Apoyo auténtico

¿Cómo ofrecer y recibir el apoyo?

FORMAS DE APOYO

Hay cuatro maneras fundamentales de brindar apoyo y se representan a través de cuatro A’s que son:

  • Atención
  • Aceptación
  • Aprecio
  • Afecto

LA ATENCIÓN

La primera forma de recibir apoyo, es cuando me siento atendido a través de: la mirada del otro, su escucha, su intención y su propósito de comprenderme sin juzgar, calificar, querer dirigir u ordenar, sino respetando lo que soy, lo que siento, lo que necesito, lo que quiero. Si me siento atendido, estoy recibiendo el principal apoyo que otro me pueda dar.

el_apoyo_a_través_de_la_atención

Si estoy perdido y un policía o un transeúnte  del lugar me atiende y de dispone a ayudarme a encontrar una dirección, estoy siendo apoyado a través de la atención que él me pone.

Si tengo un problema de cualquier índole: sentirme enfermo, estar inseguro, tener miedo de enfrentarme a algo y busco a mi pareja para decirle cómo me siento y qué es lo que me pasa, si él deja lo que está haciendo y me atiende, me está ofreciendo el apoyo que necesito.

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Si un niño está preocupado, sus padres lo notan y se acercan para preguntarle qué tiene, brindándole toda la atención, ese niño está recibiendo también el apoyo que necesita.

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Por el contrario, si cualquier persona que enfrenta una dificultad, problema, sentimiento incómodo, temor, y busca apoyo, pero la persona en quien lo busca ni siquiera es capaz de brindarle atención para comprender qué es lo que le pasa, no está recibiendo el apoyo que necesita y se sentirá, con toda seguridad, más vulnerable o inseguro.

LA ACEPTACIÓN

Otro elemento indispensable para el apoyo es la aceptación. Si se cumple el primer elemento para el apoyo que es la atención, pero la persona que atiende empieza a juzgar, criticar, cuestionar, negar la experiencia del otro, sus sentimientos, sus opiniones, sus puntos de vista, no estará brindando un apoyo auténtico.

Para que la persona que lo requiere, se sienta verdaderamente apoyada, quien ofrece el apoyo tiene que hacerle sentir que LO ACEPTA INCONDICIONALMENTE, con todos sus sentimientos y con su manera de ser. No es una aceptación condicional donde, sólo que actúe, piense o sienta de determinadas maneras, lo voy a aceptar, sino que, independientemente de cómo él o ella lo haga, yo estoy dispuesto a aceptarlo por SER QUIEN ES, no por ser la persona QUE YO QUIERO QUE SEA.

Si el otro está triste, enojado, impotente o asustado, yo seré capaz de aceptarlo así, con su tristeza, su enojo, su impotencia o su miedo. Él será igualmente valioso para mí sin importar como piense, sienta o actúe.

Si somos capaces de brindar esa aceptación y de hacer sentir al otro que lo aceptamos con todo, aunque él mismo no lo haga, se juzgue, se critique y se descalifique, estaremos brindando el apoyo que la persona necesita para poder salir adelante y superar la situación que lo mortifica.

Si la persona se siente impotente para solucionar algo, no voy a apoyarlo resolviendo yo sus problemas, sino, comprendiendo su sensación de impotencia y confiando en que, ahora o después, encontrará los recursos para enfrentar aquello que en este momento no puede.

No lo voy a apoyar diciéndole qué hacer o cómo hacerlo. No es aconsejando o dirigiendo, es aceptando su impotencia como le brindo apoyo auténtico, y, al mismo tiempo, haciéndole ver y sentir que tengo la confianza en él de que lo podrá resolver en el momento en que esté listo para ello.

Muchas veces es más fácil para otro confiar en los recursos de una persona que en la persona misma, pues ella está dentro del problema y, por lo tanto, los cosas se sobredimensionan, en cambio, para alguien que ve la situación desde fuera, a veces es más sencillo poder reconocer que la persona que enfrenta el problema, realmente tiene las capacidades para superarlo y resolverlo. Esa es la manera en que podemos apoyar al otro a través de la aceptación  incondicional.

 

APRECIO

Si ya fui capaz de brindar al otro la atención necesaria para que sienta que realmente quiero comprenderlo de la manera más integral posible.

Si ya fui capaz de aceptarlo, independientemente de que yo piense, sienta o actúe de manera diferente a él y transmitirle que es alguien valioso por ser quien es sin tener que cumplir mis expectativas y que puedo aceptarlo incondicionalmente por ello, sin exigirle que sea de la manera que yo quiero para que pueda aceptarlo, ahora, lo que toca, es mostrarle mi aprecio.

