preocupación o solución

¿Qué es la preocupación y como funciona?

La definición de preocuparse del DLE es: Ocupar antes o anticipadamente de algo. Dicho de algo que ha ocurrido o va a ocurrir: producir intranquilidad, temor, angustia o inquietud.

Ocuparse antes de la acción, antes de que ocurran las cosas, pero también tenemos que con la preocupación sólo lo hacemos a un nivel mental, antes de ir a la acción a través de una conducta concreta, lo que implica ya no quedarse sólo en uno mismo sino el tomar contacto con los otros y con el ambiente, y siempre con incertidumbre, es decir, sin la garantía de saber qué es lo que va a pasar en el futuro.

Con la preocupación sólo realizamos ensayos metales de lo que puede llegar a suceder, con la creencia de que de esa manera tenemos el control sobre las cosas. Lo cierto es que, cuando el evento que nos preocupa ocurre, nunca es como lo imaginamos y nunca podemos tener el control absoluto de los hechos pues, por más alternativas que consideremos de lo que pueda ocurrir, siempre habrá infinidad de cosas que no podamos prever como serán hasta que las experimentemos, nunca antes.

“La preocupación es cualquier cosa que se interponga, a través de los pensamientos, entre mi deseo y yo.”

¿Por qué nos preocupamos?

Si no nos preocupáramos toda nuestra  sociedad, nuestras relaciones, nuestra manera de hacer las cosas, en definitiva nuestra vida sería muy diferente, no podríamos enfrentar ni resolver las dificultades que se presentan a lo largo de nuestra vida. Así de importante es la función de la preocupación para el ser humano.

Preocuparse forma parte del proceso de la resolución de problemas.

¿Para qué nos dotó la naturaleza de la capacidad de preocuparnos?

La preocupación se genera a partir de la evolución de nuestro cerebro, como una adaptación de nuestra especie, para la sobrevivencia. En la prehistoria, el ser humano estaba en desventaja con el resto de los seres vivos, quienes estaban provistos con instinto y con sentidos híper desarrollados, para enfrentarse a los peligros del ambiente hostil: el olfato, oído, vista, tacto y gusto les permitía (y les sigue permitiendo) enfrentarse o protegerse de los peligros al momento preciso de presentarse.

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Los animales salvajes, a diferencia de los seres humanos, tienen herramientas naturales que les permiten enfrentarse a los peligros y cubrir sus necesidades del momento presente, sin necesidad de planear la forma de preverlos por anticipado.

El ser humano, por su parte, no podía ni puede valerse de sus sentidos ni de su instinto al mismo nivel que los animales salvajes y, la forma de compensarlo, fue desarrollando más que cualquier otra especie la zona del cerebro de los lóbulos frontales, lo que le otorga algo que ninguna otra especie del planeta tiene:  la habilidad de saber que existe el futuro y que es capaz de imaginarlo y planearlo, con el fin de protegerse.

Lóbulos frontales: producto del desarrollo de nuestro cerebro para poder prever el futuro, planear y sentirnos protegidos.

¿Y si?

Veamos un ejemplo de cómo funciona la preocupación: Imaginemos un chico está pensando en declararle su amor a una chica. Al principio puede sentirse ilusionado al imaginar en lo feliz que será si ella también siente lo mismo que él, pero más tarde o más temprano empezará el proceso del ¿Y sí…? y empezará a preocuparse al suponer que ella le pueda responder que ella sólo lo quiere como amigo, entones él le dará vueltas para tratar de saber cuál sería en dicho caso la conducta más adecuada por su parte para no mostrarse avergonzado si eso llega a ocurrir; o bien, imaginará los diferentes escenarios de lo que es mejor hacer en caso de que ella le diga que siente lo mismo que él. Estamos planteando sólo algunos de los muchos ¿Y SÍ…? que pueden pasar por la imaginación de dicho joven, por lo que podemos darnos cuenta de que el proceso de estar analizando cada una de dichas posibilidades, tanto si las cosas salen bien como si salen mal, puede irse al infinito y, peor aún, puede resultar muy desmoralizador, al grado que el chico llegue a desistir de correr el riesgo por no ser capaz de encontrar todas las respuestas a tantos ¿Y si…?

