Epigénesis de la Masturbación

Elizabeth Virginia Martínez Gómez
Psicoterapeuta Elizabeth Mtz.

POR:  ELIZABETH VIRGINIA MARTÍNEZ GÓMEZ

“PRIVADO DE TODO PODER, ¿QUÉ HABRÍA DE HACER SINO ENTREGARLE SU LIBIDO A SU CUERPO?. Y SI NO ES PARA BIEN, SI YA NO ES POSIBLE DESAPEGARSE DE SÍ MISMO, SI NO SE HALLAN LOS CAMINOS QUE NO SE HA APRENDIDO A CONOCER ¿QUÉ LES IMPORTA TODO ESO A LOS EDUCADORES DE COSTUMBRES AUSTERAS, SIN DEFECTOS, SIN SEXO?” Víctor Tausk (1983)

Para principiar, un relato bíblico: era José el soñador el preferido de entre los hijos de su padre Jacob, por haberlo tenido en la vejez y por ser hijo de la mujer amada. El afecto provocado en los hermanos de José era la envidia, de tal magnitud, que buscaban matarlo; finalmente, a instancias de su hermano Judá, José fue vendido a unos mercaderes (Génesis 37: 18, 28).

Otra parte de la historia cuenta que Judá tuvo tres hijos varones: Her, Onán y Sela. Hijos de tal padre habrían de heredar la semilla de la envidia. Her se casó con la mujer que su padre le eligió, llamada Tamar, pero cuenta el relato que Dios le quitó la vida por ser un hombre malo. Judá ordenó entonces a su hijo Onán que se casara con la mujer de su hermano mayor, con el fin de preservar el linaje de la tribu y su propiedad.

Sabiendo Onán que su prole no llevaría su nombre sino el de su hermano, se negó a fecundar a la mujer. Para lograr su objetivo, al tener contacto sexual derramaba su semen en la tierra, sin tomar en consideración a su compañera. Onán murió también, a consecuencia de su “abominable pecado” que, en términos de afecto, era el egoísmo. De ahí que los hechos relativos al acto de frustrar lo natural se denominen onanismo.

Después de la muerte de Onán, el padre planeó casar a su último hijo con la nuera ahora viuda por segunda vez.

Judá seduce a su nuera Tamar

Como el matrimonio tardó en consumarse debido al temor de Judá de que su último hijo corrierra igual suerte que la de sus hermanos, la viuda se disfrazó, cubrió su rostro para ocultar su identidad y se presentó ante el suegro (para entonces también viudo) quien, al confundirla con una prostituta, le solicitó sus favores y la dejó embarazada de gemelos varones. (Génesis 38: 1, l9; 27, 28).

Consumado el hecho, nacieron los hijos producto del incesto: suegro-nuera; padre-hija política, rivales de Onán al ser hijos-hermanos de la esposa-madre.

Interpretación Psicoanalítica

El acto de Onán es un acto egoísta derivado de la envidia, que incapacita para el vínculo amoroso con la mujer al utilizarla únicamente como objeto satisfactor del impulso sexual, esto es, el coito representa una actividad masturbatoria.

En este sentido, se emplea el término onanismo como sinónimo de masturbación* y, para determinar como patológico el acto onanista, se da énfasis al desinterés por la pareja o su exclusión y al egoísmo como afecto predominante.

En el ámbito psicoanalítico, el egoísmo es representante del narcisismo: libido puesta otra vez en sí mismo o amor propio intensificado, “el narcisismo puede ser considerado como el complemento libidinoso del egoísmo” Freud 1915 (1917).

Psicoanalista Víctor Tausk

La masturbación se realiza no sólo mediante la manipulación del órgano genital, sino que puede realizarse a través de otras personas, animales o cosas. Al igual que Onán, muchos hombres pueden confesar que se masturban con su pene en la vagina de la mujer. Tausk (1983).

El criterio para juzgar un acto sexual como onanista o coito, no es su aspecto externo, sino que ello se determina de acuerdo a las motivaciones y vivencias de sus participantes, donde los afectos desencadenados juegan un papel primordial.

