Si por lo menos hubiera sido niña

Bien dice el dicho, “Ten cuidado con lo que pidas porque se te puede cumplir”

Luis Fernando Martínez primer añoLuis Fernando llegó al mundo después de nueve hermanos, él era el décimo hijo de Miguel Martínez y María del Carmen Gómez Rivera.

Su nacimiento fue  un evento feliz e importante para todos pues a sus hermanos les emocionaba tener a un hermanito más en la numerosa familia, un hombrecito después de cinco mujeres seguidas.

En la época en la que Luis nació, todavía eran motivo de orgullo las familias numerosas, mientras más hijos, mayor satisfacción.

Sin embargo Carmen, su madre, María del Carmen, o Carmela,  como a ella le gustaba que la llamaran, por mucho que trataba de convencerse de que era algo de lo que debería alegrarle – el ser nuevamente mamá, no lograba sentirse del todo feliz por ello.

Y era comprensible, tener diez hijos era algo que  se decía fácil, pero implicaba muchafamilia_numerosa responsabilidad y eso le generaba sentimientos contradictorios. ¡Cómo si no fuera suficiente mantener a nueve hijos, educarlos, cuidarlos, darles una formación! Definitivamente, por más orgullosa que se sintiera, tener tantos hijos era algo muy cansado.

Sí, ella tenía muy claro lo que la iglesia decía acerca de tener los hijos que Dios mande, y ella siempre había sido muy obediente con todo lo que ordenara la religión, pero, aun sin ser muy consciente de ello, no podía evitar que le llegaran ciertos pensamientos y cuestionamientos como si realmente ella había querido a este hijo, si en realidad lo esperaba o si había sido un accidente.

mamá CarmelaCarmela no estaba segura de la respuesta. Por un lado, le daba novedad a su vida la llegada de un nuevo hijo, implicaba salir de la rutina de todos los días con sus hijos y le ayudaba a sentirse de nuevo motivada. Pero sólo por algún tiempo, pues, tarde o temprano  eso terminaba, y el recién nacido, se volvía otra carga para ella: más ropa que lavar, comida que preparar, niño a quien bañar, y muchos etcéteras.

Para Carmela era difícil ser sincera consigo misma por la culpa que eso generaba, pero si se daba la oportunidad de serlo, aunque fuera por un momento, tendría que reconocer que, para ella, hubiera sido más que suficiente detenerse con la llegada de su quinta hija Rosa Leticia, que era, además, muy bonita, y por lo tanto, su preferida, pues la veía como su muñeca.

Pero, con este nuevo recién nacido, ella duplicaba el limite de hijos que hubiera querido, mejor dicho Dios, quien era, en última instancia, el que lo decidía. Ella solo tenía que aceptar sus mandatos,  pero por mucha culpa que sintiera, no era algo que le alegrara, más bien, aceptaba, resignada, la voluntad del Señor.

Para Carmen, el pequeño recién llegado significaba también horas de desvelo, y ya no era tan joven ni tenía tanta resistencia como cuando tuvo a los primeros.  Significaba también mas gastos – y eso era algo que le mortificaba especialmente -. No sabia si la cremería de su esposo Miguel daría realmente para los gastos de uno más.

Con lo poco que sacaba de su pequeño negocio, ella tenía que hacer milagros para estirar el gasto y mantenerlos a todos.  Dios proveerá, se decía tratando de convencerse a sí misma, pero sin llegar a creerlo del todo ni ser capaz de liberarse de esa angustia que la asfixiaba y se le instalaba en el pecho de manera permanente.

Carmela voltea a mirar al niño que está en la cuna, junto a su cama de hospital y, con expresión de poca resignación dice para sí misma:

– ¡Si por lo menos hubiera sido niña!

bebé

 Y, al pensarlo, se siente culpable y trata de alejar esa idea de su mente.  Pero la verdad, es que ella prefiere a las mujeres porque son más dóciles y ella puede controlarlas mejor. De eso sí se siente afortunada, de que Dios le haya mandado a sus siete hijas.

familia numerosa

Pero si Dios decidió mandarle un décimo hijo, ¿por qué no le concedió, por lo menos, que fuera niña? ¡Hubiera sido su octava hija! Eso al menos le hubiera ayudado a sentir un poco menos pesada la carga de tener que crear a un hijo más.