¿Y si…?

Lo cierto es que, para conocer la realidad como realmente será, tenemos que esperar que ocurra. La creencia de que se puede llegar a tener todo el control de una situación antes de que suceda es una idea muy equivocada, que nos puede generar más insatisfacción, que bienestar.

Planear el futuro

Pensar en el futuro permite imaginar planes y estrategias, además de sus posibles resultados y consecuencias. El lóbulo prefrontal no sólo “crea” posibles escenas futuras en nuestra mente, sino que también nos ayuda a navegar por ellas buscando nuestros propios objetivos.
Así pues, mientras que otras partes del cerebro están diseñadas para orientarnos hacia los objetivos más a corto plazo, los lóbulos frontales permiten que aspiremos a metas de naturaleza más abstracta, gracias a las cuales somos capaces de cooperar, ya que las cadenas de acciones que llevan a conseguirlas son lo suficientemente largas y complejas como para que en ellas tengan cabida más personas.

Aprender a confiar y a tolerar la incertidumbre.

Lo más conveniente sería permitir que las cosas ocurran como tengan que ocurrir y confiar en que contamos con los recursos para enfrentarnos a ellas sin que sea necesario que tengamos todas las respuestas con antelación ni que sepamos exactamente lo que va a pasar ya que, por principio, eso es materialmente imposible.  

“La ansiedad con miedo y el miedo con ansiedad contribuyen a robarle al ser humano sus cualidades más esenciales. Una de ellas es la reflexión.”

Konrad Lorenz.

¿En qué nos beneficia la preocupación?

La posibilidad de imaginar el futuro conlleva la facultad para: imaginar, planear, prevenir, organizar nuestra vida hacia delante antes de que las cosas pasen.  Por otro lado, lo problemático de esto es que también nos produce la tan temida ansiedad, pues una cosa es suponer lo que pueda pasar y otra cosa es estar seguros de que así suceda. No podemos garantizar que las cosas serán como creemos.  Siempre estamos ante la incertidumbre de lo que realmente va a pasar.

Las preocupaciones forman parte de la vida de toda persona. Preocuparnos es un mecanismo que nos ha ayudado y nos sigue ayudando a desarrollarnos como especie y sin el cual nuestra vida sería bien distinta.

Preocuparse para generar estrategias en dirección a objetivos concretos.

Imagínate que llegas al lugar donde dejaste estacionado tu auto y no lo encuentras, si eso no te preocupa, posiblemente no habrá ninguna motivación que te ayude a buscarlo y a encontrarlo. Otro ejemplo, Imagínate que un día intentas levantarte y no sientes una o ambas piernas, pero, como no tienes la capacidad de preocuparte, probablemente no pensarás en la necesidad de ir al médico para un chequeo y que te ayude a encontrar la manera de solucionarlo.

Preocuparnos significa que los otros nos importan y que muchas otras cosas también son importantes.

Aunque muy probablemente sería muy relajante vivir en el aquí en la hora, como seguramente lo hace un pez en su pecera sin preocuparse de nada más, el cerebro humano insiste en preocuparse, pues tiene la capacidad de saber que existe un futuro y que, por lo mismo, tenemos que enfrentarnos a él buscando lo mejor para nosotros y para los otros.  

¿Condenados a vivir un presente sin futuro?

A mediados del siglo XIX, en USA, ocurrió un evento que generó el inicio de importantes descubrimientos en relación al lóbulo frontal y sus capacidades. En una estación ferroviaria, ocurrió una explosión que provocó que un hombre fuera atravesado por una enorme barra de acero desde el vientre hasta la frente, la zona de la cabeza donde se encuentra el lóbulo frontal. Aunque fue un accidente muy aparatoso, el hombre pudo, en poco tiempo, volver sin mayores dificultades a sus actividades normales.
Esto hizo pensar a los científicos de la época que el lóbulo frontal no tenía en realidad ninguna función importante y que, por el contrario, era el responsable de que los humanos nos preocupáramos, por lo que años después se ideo el “tratamiento” de la lobotomía, que consistía en “desconectar” ya fuera con cirugía o químicamente, el lóbulo frontal. De esta manera, efectivamente, las personas se volvían más tranquilas, menos ansiosas, pero también se concluyó, que quitaba a las PERSONAS la capacidad de vislumbrar el futuro. Las personas sometidas a este procedimiento, ya no tenían la capacidad de imaginar ni planear el futuro pues éste, simplemente, había desaparecido.

