba, sin poner al principio mucha atención, a una mamá, jugando con su hija de nueve años, a la que “Santa” le habia regalado una muñeca llamada “Berinaiz”.

Por lo que yo entendí escuchando la plática, la niña-muñeca es muy “creída”, pero tiene ” un defecto”: sus orejas son feas, por lo tanto, tiene una especie de orejeras para cubrirlas y que no se vean (?!).

Durante el juego, la mamá, hacia la voz de “Berinaiz”, y la niña, la de una amiga de “Berinaiz”. La niña le decía a Berinaiz, que tenía unas orejas “muy feas”, Berinaiz (a través de la mamá de la niña), le contestaba, con tono molesto, que ella (la niña) tenía unas ” nachas” y una nariz muy feas.

Luego, en tono ya de “mamá aleccionando a la hija”, le complementaba diciendo que así es como se debe contestar cuando otra persona la molesta.

Entonces yo, metiéndome en la plática entre la madre y su hija, me dirigí a la niña y le dije que también le podía contestar, a alguien que le criticara, algo como:

” Entiendo que a ti no te gustan mis orejas, en cambio a mi, me parecen muy lindos tus ojos”.

La mamá me miró con incredulidad al escucharme, la niña puso una expresión entre sorprendida y confundida, y el papá que también estaba por ahí,  soltó una carcajada a la vez que me decia:

-“Eso suena muy terapéutico” en un tono de sarcasmo y burla. La mamá lo secundo diciéndome: – Eso suena muyterapia gestalt bien en la fantasía, pero  en la realidad, NADIE, haría algo así.-

¿La no agresión es asunto sólo de la fantasía? ¿promover más en lugar de conciliación es fantasía? Yo les pregunté a ambos, que si creían que la única forma de enseñar a su hija, era contestando una agresión con otra agresión, pues en mi opinión me parecía que eso, era seguir promoviendo la violencia.

También les pregunté  si eran conscientes de que estaban fomentando en la menor sentimientos de venganza que, de cierta manera, forman parte de lo que hoy se conoce como bullying.

Los padres se empezaron a defender y a decir que yo estaba exagerando pues ni yo mismo haría algo como lo que le proponía a su hija:  contestar una agresión de otro con un halago.

La niña escuchaba todo, con atención, pero sin quitar la expresión de sorpresa. Entonces su mama se agacho y le dijo algo al oído para que la niña me lo dijera a mí.

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CUIDADO: SOMOS LOS ADULTOS LOS PRIMEROS QUE TENEMOS QUE VER SI NO SOMOS QUIENES GESTAMOS Y PROMOVEMOS LA CONDUCTA AGRESIVA DE LOS NIÑOS.

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La chiquilla se me acercó y me dijo, ahora con un tono provocador como el de sus padres:

-¿A poco tu le darías cien mil pesos al que te robó tu computadora.

-No – le conteste- no le daría eso, pero – Le aclaré – cuando el me contacto por internet para pedirme “mi clave” y poder utilizar la computadora, yo me negué, le expliqué que esa computadora me la habían robado de mi casa y que, si él estaba dispuesto, yo negociaría con él pagándole lo que él hubiera dado por ella.

Como se negó, diciendo que la computadora era “su regalo de navidad” y por tanto, no estaba dispuesto a devolverla, yo ya no quise seguir el juego y le dije que, en ese caso, se la regalaba.

Claro que, en situaciones normales, yo no le regalaría a nadie mi computadora, pues no tengo para comprarme otra igual y es mi herramienta de trabajo, pero, dadas las circunstancias, ¿qué era mejor?  ¿Quedarme toda la vida con ese sentimiento de enojo, frustración, resentimiento e impotencia? ¿o aprovechar la oportunidad que me dio la vida de ponerme delante a la persona que tenía mi computadora y, al no haber negociación, poder decir yo personalmente TE LA REGALO?

Creo que esta segunda opción el poder decirle ” yo te la regalo” me permitió, de alguna manera, recuperar mi poder personal de ser yo el que “decidía” dársela y no el que decidía no devolvérmela. Él, en todo caso, tenía más poder que yo, pues su posibilidad de elección era mayor, yo de todas maneras ya la había perdido, pero el decir “te la regalo” me liberaba y me permitía, por ahora por mí y no por el otro, liberarme de mi pertenencia.

Ante mis argumentos, los papás simplemente sonreían con sarcasmo y escepticismo. Tal vez considerándome demasiado ingenuo o “poco realista”.

La niña también sonreía, como sus padres, pero me dió la impresión, de que, de alguna manera, mis palabras la hacían dudar y, aunque aún me quedaba una sensación de disgusto con  los padres, también me sentía con la esperanza de que la niña, en algún momento y, ante otra situación donde se enfrentara a la burla o a la crítica, considerara como una posibilidad, lo que le estaba  sugerido y que a sus padres les sonaba tan absurdo:

 contestar una ofensa, con un halago

Si temes estar educando a tu hijo en la violencia, porque así lo aprendiste tú, pero te das cuenta del daño que le puedes ocasionar al pequeño y no sabes qué hacer, lo más recomendable, es que solicites la ayuda de un profesional y leas mucho al respecto. La violencia no se enfrenta con más violencia y agresión, la violencia se enfrenta con inteligencia.

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