Recuerda el año que terminó, como un año maravilloso

¿Cómo lograrás recordar con alegría el año que terminó? He aquí algunas sugerencias de lo que debes recordar:

Aquella sonrisa  cuando estabas deprimido que te hizo olvidar tu malestar; aquel que te consoló cuando veías todo de color negro; el que quiso ayudarte o se dejo querer por ti.

Las tardes de sol, o el día que llegaste al trabajo empapado y al primero con el que te encontraste fue a tu jefe.

El café de media tarde; el desayuno jugo recién hecho y  pan con mermelada y mantequilla.

El beso robado, la caricia arrebatada, el amor del pasado que regresa, el abrazo enamorado.
la frase maravillosa que te cambió la vida en Facebook y que, cuando la quisiste compartir con tus amigos, ya se te había olvidado…

Los fines de semana al lado de tu pareja o tus hijos, jugando, riendo, cocinando, lavando, planeando o, simplemente, reunidos en el mismo espacio, cada uno haciendo sus cosas, sabiéndose todos acompañados.

Los ratos de silencio y reflexión,  los momentos en blanco o los sábados de diversión, risas, travesuras y bobadas.

La visita inesperada de tu hermana, en la que te afectó todos tus planes pero que pasaron la tarde recordando cosas lindas que vivieron en la infancia y te hizo olvidar todos los pendientes que traías en la cabeza.

La reconciliación con tu amigo después de aquel mal entendido y lo bonito que sentiste al saberte perdonado.

Aquella charla maravillosa con tu terapeuta que te cambió la vida…

Aquella charla maravillosa con tu paciente que te transformó la vida…

Tus series favoritas, la película que tanto te emocionó y de la que no dejabas de hablar; el día que te la pasaste escuchando tu música favorita, el momento relajante de estar en Starbucks leyendo tu libro favorito.

Los campos de flores y los viajes a la playa o la montaña.

Ese sueño maravilloso y revelador que morías por trabajar en terapia y, cuando finalmente llegó el día de sesión, se te olvidó y hablaste de otra cosa y hasta que saliste del consultorio te acordaste de lo importante que era y te dabas de topes en la cabeza…

Los arreglos en tu casa… el cuadro nuevo, la vajilla, los vasos que te regaló tu tía, el florero horrible que te dio tu suegra y que donaste a aquel bazar.

La pena que sentiste cuando alguien te saludó efusiva y tú no te pudiste ni acordar de como se llamaba…

Los días de quincena en que recibiste ese dinero que tanto esperabas; las compras impulsivas que bajaron tu ansiedad; el día que – por fin – te diste permiso de quedarte en la cama y faltar al trabajo.

O aquella vez que se te ocurrió esa idea maravillosa, en la reunión con tus amigos, y de la cual al día siguiente nadie se volvió a acordar de ella, ni siquiera tú.

Aquel momento en que alguien te lanzó un piropo o te hizo un halago que te ruborizó…

La mañana en que te miraste al espejo y viste que en realidad eras hermosa, pese a todas las tonterías que te dices a cada rato…

La noche que te llamó tu amiga, muerta de alegría, porque el consejo que le diste le funcionó de maravilla, y entonces tú te diste cuenta, que no eres tan tonto para los consejos sentimentales como pensabas…

Y después de ver todo esto, te darás cuenta de que aquellas experiencias duras, pesadas, cansadas o molestas, no pueden ser más importantes que todo lo increíble y hermoso que TAMBIEN ocurrió y que TAMBIÉN es parte del 2011, es parte de lo que te hace QUIEN ERES HOY y es…

parte de tu MARAVILLOSA VIDA.

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