Los seres humanos nos preocupamos y nos ponemos ansiosos justo porque tenemos la capacidad de imaginar y planear el futuro y deseamos a toda costa controlarlo con dos objetivos: alcanzar la felicidad y evitar el dolor.

La ansiedad se genera debido a que, a pesar que podemos pensar, imaginar y planear lo que sucederá, nada ni nadie nos puede garantizar que las cosas serán como las imaginamos o las planeamos.

Características de las personas que se preocupan demasiado.

Las personas que son rebasadas por la preocupación dejando que ésta se vuelva un problema y no una herramienta para la solución de problemas, suelen tener algunas de las siguientes características:

  • Están orientadas hacia el futuro, anticipando los acontecimientos que pueden ocurrir. Hacen anticipaciones ansiógenas y catastróficas.
  • Distorsionan la realidad con los pensamientos: sobredimensionan el peligro y minimizan sus capacidades para enfrentarlo, así como las circunstancias del ambiente. Es decir, aumentan lo negativo y disminuyen lo positivo.
  • Tienen buenas capacidades para la resolución de problemas y la búsqueda de soluciones, pero les cuesta ponerlas en práctica.
  • Las personas que se preocupan demasiado tienen una capacidad extraordinaria para analizar los problemas y desmenuzarlos, también tienen una capacidad excelente para buscar soluciones pero les cuesta ponerlas en marcha para darles solución.
  • Son personas que tienen la atención centrada en los problemas y en darles vueltas en la cabeza. A diferencia de las personas con atención centrada en la solución que analizan el problema, evalúan el tipo de soluciones que podrían poner en marcha, y se ponen “manos a la obra”.
  • Piensan que no podrían tolerar que ocurrieran muchas cosas. La realidad es que tenemos más capacidad para superar las grandes adversidades de lo que nos podemos imaginar pues así como contamos con un sistema inmunológico biológico para los asuntos físicos contamos, los humanos, con un sistema inmunológico psicológico para los traumas y otras situaciones adversas de gravedad.
  • Generan un estado emocional negativo con una alta activación fisiológica, lo que se traduce en inquietud.
  • Creen (imaginan) que preocuparse antes de que algo ocurra les da el control, pero esto, en realidad, muchas veces genera más dificultades que beneficios.
  • Generan una sensación de “fuera de control” o de “no control”. Es decir, producen la creencia de que no podrán contener las consecuencias negativas de una situación determinada.
  • La atención se centra en estímulos relativos a la amenaza, es decir, en comprobar las señales que efectivamente demuestren que la amenaza que anticiparon es real. Podríamos decir que es más importante tener la razón en cuanto sus creencias que sentirse en paz.
  • Perciben que tienen menos capacidad de influencia en aquellos problemas que si pueden gestionar.
  • Tienen una percepción distorsionada de su capacidad para controlar problemas. Los problemas se dividen en aquellos sobre los que tenemos control y sobre los que no lo tenemos.  Las personas que se preocupan demasiado, tienen la percepción de que pueden controlar situaciones incluso aunque no tengan ninguna o muy poca influencia en ellas.
  • Dan el mismo valor a las consecuencias probables que a las improbables. Aquí, lo que se produce es una confusión entre lo posible y lo probable. Como dice el dicho “todo es posible en esta vida”, esto es cierto, pero no todo es igual de probable. Por ejemplo, es posible que cruzando una carretera te atropelle un coche, pero no es probable, porque cuando cruzas una carretera pones métodos de control para que lo catastrófico no ocurra: antes de cruzar verificas que el semáforo esté abierto para peatones y aunque sea así, si el coche que se acerca a ti no aminora la marcha no cruzas.