Asimismo, la masturbación no se circunscribe a la actividad relacionada con los genitales o con los órganos reconocidos comúnmente como zonas erógenas, como por ejemplo los pezones o el ano; más allá de esto, el acto onanista puede observarse de forma natural y normal al chuparse el dedo, meterse los dedos en la nariz, relamerse sin cesar o jalarse rítmicamente el cabello o el lóbulo de la oreja; actos realizados en zonas erógenas secundarias, que brindan un placer sexual a través de los órganos de los sentidos o mediante la fantasía y la simbolización, por lo que, en un sentido psicoanalítico constituyen una forma particular de actividad sexual masturbatoria, sentido que amplía los límites del concepto común de la sexualidad.

Freud S. "Lo Inconsciente" (1915)

Un ejemplo de masturbación neurótica se tiene en la descripción tomada del artículo “Lo Inconsciente” de Freud (1915), en el que se refiere al caso de un varón que necesitaba mucho tiempo para ponerse los calcetines, quien al vencer sus resistencias pudo explicar que el pie le representaba al pene; así, el acto de ponerse el calcetín equivalía a masturbarse, por lo que se veía obligado a ponérselo y quitárselo una y otra vez, en parte para completar la imagen de la masturbación y en parte para anularla.

Lo mismo, cualquier acto de penetrar con una parte del cuerpo una prenda u objeto puede simbolizar el acto sexual y constituir un acto masturbatorio. En el caso de un paciente que disfrutaba de meter y sacar la cabeza por el cuello de suéteres de mujer (madre, hermanas, amigas) el símbolo del pene era la cabeza y el hueco del cuello de cada suéter simbolizaba la vagina. Las emociones descritas por dicho paciente eran de “una sensación muy agradable por la textura, el olor y el acto en sí”.

Así pues, sexualidad no equivale necesaria o exclusivamente a genitalidad; este concepto abarca toda actividad encaminada a la consecución de placer o a la representación, consciente o no, del acto sexual mediante la estimulación de cualquier parte del cuerpo en donde la imaginación juega un papel primordial.

Se puede observar, oler, tocar, escuchar, saborear, imaginar cualquier objeto: persona, animal o cosa, en forma total o parcial, y sentirse placer; por el contrario, pueden tenerse experiencias con objetos eróticos, incluso realizarse el coito, sin que se desencadene excitación sexual, en consecuencia, no constituyen verdaderos actos sexuales.

Se puede mencionar todavía otra modalidad onanista. Freud (1912) se refiere a la denominada masturbación inconsciente que se da durante el dormir, en estados anormales, en el curso de ataques histéricos, a través de síntomas obsesivos, etc. que tienden a sustituir y repetir esta forma sexual prohibida para el sujeto en su mundo consciente. Por otra parte, muchos neuróticos graves no recuerdan haberse masturbado, mientras que el psicoanálisis demuestra que dicha conducta les fue familiar en su temprana infancia y que han reprimido esos sucesos.

Menciona, asimismo, el retorno terapéutico de la masturbación en el caso de pacientes que en el curso de su tratamiento vuelven a permitirse esta actividad, sin que ello implique su fijación.

De acuerdo a lo antes expuesto, por onanismo o masturbación se entiende “ése género de actividad sexual, de los órganos genitales o de zonas sexuales secundarias, que no tiene al compañero por condición esencial y cuyo fin consiste en relajar directamente la excitación sexual (…) todos los individuos, de cualquier edad, sexo y clase social, están expuestos al onanismo” Tausk (1983).

Epigénesis de la Masturbación

Desde el punto de vista epigenético, del desarrollo normal, Feud (1905) distingue tres fases de la masturbación a las que se incluye una cuarta en la edad adulta:

La edad de la lactancia

La masturbación juega un papel relevante durante el primer año de vida, como actividad exploratoria del lactante sobre su propio cuerpo y como forma de obtener placer al manipular los genitales o cualquier otra zona corporal, que el niño toca porque “siente rico”, porque lo disfruta. 

