MI LUGAR SEGURO

Hoy deseo compartirte un regalo. Ofrecerte una visualización desarrollada por mí, a partir de un ejercicio de bioenergética (la postura de la dirección que consiste en colocarse de pie con los brazos extendidos hacia delante). Yo lo utilizo cuando me siento ansioso o tengo alguna inquietud o preocupación. También cuando siento miedo o impotencia y no encuentro la manera de solucionar algún problema.

Es una especie de visualización o meditación que me ayuda a reconocer que no hay nada más lejano a la realidad que el sentir que estoy solo en el universo y que soy el único del que depende que tenga las fuerzas y los elementos para enfrentar las situaciones de la vida.

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Apoyo auténtico

Hay cuatro maneras fundamentales de brindar apoyo y se representan a través de cuatro A’s que son: Atención, Aceptación, Aprecio y Afecto.
La primera forma de recibir apoyo, es cuando alguien me atiende, me mira, me escucha, trata de comprender antes de empezar a juzgar, calificar, querer dirigir. Si me siento atendido, ya estoy recibiendo el principal apoyo que otro me pueda dar.
Si tengo un problema de cualquier índole: sentirme enfermo, estar inseguro, tener miedo de enfrentarme a algo y busco a mi pareja para decirle cómo me siento y qué es lo que me pasa, si él deja lo que está haciendo y me atiende, me está ofreciendo el apoyo que necesito.

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Enfrentar al miedo

El objetivo real de nuestro miedo es desafiarnos para romper nuestras cadenas y hacernos libres para seguir nuestro camino en la vida, sin las ataduras del pasado. Pero, lo que las personas hacemos generalmente es confundir el objetivo del miedo, percibiéndolo como nuestro enemigo, sin llegar a entender qué, lo que en realidad pretende, es enseñarnos a tener más confianza en nosotros mismos y a ser más fuertes.

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Primero vinieron por otros

“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”.
Este poema es muy conocido. Lo escribió Martin Niemoller, un pastor alemán encarcelado de 1937 a 1945 por el gobierno de Hitler.

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