De buenas intenciones está lleno el infierno

No basta con tener una buena intención

A veces, las personas creemos que basta con tener buenas intenciones para que la gente quede satisfecha o contenta con nuestros actos.

Se nos olvida que somos diferentes y que por lo tanto tenemos pensamientos, necesidades y sentimientos diferentes. Si sólo nos basamos en nuestras “buenas intenciones” podemos correr el riesgo de equivocarnos y de sorprendernos desagradablemente al ver que el otro se molesta con nuestras acciones o palabras.

Por eso, es muy importante TAMBIÉN ver la reacción del otro ante nuestra acción. Si no la recibe como pensábamos, podemos preguntar qué le pasa con lo que hemos dicho o hecho y también, aclarar nuestra intención, pero sin dejar de ver que, tan importante como nuestras intenciones, son la manera en que el otro recibe las cosas, Ambas son igualmente validas y, por tanto, si queremos tener una buena relación con el otro, debemos buscar un equilibrio entre nuestra intención y la reacción del otro.

Pondré un ejemplo: a Juan le encanta el helado y va a visitar a un chico que acaba de conocer. Queriendo halagarlo, le lleva lo que más le gusta a él mismo (a Juan), compra no uno, dos o incluso tres botes con helado y llega feliz a casa de Roberto. Le entrega los botes de helado y el otro lo mira entre descontrolado y molesto. Juan no entiende la reacción de Roberto, él ha traído el helado CON LAS MEJORES INTENCIONES.

Roberto, seco, le dice que no le gusta el helado, que es alérgico y que lo odia. Como es de esperar, Juan se siente muy mal, pero, si comprende que Roberto no lo está rechazando a él, sino al helado, la próxima vez tomará en cuenta las necesidades de ambos, comprará el helado para él y le preguntará a Roberto que es lo que a él le gusta.

Otro caso podría ser cuando el marido ama tanto a su esposa que hace todo por ella creyendo que con eso la hace feliz sin percatarse de que ella se siente invadida en sus espacios, nulificada en sus capacidades y despojada de su libertad de elegir, decidir y actuar. Él se puede desconcertar de verla cada vez más molesta y, para contentarla, hacer más de lo mismo, seguir resolviéndole todo y tomando las decisiones por ella para que no tenga que molestarse hasta llegar el momento en que ella estalla y le dice que está harta o que se siente asfixiada.

Al escucharla, él puede reaccionar sorprendido en un primer momento y reclamarle diciéndole que todo lo que hace es por que la quiere, no por molestarla ni invitarla, o bien, después de su primer reacción de sorpresa puede tratar de ser empático con ella, intentar comprenderla, ofrecerle una disculpa y comprometerse a ser más cuidadoso las próximas veces. Esto hará que ella se sienta más tranquila asumiendo que también fue su responsabilidad al no expresarle desde antes cómo se sentía con sus acciones; por último, ambos pueden llegar al acuerdo de tener una mejor comunicación y expresarse sin miedo, cuando el otro haga algo con buena intención, pero que al otro no le complace, no necesita o incluso le irrita.  De esta manera las acciones de ambos ya no se basarán sólo en lo que piensan ni en sus buenas intenciones sino también en tomar en cuenta lo que el otro realmente necesita.

Recuerda:

Un buen consejo para una relación sana, es no quedarnos sólo con nuestras buenas intenciones; es necesario conocer al otro o bien preguntarle sobre sus gustos y sus necesidades, para lograr una mejor comunicación y convivencia.

Este artículo fue actualizado el 17 de enero del 2020.

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