Carta al niño que pervive en mí

Querido Luis Fernando (niño):
Hoy que es día del niño (en México) y que estoy celebrando la Semana de la Conmemoración de la Vida y la Salud, quiero aprovechar para expresarte todo mi cariño y agradecimiento. Hoy, que estoy cada vez más cerca de cumplir mis 50 primeros años, y que puedo ver en perspectiva mi vida, me doy cuenta de lo valiente que has sido desde que estabas en la primaria, incluso desde antes de que entraras a la escuela, y tuviste que enfrentarte a tantas situaciones difíciles y dolorosas en casa y en la escuela. En casa, no te sentías entendido, tenías mucho miedo por la forma en que los adultos te trataban – a través de una educación autoritaria, juzgándote y reprimiéndote constantemente -, y tú procurabas ser muy obediente para evitar los castigos, pues no tenías más alternativa, al ser sólo un niño pequeño rodeado de adultos llenos de miedo.

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El mayor de mis miedos

Uno de los miedos más difíciles de enfrentar, es el miedo a SER UNO MISMO. Muchas veces, el precio que hay que pagar, es defraudar a aquellos que no nos aceptan por ser quienes somos y que intentan convencernos u obligarnos a ser como DEBEMOS SER, y, por no cumplir esas expectativas, corremos el riesgo de ser rechazados, juzgados, condenados. Sin embargo, si de verdad queremos tener una vida plena y feliz, no podemos sacrificar nuestra verdadera identidad, por nada ni por nadie, debemos enfrentar esos miedos y tener el coraje de decir: Sí, este soy yo, me reconozco como una persona diferente en muchos aspectos, pero no por ello, menos digna, yo también tengo derecho a ser respetado por ser quien soy. Cuando podemos hacerlo, estamos listos para vivir una vida verdadera, la que en realidad nos corresponde, y la única con la que nos podemos sentir realmente satisfechos.

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Los celos: ¿una emoción normal o patológica?

Los celos, cuando llegan a ser patológicos, se presentan más frecuentemente en la relación con la pareja. El celoso siente celos de su compañero o compañera y tiene celos del rival o rivales (real o imaginario), que pone en riesgo la relación.

Sin embargo, es importante insistir en que los celos tienen un valor adaptativo. Sentir celos no es sinónimo de trastorno o patología. Al igual que las demás emociones, son inherentes al ser humano, por lo que no se pueden eliminar, sería tan absurdo como pretender eliminar el miedo, la tristeza, el amor, el enojo lo la alegría.

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El mejor sabotaje personal: creer que “no es tan fácil” alcanzar lo que quieres

“Quisiera alcanzar lo que quiero, pero no es tan fácil¿Qué nos hace pensar que eso es así? ¿qué lo dicen otros? ¿qué lo hemos intentado antes y no hemos podido?
Tal vez en aquellas ocasiones hemos pensado también que no era tan fácil, pero, si es tan difícil de alcanzar, ¿cómo es que otros si lo logran? ¿en qué son diferentes a nosotros? ¿qué capacidades diferentes a las nuestras les permiten conseguir lo que desean?
Quizás su primer y principal herramienta sea, justamente, el uso de un mejor lenguaje. Qué esas personas exitosas a las que nos referimos hayan cambiado la frase “no es tan fácil” por “es sencillo” o “aunque sea complicado, yo puedo lograrlo”.

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Yo tuve miedo hasta que aprendí…

Tuve miedo al amor, hasta que descubrí que soy digno de ser amado por lo que soy, por ser justamente como soy, y que no tengo que convertirme en otro para merecer que me quieran. También, cuando me di cuenta de que, si alguien a quien aprecio o amo se aleja, se va un ser con nombre y apellido, pero no se va con él el amor… que el amor es más que un sentimiento o un apego, es una energía que me pertenece y se genera en mi interior, y que por tanto, si alguien que amo se va, aunque me duela, yo soy capaz de sanar y volver a amar.

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La sana expresión de los sentimientos

Las emociones no son algo abstracto, son energía que se materializa en nuestro interior y ocupa un espacio real. Si nos congestionamos con nuestros sentimientos, en nuestro organismo no queda lugar para nada más a menos que digiera lo que estamos sintiendo, o lo expresemos abiertamente corriendo el riesgo de sentir dolor al hacerlo. Sin embargo, cuando nos atrevemos a decir lo que sentimos, a expresar nuestros sentimientos de miedo, enojo, tristeza, coraje, impotencia, nos sentimos instantantaneamente liberados. Hablar de lo que estamos sintiendo en realidad, sin reprimir las emociones es el primer paso para poder elaborar la experiencia que estamos enfrentando y trascenderla.

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