La verdadera motivación nace del interior

Si quieres alcanzar algo, el paso más difícil es el primero, pero si logras vencer las resistencias para dar ese primer paso y te concentras no en las dificultades ni en las cosas a las que debes renunciar, sino en la meta que quieres alcanzar y en los beneficios que obtendrás al lograrla, estarás del otro lado y todo será, cada vez, más sencillo.
A medida que avances te sentirás más optimista, seguro, contento y confiado. Atrévete a dar ese primer paso. Si no puedes hacerlo solo, pide apoyo. Eso te facilitará las cosas y, poco a poco, te irás sintiendo cada vez más motivado.
¿Qué es la motivación?
Motivación viene de motivar, que a su vez deriva de “mover”. La motivación es aquella fuerza interior que nos mueve y nos permite cambiar, es lo que nos hace emprender una acción. La motivación genera movimiento, es una incitación interna a la acción, un deseo de hacer algo, no sólo de decirlo.
Los dos principales desencadenantes de la motivación son: Escapar del dolor; alcanzar el placer…

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Los límites como punto de encuentro con los otros

Existen límites que nos ayudan a crecer y otros que limitan nuestro desarrollo. Si no sabemos decir NO, porque no toleramos el sentimiento de culpa, estaremos pasando por encima de nosotros y acumulando resentimientos hacia los otros.
Si, por el contrario, los límites tienen que ver con no sentirnos capaces o con el derecho de alcanzar nuestras metas, estamos ante límites negativos, construidos en nuestro pensamiento, que nos impiden alcanzar lo que deseamos.
Los individuos se cuestionan sobre cuándo se debe poner límites y cuándo se deben reducir o eliminar – por ejemplo, aquellos los límites mentales-, que nos impiden alcanzar algún objetivo importante en nuestra vida, que nos hacen pensar que no podemos, que no somos capaces o que no nos merecemos eso que deseamos.
O, por el contrario, cuando debe decir «No» a aquellos que tratan de detenerlo, manipularlo, controlarlo o imponerle obligaciones o acciones que en realidad no le corresponden cumplir. Las personas sienten miedo de que, si dicen «no quiero»; «no me corresponde»; «no me interesa»; «No puedo», esté ante una situación incómoda, de crisis o de riesgo, donde pueden llegar a estar en juego muchas cosas: la relación con un amigo o con la pareja, el trabajo, la «tranquilidad» familiar, sin embargo, si por evitar tener un conflicto con otros, se pasa por encima de uno mismo, los resultados pueden ser aún, mucho más negativos y perjudiciales que si se hubiera enfrentado, simplemente, un NO QUIERO, NO DESEO, NO ME CORRESPONDE, NO PUEDO.
Hay que ser sumamente cuidadosos al momento de decidir poner un límite o no hacerlo, pues de eso, pueden depender muchas cosas.

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Desapego: recuperar la libertad interior

Inicia el Otoño y, a lo primero que nos remite, es a la sensación de soltar. Todo el tiempo estamos cargando cosas muy pesadas como: ideas, pensamientos, creencias, hábitos, costumbres, miles de apegos sin los cuales nos sentimos vulnerables y desprotegidos.
Lo cierto es que todas esas piedras en nuestra mochila, no nos dan ninguna protección. De lo único que sirven, es para hacernos más pesada la carga y más difícil el camino de la existencia.

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Vivir el presente y aceptar la realidad, aunque duela

¿Cuáles son las bases que se necesitan para poder cambiar hábitos negativos que nos generan más insatisfacción que beneficios? Estás son algunas de las condiciones que PABLITO debe comprometerse a seguir para lograr los cambios que quiere alcanzar planteadas por su terapeuta:

Este dispuesto a aceptar la realidad, aunque esta duela.

Quiera estar plenamente consciente de lo que generaba su sufrimiento y asumir su responsabilidad ante ello.

Aceptar que mucho de su sufrimiento tiene que ver con las elecciones que él toma.

Estar dispuesto y comprometido para el cambio y la transformación, a pesar del miedo que eso le pudiera ocasionar.

Aceptara hacerse responsable e su propia vida, sus pensamientos, sentimientos, sus decisiones y sus acciones.

Trabajar de manera comprometida y disciplinada con él (su terapeuta), durante el tiempo que dure el proceso terapéutico.

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Los riesgos de ser perfeccionista

En nuestra sociedad, el ser perfeccionista es visto como una cualidad, algo que todos deberíamos pretender ser si de verdad queremos alcanzar el éxito. Sin embargo, la realidad es muy distinta, como seres humanos, no somos perfectos ni podemos alcanzar la perfección en todo lo que hacemos. Siempre cometeremos errores y, si no somos capaces de aceptarlos maduramente, aprender de ellos, utilizarlos como oportunidad, y, en vez de ello, nos juzgamos, nos criticamos, nos regañamos y nos presionamos constantemente para evitar volver a equivocarnos, estamos lastimando nuestro ser de manera integral, es decir, a nivel físico, emocional, social, espiritual.
No se trata de ser demasiado auto complaciente, poco comprometido, responsable o indisciplinado. Lo que debemos hacer es ser realistas, tolerantes, comprensivos, amables con nosotros mismos. Qué bueno que intentemos hacer las cosas bien, incluso, lo mejor que podamos, pero, si en alguna ocasión no tenemos toda la energía o los recursos para lograrlos o si llegamos, en ocasiones, a equivocarnos y a tener errores, de nada sirve maltratarnos. Lo mejor es aprender de ello para hacerlo mejor en subsiguientes ocasiones.
No olvidemos que somos seres en proceso, que nos estamos construyendo y creando día con día. Nuestro aprendizaje se da en la experiencia cotidiana, a base de prueba y error, no sólo a partir de los aciertos sino también de los fracasos. Ya lo han dicho de muchas maneras los hombres de mayor éxito en la historia en base a su propia experiencia personal.

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A través de los cristales

A mi madre:
Hoy te recuerdo a través de los diferentes cristales en el tiempo. El primero, el del portarretratos donde apareces como una joven de 17 años. Recuerdo como hubo un tiempo en que pensaba que no podía existir nadie más bonita que tú.

Tu rostro de adolescente, tu piel blanca, tus ojos con esa expresión transparente de inocencia. Tu cabello castaño, quebradizo; tus labios rojos, dibujando una línea delgada sobre tu frágil barbilla y detrás de todo esto, una actitud digna y un aire de tristeza.

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