Mi vida ha estado llena de terribles tragedias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron.
Michel de Montaigne.

Las consecuencias de preocuparse demasiado.

  • Las personas que se preocupan demasiado viven intranquilas y en constante tensión física y mental.
  • Viven con las alarmas siempre encendidas. Hay poca capacidad de tolerar la incertidumbre. Quieren certezas a toda costa.
  • Las consecuencias de la preocupación, son las mismas que las de una situación real. Es decir, sufren y se lastiman por algo que ni siquiera saben que va a pasar.

“La regla número uno es: no te preocupes por las cosas pequeñas. La regla número dos es: todas son cosas pequeñas.”
Robert Elliot.

La preocupación excesiva nos impide pensar claramente.

Algunas personas creen que por tan sólo pensar en algo ya están haciendo algo para resolver el problema, pero esto genera un pensamiento circular o rumiatorio agotador y que no genera soluciones reales.

Lo opuesto es el pensamiento útil donde pensamos en alternativas viables, elegimos la que consideramos mejor y la llevamos a la práctica, aunque no siempre tengamos la certeza de que funcionará pues no podemos tener el control de todo.

Pensamiento rumiatorio: darle vueltas a algo sin llegar a una solución real; nos da la impresión de que estamos haciendo algo por solucionar un problema, pero no es así.

Para algunos la preocupación es como una sombra que los acompaña a todos lados. Nunca se pueden relajar ni descansar por estar dándole vueltas a las cosas que temen que ocurran y corren el riesgo de enfermar o padecer ansiedad generalizada, depresión, ataques de pánico, rasgos de paranoia, fatalismo, imposibilidad de estar en paz y ser felices en el aquí y el ahora, de llevar una vida real en el presente, aprendiendo a aceptar la incertidumbre, soltando el control y confiando en ellos mismos y en la vida.

“Cada mañana tiene dos asas, puedes tomar el día por el asa de la ansiedad o por el asa del a fe.”

Henry Ward Beecher.


El preocuparnos ¿nos ofrece soluciones reales?

La preocupación nos puede dar señales y alternativas de una solución, pero se debe estar muy consciente de que lo que nos ofrece la preocupación son sólo ideas, no la realidad. Es necesario elegir entre ellas y llevar la que más seguridad nos genere a la acción.

También tenemos que aprender a distinguir entre las preocupaciones sobre las que tenemos control (ahorrar para el futuro, tener un seguro médico, un lugar donde vivir, conseguir trabajo) y las que no, (economía mundial, problemas políticos o sociales, terminar con la pobreza del mundo) para enfocarnos sólo en las primeras, en las que sí tenemos cierto rango de acción y dejar aparte las otras, aquellas que no podemos cambiar por más que lo anhelemos, o tan sólo parcialmente.

¿Dónde sí tengo cierto rango de influencia y dónde no?

¿Preocuparnos de forma excesiva nos previene de problemas futuros?

Libérate de la ansiedad, piensa que lo que debe ser, será, y sucederá naturalmente.

Facundo Cabral.

No, al contrario, nos angustia más, pues, aunque podemos imaginar el futuro nunca sabremos cómo serán las circunstancias en la realidad cuando estás ocurran. Hay que aprender a soltar y a confiar.

Preocuparse demasiado por otros a los que queremos puede ser una manera de mostrarles que no confiamos en ellos o en sus capacidades para enfrentar las situaciones de la vida.

Saber cuál es mi responsabilidad y cuál es la responsabilidad del otro me permite saber de qué sí y de qué no me debo preocupar.

¿Cómo se controla la preocupación?

“No tienes que controlar tus pensamientos, sólo tienes que evitar que ellos te controlen a ti.”
Dan Millman

No debemos pretender que las preocupaciones desaparezcan, pero si podemos decidir qué queremos hacer con ellas. Definirlas de manera más concreta y dar paso a acciones más concretas. Debemos aprender a reconocer, por ejemplo: las generalizaciones y los filtros mentales, donde metemos todo en la misma categoría o sólo vemos lo negativo.

