Roles del triángulo dramático: perfil del Perseguidor

terapeuta gestaltEl Perseguidor o Persecutor también puede reconocerse como el juez, el padre crítico o el crítico interno. No importa el género de la persona (masculino o femenino) se trata de un lado obscuro de la energía masculina.

Es la parte que se afirma a sí misma ejerciendo su poder o su fuerza a través de:  atacar al otro protestando, juzgando, culpando, criticando, humillando, amenazando, interrogando, sermoneando y anulando. Una frase que lo delata es: “Si no haces lo que yo digo…” y que va llena de amenaza con la intención de dominar, controlar y someter al otro.

terapeuta_gestaltUn Perseguidor (hombre o mujer) siempre está a la expectativa de los otros con un espíritu negativo, con el dedo acusador siempre visible, exigiendo a los demás que sean como él necesita que sean, acusando y desaprobando casi cualquier comportamiento de los demás, sobre todo si se salen de sus propias normas, exigiendo que los otros, por sobre los que ha extendido su poder y dominio, cambien o se comporten según él desea.

Para el Perseguidor el otro no vale, ni tampoco sus deseos o necesidades, incluso desacreditando sus sentimientos. Es como si los demás fueran seres de segunda o como objetos que existen sólo para servirle a él o ella.

El Perseguidor hace ver a los demás que el es el dueño de la verdad y que los demás son los equivocados. De ahí que se atribuya el derecho a cambiar a los otros y de obligarlos a que se adapten a sus pretensiones sintiéndose con la potestad de castigar a aquellos que no las cumplan.

Otras frases que suelen usar los perseguidores son, por ejemplo:

¡Soy tu marido y me tienes que obedecer! o ¡Yo soy tu mujer y por lo tanto tienes que hace lo que te digo!

– ¡Me debes mucho, que no se te olvide!

– ¡Soy tu madre y vas a hacer lo que yo te digo!

– ¡Porque lo digo yo y punto!

Es frecuente que el Perseguidor recurra a terceros para fortalecer la presión sobre su víctima:

– “¡Ya verás cuando se lo cuente a tu papá!

– “No sólo yo lo pienso, ¡todos en mi casa piensan lo mismo de ti!

Los sentimientos del Perseguidor

terapeuta_gestaltLos Perseguidores, en el fondo, se sienten inseguros, frágiles, intranquilos, son como niños que nunca aprendieron a externar sus sentimientos o fueron castigados o reprimidos cuando lo intentaron en el pasado.

El Perseguidor aprendió a lo largo de su desarrollo que era muy peligroso mostrarse vulnerable. No sería extraño que el Perseguidor hubiera sido víctima de abusos físicos, sexuales o emocionales en la infancia y que, por esa razón, hayan aprendido a sobrevivir identificándose con la figura de un padre crítico que lo haya a su vez mangoneado, controlado y avergonzado ante los demás, un mecanismo de defensa que se denomina: identificación con el agresor y que proporciona un duro caparazón interno para evitar seguir siendo lastimado. (Edwards Gill, 2011)

terapeuta_gestaltA causa de este pasado marcado por el abuso, el perseguidor acumula en su interior mucha rabia que puede estallar en cualquier momento de cólera ante la más mínima provocación. Pero no se debe olvidar que debajo de esa ira, esa actitud de frialdad, indignación o desdén hay muchos sentimientos ocultos de vergüenza o de sentirse insuficiente e inmerecedor.

También alberga una herida profunda de abandono, por eso el perseguidor suele ser celoso y posesivo sin otro fin que ocultar su ansiedad, su dolor y su vergüenza detrás de una imagen dura, controladora y castigadora con la que hacen sentir mal a los demás y evitan reconocer sus verdaderos sentimientos de abandono y dolor.

El Perseguidor necesita sentirte fuerte, poderoso y capaz de controlar, por eso buscan personas que se les dobleguen y que cumplan sus exigencias e imposiciones, a través de hacerlas sentir ansiosas, culpables o insignificantes. Sin embargo, por más que se obstinen en utilizar estos recursos, el sentimiento de vergüenza e inseguridad prevalece, lo que hace que muchas veces endurezcan aún más sus actitudes represoras sobre sus víctimas repitiendo este ciclo hasta el infinito o hasta que su víctima o víctimas dicen ¡Basta!

Intimidación

terapeuta gestaltLos perseguidores pueden ser, aunque a ellos no les guste siempre reconocerlo, muy intimidadores. Sin embargo, ellos consideran que son las víctimas de los demás y de su “mal comportamiento”, sin reconocer sus prácticas de abuso y acoso. Están convencidos de que los demás están obligados a cubrir sus necesidades y acusan de egoístas a los que no están dispuestos a hacerlo.