¿Cómo entender el aprecio? Haciendo sentir al otro que no sólo soy capaz de aceptar sus diferencias en relación a mí para considerarlo alguien digno y valioso, sino que también, puedo darle un valor a esas diferencias. No sólo lo acepto por ser diferente a mí, sino que le doy un valor a ello.

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Aprecio su forma de ser, su forma de pensar, su forma de sentir, su forma de actuar. Le doy un valor a todo ello. Al hacerlo, aunque la persona no sea capaz, aún, de darse a sí misma ese valor, empezará a confiar en que sus capacidades y potencialidades son valiosas y yo soy capaz de reconocerlas y de aprender de él.

Esta es la tercera fase del proceso de brindar apoyo.

 

AFECTO

El afecto, como mecanismo de apoyo a otro individuo, va mas allá del sentido de apreciarlo o quererlo. Tú me afectas es tú me importas. Lo que te pasa a ti, es importante y significativo para mí. En pocas palabras TÚ NO ME ERES INDIFERENTE.

Si estás triste, tu tristeza me afecta; si tienes miedo, tu miedo me afecta; si estás enojado, tu enojo me afecta; si estás alegre, tu alegría me afecta.

El saber una persona que lo que le pasa es importante para alguien más, es uno de los apoyos más invaluables que puede recibir. La manera en que un niño, un adolescente o un adulto se pueden sentir más vulnerables, solos e impotentes, es cuando descubren que, hagan lo que hagan, sientan lo que sientan, piensen lo que piensen, les suceda lo que les suceda, a la otra persona que tienen frente,  a esa persona no le importa ni le afecta, es decir, le da lo mismo.

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Por eso, si quieres realmente apoyar a alguien, no dejes de hacerle sentir tu aprecio por su persona y por todo lo que le sucede.

A todas estas conductas, Carl Rogers las llamo actitudes básicas, indispensable para poder apoyar a una persona dentro del proceso terapéutico creado por él y denominado terapia no directiva o terapia centrada en el cliente.

Más que técnicas efectivas, lo que sana, según lo demostró Rogers, es la actitud de aprecio positivo incondicional del terapeuta con su cliente. Hacerlo sentir valioso por ser como es sin exigirle que cambie para poder apreciarlo.

Otro elemento fundamental de la teoría y del modelo Centrado en el Cliente desarrollado por Rogers, y quizá, el más importante, es el de la empatía.

La capacidad de una persona para comprender a otra, poniéndose en sus zapatos e imaginando cómo siente una experiencia la otra persona “como sí” le estuviera pasando a él. Ver la situación desde la perspectiva, es decir, desde la mirada del otro, desde su propio marco de referencia.

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Pero no basta con decir: Soy empático porque lo entiendo y comprendo cómo se siente. Es necesario hacerle saber que podemos comprenderlo, comunicar la empatía y, sin imponer lo que suponemos, sino como una propuesta que tenemos que comprobar con él es decirle algo como: “Me imagino que esto que estás viviendo te hace sentir muy triste, ¿es así?

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En la medida en que la persona que comparta la experiencia, se sienta comprendida, aceptada, sin juicios, críticas, opiniones ni condicionamiento, más posibilidades tendrá de encontrar, por ella misma y con el apoyo del otro, las soluciones para sus problemas o la manera de satisfacer sus necesidades emocionales.

CONCLUSIÓN

Si quieres apoyar a alguien de verdad, para empezar, evita utilizar la decena sucia, y, en segundo lugar, ofrécele y hazle sentir los recursos inmersos en las cuatro A’s:

Atención: que sí lo vez, que te interesa comprenderlo lo más profundamente que seas capaz.

Aceptación: Que para ti, él o ella son alguien valioso, que lo aceptas incondicionalmente con sus propios sentimientos, pensamientos y conductas. Que no tiene que comportarse, sentir o pensar de determinada forma para contar con tu aceptación. Que, para ti está bien que sean diferentes y que ambos tienen el derecho y la libertad de ser la persona que son.

Aprecio: Que no sólo eres capaz de aceptarlo, sino que valoras y aprecias sus diferencias pues te permiten aprender de ellas.

Afecto: Que lo que le sucede te afecta, lo que siente, te afecta, su manera de pensar también te afecta. Hazle saber que no te es indiferente, todo lo contrario, si él o ella está bien, tú estarás bien y si está mal, tú o podrás mantenerte ajeno a su malestar. Ni tampoco pretenderás hacerlo, ya que él o ella es alguien que te importa, y te importa mucho.

Estas son las formas en que tu apoyo se puede ver realmente reflejado ante la necesidad de ayuda del otro.

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