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Las relaciones sanas

si no nos conocemos realmente y no nos aceptamos incondicionalmente, no podremos generar una relación sana, pues proyectaremos en el otro, todo aquello que rechazamos en nosotros mismos, generando conflictos en los cuales no podemos aceptar nuestra responsabilidad. El primer paso que tenemos que dar si queremos tener una relación sana y madura, es conocernos y aceptarnos de manera honesta. De esta manera será mucho más sencillo aceptar al otro como es, sin exigirle que se acople a nuestras necesidades, para cubrir nuestras propias carencias.

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El hombre de las cien máscaras

La sombra es algo que se construye desde muy temprana edad. Cuando niños, si detectamos que hay conductas, emociones, sentimientos o cualidades personales que son rechazadas por nuestros padres o demás seres queridos, las negamos o las reprimimos y tratamos de ser y de actuar como suponemos que ellos desean que seamos o que actuemos. De esa manera, creemos asegurar su cariño y su permanencia en nuestra vida. Sin embargo, el precio que pagamos por ello, es la traición a nuestra verdadera manera de ser y de sentir y por lo tanto, nos negamos la posibilidad del amor y de la felicidad auténticas.

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Darse el permiso de sentir los sentimientos

Las emociones no son sólo algo abstracto, son energía que se materializa en nuestro interior y ocupa un espacio real. Si me congestiono con mis propios sentimientos, mi organismo no tiene lugar para nada más a menos que digiera lo  que estoy sintiendo y lo exprese hacia el exterior de diferentes maneras como llorando, gritando, riendo, empujando o golpeando.

No es suficiente reconocer las emociones y los sentimientos sólo a un nivel racional, necesitamos darnos el permiso de sentirlos y manifestarlos y de compartirlos con otros, en especial en relación con aquel o aquellos que estamos sintiendo eso que sentimos. Reconocer nuestra vulnerabilidad, nos vuelve hermosos, nos convierte en personas reales y no en objetos programados.

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El mayor de mis miedos

Uno de los miedos más difíciles de enfrentar, es el miedo a SER UNO MISMO. Muchas veces, el precio que hay que pagar, es defraudar a aquellos que no nos aceptan por ser quienes somos y que intentan convencernos u obligarnos a ser como DEBEMOS SER, y, por no cumplir esas expectativas, corremos el riesgo de ser rechazados, juzgados, condenados. Sin embargo, si de verdad queremos tener una vida plena y feliz, no podemos sacrificar nuestra verdadera identidad, por nada ni por nadie, debemos enfrentar esos miedos y tener el coraje de decir: Sí, este soy yo, me reconozco como una persona diferente en muchos aspectos, pero no por ello, menos digna, yo también tengo derecho a ser respetado por ser quien soy. Cuando podemos hacerlo, estamos listos para vivir una vida verdadera, la que en realidad nos corresponde, y la única con la que nos podemos sentir realmente satisfechos.

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Dignidad y aceptación plena: con mi vulnerabilidad y mis imperfecciones

La autora Brené Brown nos aconseja que permitamos que nos vean en profundidad, con nuestra vulnerabilidad, que seamos capaces de amar con todo el corazón aunque no haya garantías. Es algo muy difícil practicar la gratitud y la dicha en momentos de terror, pero tenemos que ser capaces de parar y, en vez que va a suceder una catastrofé, decir: estoy agradecido por sentirme vulnerable, pues eso significa que estoy vivo”.

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