El Perseguidor es un experto en lanzar acusaciones veladas y comentarios descalificadores; lanza indirectas, da información sesgada y emite amenazas sutiles. Puede decir, por ejemplo: “Haz lo que quieras”, pero en un tono que indica claramente que si la persona hace “lo que quiere” lo lamentará. También, ante una cuestión que le plantea el otro puede simplemente levantar los hombros dando a entender que no está de acuerdo o que no le importa lo que le está diciendo o pidiendo dejando a la persona con una sensación de impotencia, vacío, desvalorización o rabia, por ejemplo, pero que, muy seguramente, no se atreverá a manifestar por temor a una respuesta más claramente agresiva por parte del Perseguidor.

triángulo dramáticoEl Perseguidor suele comprarse la creencia de que él (ella) siempre tiene la razón y no se molesta en considerar o validar las razones del otro. Por el contrario, tiende siempre a defender y justificar su comportamiento agresivo invirtiendo las cosas para hacer sentir a los otros que son los que están equivocados o han sido los responsables de generar un problema y que él es el que tendrá que solucionar las cosas, siempre y cuando, todo vuelva a quedar bajo su control. (Edwars Gill, 2011)

Para el perseguidor el mundo es blanco y negro, todo se divide en bueno o malo sin que haya puntos intermedios y, por supuesto, ellos siempre son los que están del lado positivo y quienes se le opongan del lado negativo. Paradójicamente, en la vida pública, son considerados muchas veces “pilares de la comunidad”, sin importar de lo violentos que resultan ser hacia el interior de su propia familia.

El Perseguidor se considera un ser perfecto por encima de cualquier reclamo. Se atribuye la misión de sacar a la otra parte de su error, no importa si se trata de una persona o de una organización. Considera también que el mundo está lleno de peligros, por lo que siempre tiene que estar a la defensiva. Está convencido de ser una víctima inocente y “libre de culpa”, pues él (ella) lo único que hace es defenderse de los malos.

Para el Perseguidor el ataque es la mejor forma de defensa.

Estar frente a un Perseguidor

terapeuta_gestaltCuando alguien interactúa con el Perseguidor puede llegar a percibir las siguientes sensaciones generadas por la actitud de éste:

  • Estar en un campo de batalla.
  • Ser considerado como el enemigo.
  • Sentir la necesidad de defenderte o justificarte.
  • Sentir la necesidad, ante un tercero en discordia, de ser aliado del Perseguidor a costa de que, si no lo haces, ser considerado también un enemigo de éste.
  • Sentir que tienes que cuidar lo que dices para no ponerlo en tu contra.
  • Tragarte tus palabras cuando piensas diferente que él, pues te das cuenta de que él (ella) nunca aceptará un error ni que está equivocado.
  • Sentir que, aunque intentes defender tu punto de vista, estás condenado o condenada a perder la batalla pues él o ella intentará ganar la batalla a toda costa.
  • Te das cuenta de que si el Perseguidor se siente “en peligro de perder” se encolerizará o bien, aplicará la retirada negándose a seguir conversando, lo que de nuevo deja una sensación de “desarme” o derrota.

la proyección, el mejor recurso de defensa del Persecutor

terapeuta_gestaltEl Persecutor proyecta en el otro su propia ansiedad y busca desesperadamente un “enemigo” con el fin de culpabilizarlo de lo que él siente. No importa quién sea el enemigo, puede tratarse de su compañero o compañera, de un servidor público, un médico, la noticia que escucha en la televisión o el perro, da lo mismo mientras pueda “poner afuera” al enemigo y pueda evitar mirar en el interior de sí mismo.

Si no tiene que ver en su interior tampoco tendrá que reconocer lo que hay detrás de su rabia para reconocer la causa por la que se siente vulnerable, impotente, avergonzado o inseguro y tampoco tendrá que asumir la responsabilidad de sus palabras o sus actos.

Necesidad de control

terapeuta_gestaltEl Perseguidor, por naturaleza, está condicionado: sentirse y mostrarse enojado y crítico ante los otros es una postura cómoda, por lo menos más cómoda que sus temores a sentirse vulnerable. Sabe que si representa este rol impositor y descalificador, puede controlar más fácilmente a los otros y no siente el menor reparo en obligarlos a aceptar sus exigencias o sus ideas.

