El ángel sobreprotector

Sobreproteger no es amar, es dañar y subestimar

Aquellos individuos que recibieron todo en su infancia, sin tener que esforzarse o esforzándose muy poco, se convierten, de adultos en las víctimas eternas que sólo saben quejarse y reclaman constantemente cuando no reciben todo lo que quieren sin hacer nada para ello más que manipular.
Esas personas fueron condicionadas por sus padres a que todo lo merecían con tan sólo extender su mano. Y como aprendieron eso en su familia, creen que todos los demás tienen la misma obligación de cuidarlos y cubrir todas sus necesidades.
Son individuos que, muchas veces, se sienten incapaces de esforzarse, de realizar un trabajo digno, o de tratar para lograr hasta las cosas más sencillas, tratan de obtener todo sin esfuerzo, pues, en el fondo, tienen miedo de no ser capaces de lograr obtener algo a partir de sí mismos y esto, en el fondo, les genera una sensación de inferioridad ante los demás.

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El Credo del Merecimiento del Amor y la Felicidad

¿Te sientes merecedor de recibir el amor, el éxito, el dinero, la aceptación, el respeto y la pertenencia por el simple hecho de ser la persona que eres? O, por el contrario, ¿has aprendido que eso te lo tienes que ganar a través de negar lo que tú eres y convirtiéndote en lo que los otros esperan de ti?
¿Sabes cuál es el costo de eso? La pérdida de tu dignidad, es decir, de tu derecho a merecer respeto por SER LA PERSONA que tú eres por el simple hecho de existir.

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¿Eres más sensible que el resto de la gente?

Todos podemos reconoce a aquellas personas que son en extremo sensibles, que pueden sentirse lastimadas ante la más leve mirada, ante una palabra, un tono de voz que escuchan un poco más fuerte que de costumbre o ante un “no”, por poner tan solo algunos ejemplos. En México, incluso existe una forma de llamarlas: “jarrito de Tlaquepaque”[*].

Una persona que es extremadamente sensible se pone muy ansioso o se siente lastimado ante las reacciones, las palabras o los comportamientos de los demás. Está “calibrada” en un grado superlativo ante lo que los demás dicen o hacen y, con demasiada frecuencia, se toma las cosas de manera personal sin detenerse a comprobar que es así efectivamente, o si las acciones del otro tienen que ver con algo diferente y que no significan que esté rechazando a la persona sensible.

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La química del amor

Helen Fisher es investigadora y autora de varios libros como ¿Por qué amamos? que describe cada aspecto de la experiencia de enamorarse desde un punto de vista científico. Ella ha descubierto, por ejemplo, que de cada cuatro personas que se suicidan cuando una relación se acaba son hombres. Los hombres son tan apasionados como puedan serlo las mujeres y, en efecto, se enamoran más deprisa por una cuestión evolutia.

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Apoyo auténtico

Hay cuatro maneras fundamentales de brindar apoyo y se representan a través de cuatro A’s que son: Atención, Aceptación, Aprecio y Afecto.
La primera forma de recibir apoyo, es cuando alguien me atiende, me mira, me escucha, trata de comprender antes de empezar a juzgar, calificar, querer dirigir. Si me siento atendido, ya estoy recibiendo el principal apoyo que otro me pueda dar.
Si tengo un problema de cualquier índole: sentirme enfermo, estar inseguro, tener miedo de enfrentarme a algo y busco a mi pareja para decirle cómo me siento y qué es lo que me pasa, si él deja lo que está haciendo y me atiende, me está ofreciendo el apoyo que necesito.

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El mayor de mis miedos

Uno de los miedos más difíciles de enfrentar, es el miedo a SER UNO MISMO. Muchas veces, el precio que hay que pagar, es defraudar a aquellos que no nos aceptan por ser quienes somos y que intentan convencernos u obligarnos a ser como DEBEMOS SER, y, por no cumplir esas expectativas, corremos el riesgo de ser rechazados, juzgados, condenados. Sin embargo, si de verdad queremos tener una vida plena y feliz, no podemos sacrificar nuestra verdadera identidad, por nada ni por nadie, debemos enfrentar esos miedos y tener el coraje de decir: Sí, este soy yo, me reconozco como una persona diferente en muchos aspectos, pero no por ello, menos digna, yo también tengo derecho a ser respetado por ser quien soy. Cuando podemos hacerlo, estamos listos para vivir una vida verdadera, la que en realidad nos corresponde, y la única con la que nos podemos sentir realmente satisfechos.

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