A las sensaciones que la niña o el niño se procura se suman las de las personas con las que convive ya que al bañar, vestir, atender y jugar con la pequeña o el pequeño se toca y fricciona su cuerpo altamente sensible. “La relación del niño (a) con dichas personas es para él (ella) una inagotable fuente de excitación sexual y de satisfacción de las zonas erógenas.

La madre, sobre todo, atiende al niño (a) con sentimientos procedentes de su propia vida sexual le acaricia, besa y mece tomándole claramente como sustitutivo de un objeto sexual. (…). El niño (a) tiene que llegar a ser un hombre completo, con necesidades sexuales enérgicas, y llevar a cabo durante su vida todo aquello a lo que el instinto impulsa al hombre” Freud (1905).

Psicoanalista René Spitz

Para el lactante la importancia del padre radica no sólo en la interacción directa entre ambos, sino en el hecho de que su sola presencia permite la descarga de pulsiones sexuales y agresivas de la madre. Mayor beneficio obtiene el niño(a) si la relación madre-padre es satisfactoria en todos los ámbitos incluyendo el de la actividad sexual, y cuando al tener mayor edad establece un vínculo amoroso de acuerdo al modelo de la relación madre-hijo(a) y de la relación entre ambos progenitores. (Spitz, 1969).

Un exceso de ternura materna puede llegar a ser perjudicial por acelerar la madurez sexual y fomentar un apego exagerado de la niña o el niño con su madre. Esta actividad masturbatoria tiende a desaparecer en corto tiempo; cuando no es así, resulta una desviación en términos de nuestra cultura.

Masturbación infantil

Corresponde a la época del florecimiento de la actividad sexual que, en general, se observa entre los tres y los cinco años. Se encuentra fijada a determinadas zonas erógenas, constituye un acto sano y normal en la niña o el niño como forma de autoexploración y de búsqueda de sensaciones placenteras. En esta época tiene una función similar a la del juego en cuanto a que permite el control de situaciones ante las cuales el infante necesita tiempo para adaptarse.

Otto Fenichel

Es un ensayo que prepara para el manejo de la excitación sexual, presente a lo largo de toda la vida, pero que requiere practicarse sanamente con los recursos de la infancia, para su ejercicio pleno y satisfactorio en la edad adulta, Fenichel (1979).

Niñas y niños descubren el placer erótico de frotarse contra la ropa, muebles, juguetes u otros objetos, incluso con personas a través del juego. O bien, pueden aprender a masturbarse al ver a alguien hacerlo, o ser inducidos por otra niña o niño más experimentados Katchadourian (1983).

Reich (1982), por su parte, afirma que en la infancia se dan dos tipos diferentes de masturbación:

– Como reacción a los estímulos fisiológicos en el organismo infantil.

– Como reacción a los fenómenos subjetivamente desagradables del mundo externo. Por ejemplo: anhelo de la proximidad materna, enfermedad, necesidad insatisfecha de amor (en especial después del nacimiento de un hermano). En este caso, la niña o el niño rompe con los vínculos de la realidad desagradable y se masturba para consolarse y ningún tipo de represión o amenaza sirve para eliminarla psíquicamente.

Lo que se requiere en estos casos es atender las causas de la masturbación y no combatirla en sí misma. Asimismo, el aparato urinario aparece en la época infantil en lugar del genital aún no desarrollado, por lo que la enuresis (incapacidad para controlar los esfínteres) nocturna de causas psíquicas, puede corresponder a una eyaculación debido a la erotización del aparato urinario en esta etapa.

Karl Abraham

La primera curiosidad sexual de niñas y niños se dirige al cuerpo, especialmente los genitales de sus padres y luego a los procesos de fecundación y nacimiento; su interés es mayor  hacia la madre debido al deseo de conocer el origen de los niños.