“Los ‘Perseguidores’ proyectan su lado obscuro – los aspectos inconfesables de su ser- sobre los demás. Cuando tachan a alguien de “egoísta e irresponsable”, están arrojando sobre él su propio egoísmo e irresponsabilidad. Cuando acusan a su pareja de infidelidad, la mayoría de las veces se están negando a admitir su íntimo deseo de dar por finalizada la relación, o bien están pasando por alto su personal contribución que ha movido a su pareja a traicionarle. (…) Vemos, pues, que su falta de ganas de trabajar, su manía, o lo que sea, permanece oculta en su intimidad, si bien esto no obsta para que sea proyectada sobre los demás.” (Edwars Gill, 2011)

El Crítico Interno

terapeuta_gestalt¿Qué pasa cuando el Perseguidor no se manifiesta hacia el ambiente sino hacia el propio interior? Se convierte en el “Crítico Interno”. Es muy frecuente que el Perseguidor no sólo sea estricto con los otros, sino que empiece consigo mismo y después lo haga con los demás. El Perseguidor es perfeccionista por naturaleza, por lo que piensa que nunca alcanza los niveles de calidad autoimpuestos.

Aunque tenga en apariencia una actitud confiada y arrogante – con el fin de autoprotegerse – interiormente está en estado de alerta ante las posibles amenazas, críticas o riesgos de abandono. A pesar de ello a la pareja y a los hijos los tratan como pertenencias más que como personas porque están convencidos de que tienen el derecho de controlarlos.

Por mucho que se critique internamente, es muy raro que el Perseguidor acepte que es crítico, condenatorio, opresivo y abusivo. Siempre tiene la justificación perfecta para su conducta mostrándose ante sí y ante los demás como la víctima que sólo se está defendiendo o bien como de alguien que está tratando de “salvar al mundo”, por lo que en ocasiones se autonombra un “ángel vengador” y ataca, sin el menor escrúpulo, a aquellos que sienten que les ha hecho daño o que los han defraudado.

El persecutor tiene una gran capacidad para convertir lo blanco en negro y lo negro en blanco o de hacer sentir mal a los demás acusándolos de egoístas, absurdos, inadecuados, pero, sobre todo, que están equivocados.

Incapaz de responsabilizarse

terapeuta_gestaltEl persecutor no es capaz de asumir la responsabilidad de sus sentimientos o sus actitudes ni de ser honesto consigo mismo y con los demás. Hacerlo implicaría tocar peligrosamente su vergüenza más profunda. En ocasiones el Perseguidor siente mucha vergüenza e inseguridad propias del rol de Víctima y eso le resulta terriblemente doloroso. Por ejemplo, si golpea a su pareja, enseguida se sentirá muy avergonzado y suplicará perdón a su compañero o compañera. Sin embargo, es más frecuente que le sea más sencillo mostrarse iracundo e irritable señalando a los otros con su dedo acusador.

Cuando hay problemas, su reacción instintiva es mostrarse colérico y acusador humillando al otro y tratando de controlarlo. En caso de que esto no funcionase, recurrirá a la estrategia de mostrarse como la Víctima y mostrar una imagen molesta, dolida y lastimada.

En resumen, los rasgos distintivos del Perseguidor son:

  • Actitud condenatoria, crítica, acusadora y humillante.
  • Actitud y sentimiento de indignación.
  • Separar todo en bueno y malo, blanco y negro.
  • Proclive al control. 
  • Arrogancia y complejo de superioridad.
  • Sentir el derecho de hacer que los otros actúen según sus deseos y necesidades.
  • Necesidad de ser visto como alguien perfecto y libre de culpa.
  • Negación de su propia vergüenza y vulnerabilidad.

 Fuente bibliográfica:  El triángulo dramático de Karpman.  Autor: Gill Edwards. Gaia Ediciones, 2011.

Artículo relacionado a este tema: 

El triángulo dramático: Perseguidor, Salvador y Víctima

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Adriana dice:

    Excelente artículo . Tengo el caso de una relación donde ambos sostienen el rol de persecutores y ninguno logra ver y reconocer al otro, aún. Sólo son por el momento espejo de sí mismos. Gracias por compartir tan valiosa información. Un abrazo!

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    1. Gracias por tu comentario Adriana. En el caso que nos cuentas ambos son persecutores y también intercambian los roles de víctima y salvador. Es la dinámica del triángulo, los elementos van intercambiando los roles cada vez.

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  2. Maria Paz dice:

    Gracias Luis Fernando por esta entrada

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    1. ❤️🙏🏼 Con gusto. Un tema que me pareció importante y de mucho interés.

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