El fin de los prejuicios

Mi mayor deseo para el próximo año, en el que los Mayas pronosticaron el fin del mundo, es que sea el fin del mundo de los prejuicios. Quiero que terminen de una buena vez y para siempre los prejuicios respecto a:
Que los hombres son mejores que las mujeres.
Que las mujeres nacieron para atender a los hombres.
Que los hombres son fuertes y las mujeres débiles.
Que los hombres son insensibles y las mujeres un manojo de nervios.
Que los homosexuales son pervertidos y promiscuos.
Que la homosexualidad, aunque la ONG diga lo contrario, es una enfermedad y una perversidad.

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La sana expresión de los sentimientos

Las emociones no son algo abstracto, son energía que se materializa en nuestro interior y ocupa un espacio real. Si nos congestionamos con nuestros sentimientos, en nuestro organismo no queda lugar para nada más a menos que digiera lo que estamos sintiendo, o lo expresemos abiertamente corriendo el riesgo de sentir dolor al hacerlo. Sin embargo, cuando nos atrevemos a decir lo que sentimos, a expresar nuestros sentimientos de miedo, enojo, tristeza, coraje, impotencia, nos sentimos instantantaneamente liberados. Hablar de lo que estamos sintiendo en realidad, sin reprimir las emociones es el primer paso para poder elaborar la experiencia que estamos enfrentando y trascenderla.

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¿Se puede enseñar el amor?

Se implanta en las universidades el China una materia para aprender a amar. “La felicidad comienza aprendiendo como manejar las relaciones románticas”. El objetivo es enseñar a los estudiantes a “comprender el significado del amor (…) y aprender a expresar, aceptar, rechazar, mantener o dejar partir al ser amado cuando se termina el amor”.

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