Un mal manejo en la formación de la pequeña o del pequeño sucede cuando se le castiga por esta curiosidad primitiva para coartarla estrictamente. Como resultado, su interés en materia de la sexualidad propia y la de los demás es desplazado e inhibido en forma que puede acarrearle graves consecuencias. Abraham (1959).

Al desarrollarse la capacidad de fantasear en la niña o el niño, las fantasías se convierten en parte importante en las actividades masturbatorias. Las primeras fantasías onanistas contienen normalmente representaciones de defecación y micción; representaciones masoquistas y sádicas que incluyen actos como pegar, morder y arañar, así como extravagantes representaciones del acto sexual.

Además de la niña o el niño, los protagonistas de dichas fantasías suelen ser los padres o sus sustitutos; las criadas y los hermanos; aparecen también animales y objetos como muñecas, bacinicas, etc. Al principio las hermanas y los hermanos ocupan un lugar secundario ya que primero son objeto de odio, envidia, celos y rivalidad intensos, sólo más tarde se sobrepone a estos afectos el amor fraternal; es hasta entonces cuando pasan a ocupar con frecuencia el primer lugar en las fantasías incestuosas, en tanto que los padres se tornan secundarios.

Aunque, si por mucho tiempo, las niñas o los niños siguen obteniendo un intenso placer sexual de los progenitores la fantasía de incesto con éstos tiende a fijarse; es el caso, por ejemplo, de padres que sistemáticamente duermen con sus hijos, que los utilizan como sustitutos de pareja o que los sobreestimulan sexualmente de otras formas. Al iniciarse la latencia, alrededor de los cinco años, y hasta la adolescencia la masturbación física disminuye o desaparece. El ingreso a la escuela favorece dicha reducción.

La masturbación que resurge en la Adolescencia

En la adolescencia aumenta la energía sexual, con ello resurge la necesidad de tocarse, de descargar el exceso de excitación a través de la masturbación, ya que con frecuencia no es factible tener relaciones sexuales. Asimismo, las trasformaciones corporales del adolescente lo llevan a centrarse en sí mismo, se incrementa el narcisismo. Esta vuelta al narcisismo favorece la autoexploración y el autoerotismo como búsqueda de satisfacción provisional.

Esta fase concluye cuando la joven o el joven renuncia a su postura narcisista y es capaz de trasladar el deseo amoroso despertado en la infancia por los padres, hermanos y demás familiares significativos hacia una mujer u hombre ajeno a su núcleo familiar, con quien pueda ejercer las funciones esperadas en la adultez.

Edad adulta

En la edad adulta la masturbación puede presentarse en forma sana dentro de la relación de pareja, sobre todo cuando se supedita a la experiencia mutua y satisfactoria de la relación  sexual. “Numerosas parejas complementan el acto sexual con la masturbación en forma de estímulo manual de un compañero al otro, o bien, masturbándose mutua y simultáneamente.

Esta es una variante del juego sexual muy común en la relación marital. Se considera, en este caso, como un interés amoroso por el placer del compañero y no tiene nada de anormal”. Stokes (1967, p. 328).

La capacidad de masturbarse sin estar obligado a hacerlo, con tranquilidad, sin culpa, o a pesar de ésta, es parte de la salud psíquica. Reich (1982).

*El verbo latino vulgar masturbari data del siglo I A. de C. se cree que derivó del latín manus, mano y stuprare, “ensuciar” o “perturbar” (turbare). Una explicación alternativa es que “mas” se deriva de mas “semilla masculina” o semen. (Katchadourian, 1983).

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Alejandra Ochoa Solís dice:

    Deseo saber el e-mail de Elizabeth Martinez, fue mi profesora en la Universidad Justo Sierra, y mi supervisora de casos, pero perdí su teléfono y quisiera volver a tener contacto con ella, mil gracias!!

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  2. julio dice:

    Podrías postear la biografía que utilizaste?

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    1. Este artículo lo escribió mi colega psicoanalista Elizabeth Martínez. Lamentablemente no cuento yo con dicha bibliografía.

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