Podemos marcar un límite, siendo conscientes de cuando aparezcan pensamientos sobre el futuro, para no estarlos alimentando.

Reconocer que una cosa es el pensamiento y otra la persona que lo experimenta. Ésta puede observar sus pensamientos y decidir como actuar en relación a aquello que surge en su mente. No estamos condenados a hacer caso a todos nuestros pensamientos, podemos elegir aquellos que más nos beneficien.

“Yo no soy mis pensamientos y emociones, percepciones sensoriales y experiencias.
Yo soy vida.
Yo soy el espacio en el que las cosas ocurren.
Yo soy consciencia.
Yo soy ahora.
Yo soy.”
Eckhart Tolle

Debemos aprender a comprobar la veracidad de los pensamientos, a dudar siempre de ellos. Comprobar la posibilidad de que realmente se vuelvan una realidad.

“Cuando cambias el modo en que ves las cosas, las cosas que ves también cambian.”
Wayne Dyer

Aprender a tolerar la incertidumbre.

El buen humor es un tónico para la mente y el cuerpo. Es el mejor antídoto para la ansiedad y la depresión.
Grenville Kleiser

La preocupación también se puede controlar relativizando y reconociendo que, lo más probable, es que cuando la situación ocurra, nunca será tan terrible como la imaginamos en un principio. También debemos confiar en que, lo más probable, es que contemos con los recursos personales y ambientales necesarios para salir delante de la situación en cuestión.

¿Por qué invertimos más tiempo en preocuparnos que en ocuparnos?

“Nuestra ansiedad no viene de pensar en el futuro, sino de querer controlarlo.”
Khalil Gibran

Porque nos da la sensación de control, de que estamos ocupándonos del problema cuando no siempre es así en realidad, sólo nos estamos tranquilizando al suponer que estamos tratando de solucionarlo con el pensamiento pero sin actuar.

¿Cuál es la solución a la preocupación?

Mi ansiedad no se origina en una visión del futuro, sino en el deseo de sujetarlo a mi voluntad.
Hugh Prather

Saber diferenciar en que una cosa es imaginar el futuro y el otro realmente conocerlo. Tomar acciones concretas y confiar en ellas aceptando que podemos equivocarnos y que siempre podemos hacer algo para mejorar lo que salga mal. “Si lo que te preocupa tiene solución, ¿para que te preocupas? Y si no la tiene ¿para qué te preocupas?

No tienes que dejar de imaginar ni de pensar en el futuro, sólo tienes que aprender a aceptar que hay muy pocas cosas que en realidad puedas controlar.

Aprende a confiar en la vida y en tus recursos personales, aprende a tolerar la incertidumbre, atrévete a experimentar lo que es esperar hasta estar en la situación, para poner en práctica tus recursos y estrategias, confiando en que estás más preparado, que tienes más información y más recursos de los que te imaginas.

Esto no significa que no puedas hacer un plan, una estrategia o un proyecto. Al contrario, es muy importante que lo hagas para tener una base, pero después, simplemente suéltalo, suelta tu plan y acepta que las cosas no serán nunca exactamente como las imaginaste y como las planeaste, sin embargo, no tienes de qué preocuparte, simplemente aprender a confiar.

No quieras cumplir tu proyecto de una manera precisa y exacta, flexibilízate y moldea tu proyecto adaptándolo a la realidad misma, a lo que se necesite estando en la situación, de esa manera estarás combinando tu capacidad de planear y estructurar con tu capacidad de improvisar, modificar, adaptar de acuerdo a la realidad… cuando ésta ocurra.

Depresión es exceso de pasado; ansiedad es exceso de futuro. Vivir en el presente es estar en paz.

Si el tema te interesó y quieres tener más información del mismo, te invito a que veas la transmisión del programa Diálogos en Confianza donde hablamos acerca de esto, aquí está el enlace.

Por favor, tómate un tiempo para calificar el artículo y darme tu opinión, es una forma de corresponder a mi esfuerzo.


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