Primer demonio del desarrollo personal: Los introyectos

Los introyectos son aquellas ideas, creencias o valores que las personas se tragan sin masticar, ideas o creencias que se aprendieron a temprana edad y que provienen de una persona emocionalmente significativa para el infante: alguno de los padres, abuelos, tíos, profesores o cualquier otra persona a la que el niño consideraba una autoridad moral.
No todos los introyectos son nocivos para la persona, sin embargo, en terapia solemos desvelar los conceptos que le duelen al paciente y que ha interiorizado. Éstos son los que no están beneficiando el buen desarrollo.

Parte de la terapia Gestalt se dedica a localizar estos introyectos, de manera que el paciente pueda ver el mapa que lo ha guiado en su vida. Una vez tiene los patrones a la vista, puede observar cómo le han afectado y decidir si desea seguir aceptándolos o, por el contrario, quiere crear una nueva forma de vida.

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Suelta la actitud de víctima y supera el temor

Aprende a enfrentar tu miedo: primero identifícalo y después acéptalo, sin juicio. Cuando puedas hacer esto pregúntate ¿qué hay detrás de mi miedo? ¿qué está en la raíz de mi miedo? La mayoría de los miedos son a lo desconocido, a aquello que nos genera incertidumbre porque no podemos saber lo que vamos a enfrentar. A pesar de que la incertidumbre es algo natural para todos, no debes permitir que eso te paralice.

Usa tu imaginación y luego enfréntalos para que, poco a poco, puedas entender lo que hay detrás de tus miedos: Miedo a la crítica o al rechazo; miedo al no reconocimiento; miedo a que te dejen de querer; miedo a no tener los recursos para enfrentar un reto, etc. Si puedes enfrentar el miedo real de una situación, será más fácil que encuentres las estrategias para enfrentarlo y superarlo.

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El buen maestro – terapeuta

El buen maestro-terapeuta nunca deja de enseñar, nunca deja de aprender y capacitarse. El buen maestro nunca da por sentado que todo lo sabe o que todo lo entiende; nunca deja de maravillarse. Nunca pierde su inocencia y su capacidad de ser curioso, de dudar de todo, de cuestionar y de indagar acerca de si mismo, de los otros, de la vida. El buen maestro está consciente que todo está en movimiento constante y que todo se transforma permanentemente. El buen maestro no se limita a transmitirle conocimientos a sus alumnos, los enseña a razonar, a ser críticos, responsables, comprometidos y conscientes de la realidad.

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