Contacto físico: cuando sobran las palabras

¿De qué depende que la persona califique el contacto físico como apropiado o como algo inapropiado?
Mucho dependerá del contexto: los elementos culturales de cada quién, la cantidad o el tipo de contacto, las edades de los involucrados, tanto de quien ofrece el contacto como de quien lo recibe y de la relación que exista entre los implicados.
Puede tratarse de una pareja, de un padre/madre y un hijo/hija; un familiar adulto con un sobrino o primo niño, etc.
Es necesario ver en cada caso todos los factores mencionados para poder determinar si el contacto es adecuado o no, si es sano, nutricio, positivo o si es un contacto inadecuado que puede dañar a la persona.

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Convertir las dificultades en el camino

La diferencia básica entre un hombre ordinario y un guerrero es que el guerrero toma todas las cosas como desafíos, mientras que una persona corriente toma todas las cosas como una bendición o una desgracia”.
Carlos Castaneda.

Toda la vida nos la pasamos experimentando cosas nuevas, cometiendo errores y aprendiendo de ellos. La vida, a través de las dificultades y los errores nos ayuda a crecer, nos permite aprender nuevas habilidades, fortalecernos, superarnos y alcanzar mayor libertad.
La respuesta habitual del ser humano ante los errores es la de reprocharse y condenarse por haberse equivocado: “¿por qué hice esto? ¿por qué tomé una decisión equivocada? No tengo perdón” .
Cuando nos hacemos conscientes de que la vida está basada en errores, podemos sentirnos más en paz, perdonarnos y perdonar a otros por los agravios. Reconocer que el dolor es parte inherente de la vida y que no podemos escapar de él, nos ayuda, paradójicamente, a sentirnos más cómodos con las dificultades, sin tener que seguir ocultándolas o negándolas con el afán de protegernos.

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Honra tu vida viviendo plenamente, tanto el placer como el dolor

Como dice Brené Brown los padres deberían tomar a sus hijos recién nacidos en sus brazos y decirles algo como:

«¿Sabes? Eres imperfecto, naciste para luchar, pero eres digno de amor y pertenencia”.

Esta investigadora asegura que, si tan sólo una generación de padres hiciera esto, todo cambiaría para bien y seríamos una humanidad diferente: más realista y, a la vez, más feliz, menos frustrados e infelices, pues no nos sentiríamos obligados a demostrar nada para ganarnos la pertenencia y el cariño de los demás.
Los seres humanos, -a diferencia de los demás seres vivos que se limitan a existir -, somos los únicos que clasificamos lo que vivimos como bueno o malo, correcto o incorrecto -muchos pacientes se cuestionan constantemente si lo que sienten o hacen es correcto o incorrecto-.

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El ángel sobreprotector

Sobreproteger no es amar, es dañar y subestimar

Aquellos individuos que recibieron todo en su infancia, sin tener que esforzarse o esforzándose muy poco, se convierten, de adultos en las víctimas eternas que sólo saben quejarse y reclaman constantemente cuando no reciben todo lo que quieren sin hacer nada para ello más que manipular.
Esas personas fueron condicionadas por sus padres a que todo lo merecían con tan sólo extender su mano. Y como aprendieron eso en su familia, creen que todos los demás tienen la misma obligación de cuidarlos y cubrir todas sus necesidades.
Son individuos que, muchas veces, se sienten incapaces de esforzarse, de realizar un trabajo digno, o de tratar para lograr hasta las cosas más sencillas, tratan de obtener todo sin esfuerzo, pues, en el fondo, tienen miedo de no ser capaces de lograr obtener algo a partir de sí mismos y esto, en el fondo, les genera una sensación de inferioridad ante los demás.

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El Credo del Merecimiento del Amor y la Felicidad

¿Te sientes merecedor de recibir el amor, el éxito, el dinero, la aceptación, el respeto y la pertenencia por el simple hecho de ser la persona que eres? O, por el contrario, ¿has aprendido que eso te lo tienes que ganar a través de negar lo que tú eres y convirtiéndote en lo que los otros esperan de ti?
¿Sabes cuál es el costo de eso? La pérdida de tu dignidad, es decir, de tu derecho a merecer respeto por SER LA PERSONA que tú eres por el simple hecho de existir.

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¿Eres más sensible que el resto de la gente?

Todos podemos reconoce a aquellas personas que son en extremo sensibles, que pueden sentirse lastimadas ante la más leve mirada, ante una palabra, un tono de voz que escuchan un poco más fuerte que de costumbre o ante un “no”, por poner tan solo algunos ejemplos. En México, incluso existe una forma de llamarlas: “jarrito de Tlaquepaque”[*].

Una persona que es extremadamente sensible se pone muy ansioso o se siente lastimado ante las reacciones, las palabras o los comportamientos de los demás. Está “calibrada” en un grado superlativo ante lo que los demás dicen o hacen y, con demasiada frecuencia, se toma las cosas de manera personal sin detenerse a comprobar que es así efectivamente, o si las acciones del otro tienen que ver con algo diferente y que no significan que esté rechazando a la persona sensible.

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