Steve Jobs : una personalidad resiliente

Como tal vez ya muchos de ustedes sepan, soy un estudioso y un curioso de la resiliencia, esa capacidad que tiene uno de cada tres seres humanos de no sólo saber superar las adversidades, sino de salir fortalecidos de ellas. Hace unos días tuve la oportunidad de ver el video de Steve Jobs donde dirige un discurso durante la graduación de los alumnos e una universidad y me gustó bastante. En él, quedan claros varias características de su personalidad que lo convierten, sin lugar a dudas, en una personalidad resiliente. Todas las adversidades por las que él atravesó a lo largo de su vida, no se quedaron en eso, él tuvo la capacidad de convertirlas en fortalezas y aprendió a sacar provecho de ellas para convertirse en el individuo que todos conocimos y alcanzar el éxito en su carrera y en su vida.

Te comparto la transcripción de su discurso para que lo compruebes por ti mism@. Espero que te guste y que tú también, como yo, lo veas como una fuente de inspiración de como es una elección si queremos ver las cosas con ojos de «víctimas» y lamentarnos por ellas toda la vida o si queremos verlas como oportunidades de crecimiento, de desarrollo y de éxito.
Discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford (2005)

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Carta de amor y de reconciliación

En muchas circunstancias resulta necesario buscar la manera de expresar nuestros sentimientos a los demás. Sin embargo, esto no siempre es posible hacerlo de manera verbal, de forma directa, cara a cara, y la mejor alternativa puede ser a través de la comunicación escrita, por medio de una carta. Esto nos puede ayudar a sacar los sentimientos que nos lastiman de nuestro interior, de nuestro corazón.
También puede ser que esa persona no esté tan lejos de nosotros, que sea alguien que vemos todos los días, y, sin embargo, no hemos encontrado la manera de acercarnos y expresarle aquello que sentimos, que pensamos, que nos lastima, aquello que necesitamos de ella.
Este trabajo de reconciliación también puede ser visto como una ofrenda hacia nosotros mismos (escribiendo una carta a uno mismo), hacia nuestros seres amados o a nuestros ancestros.

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terapia Gestalt y resolución de conflictos

Éxito es: no perder de vista lo realmente importante

La dificultad excesiva para inhibir las respuestas impulsivas ante las necesidades o deseos internos o ante los estímulos externos deteriora la capacidad de autogobernarse y, por tanto, obstaculiza una serie de procesos cognitivos básicos para el aprendizaje.
Es obvio subrayar que cuando la impulsividad se presenta acompañada de conducta agresiva frecuente, el individuo se encuentra con obstáculos significativos para establecer relaciones sociales positivas con sus cuidadores o para lograr sus objetivos y satisfacer sus necesidades. Es por ello, que resulta muy importante aprender a no perder de vista cuál es el objetivo que se desea alcanzar más allá de los impulsos a enojarse, salirse de control y querer demostrarles a los demás que uno es el que tiene la razón. No es una cuestión de “tener la razón”, pues la realidad es que cada quien tiene las suyas, por mucho que eso nos frustre, de lo que se trata es de mantener la mente fría y la atención suficiente para reconocer (o para no olvidar) cuál es el verdadero “paquete” que queremos obtener y encontrar las mejores alternativas para lograrlo.

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Cuando los hijos se van: síndrome del nido vacío

«En determinado momento de nuestras vidas, nos damos cuenta de que nuestros hijos crecieron, y han tomado la decisión de emprender un nuevo camino de independencia. Si bien, esto forma parte de la vida, muchas veces los padres se sienten abandonados y tristes. El síndrome del nido vacío, hace referencia a esta situación, se trata de un sentimiento de soledad generado por la ida de uno o varios hijos del hogar. Esta situación hace que los padres se dejen de sentir importantes para sus hijos y se sientan irritables y angustiados.»

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Nuestras lágrimas son consuelo para la vida

Entre los cientos y cientos de creencias o introyectos que nos inculcan de generación en generación desde la más temprana infancia, uno muy típico en nuestra cultura — y tal vez de los más dolorosos y perjudiciales–,, es el de que «llorar es malo»..

Para nuestra cultura, el llanto es sinónimo de debilidad, fragilidad, vulnerabilidad. cobardía, falta de hombría, etc., Y todos estos aspectos de la personalidad se consideran negativos o inadecuados.

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