Carmen vuelve a suspirar con desaliento. Mira el crucifijo que esta frente a su cama y reflexiona consigo misma:

Son los designios de Dios, y hay que aceptarlos sin protestar si no quiero que Dios me castigue.

Al pensar esto, su mente se queda en blanco por un momento, pero después de un rato, en su corazón vuelve a aparecer la sombra de la duda y un sentimiento de frustración. Mira de nuevo hacia la cuna donde esta el miembro más joven de los Martínez, niega con la cabeza mientras nuevos pensamientos le llegan a la cabeza:

 – ¡Los hombres son tan conflictivos!  Además son unos pecadores, piensan todo el tiempo en eleducación_autoritaria sexo y las mujeres.

 Carmela se siente mal nada más de mencionar la palabra sexo, es una de las palabras más feas que conoce y también, lo sabe muy bien, el sexo es  algo relacionado con el pecado.

Eso se lo han dejado muy claro  sus padres que son los más fieles a las ordenes de  la iglesia.

La única razón que lo justificaba, es porque se utiliza para procrear a los hijos, los hijos de Dios. Fuera de esta función reproductora, el sexo no tiene ninguna otra utilidad, cualquier otra cosa que se haga con él es un acto sucio, pecaminoso y pervertido.

 Por alguna razón que Carmela no logra entender, Dios decidió que el sexo fuera la manera de traer los hijos al mundo, tal vez para recordar que éramos hijos del pecado y que todos habíamos nacido de él.

Pero, aunque Carmela jamás se lo ha confesado a nadie – ni piensa hacerlo nunca, claro está-,  a ella le genera placer tener relaciones con Miguel,  y no poca, sino mucha satisfacción y le da miedo que alguien se entere por temor a condenarse.

terapia-gestaltY el castigo  que ha tenido que pagar por ello, es que  Dios la ha llenado de hijos. ¡Diez hijos, le ha mandado! Nada menos que eso. Y los que le deben faltar pues todavía está en edad de seguir procreando vástagos.

¡Qué susto! De tan solo pensarlo se vuelve a sentirse muy cansada, agotada y deprimida.

Tiene 38 años y 10 hijos. La primera de sus hijas nació hace 20 años, cuando Carmela a penas habría cumplido los diez y ocho.

Eso significa que ha pasado la mayor parte del tiempo siendo mamá y nunca ha tenido la oportunidad de disfrutar realmente de su vida. Esto sí que es sacrificarse por los hijos y la familia, por lo menos ella hubiera esperado que  Dios se lo recompensara de alguna manera, pero no, en vez de eso, Dios le manda otro hijo… y para colmo varón.

¿Será que quiere castigarla por disfrutar de tener relaciones sexuales con su esposo? Prefiere no pensar en eso y se esfuerza en pensar en otra cosa. Voltea hacia la cuna y reflexiona sobre cómo educar a su nuevo hijo:

Pero yo me voy a encargar de que éste niño sea diferente.

Se dice mientras se estira tanto como puede para verle la cara al bebé.

 – Me voy a encargar de que este niño no sea como todos los hombres: un pecador y unbebé pervertido, alguien que sólo piense en mujeres y en sexo. Ya me haré cargo yo de mandarlo al seminario o, si no consigo que se haga sacerdote, algo se me ocurrirá para evitar que se eche a perder. Sí, con la ayuda de Dios, voy a hacer de él alguien diferente.

Y, mirado el crucifijo frente a la cama dice en tono casi suplicante:

Dios mío, ya que decidiste mandármelo, ¡Ayúdame a que no sea como los otros hombres! ¡Quiero que mi hijo sea alguien totalmente diferente! A partir de hoy, Señor,  te lo pediré en todas mis oraciones.

Al decirlo, sonríe, y se siente aliviada y menos culpable por los sucios pensamientos que han pasado por su cabeza. Después se acerca un poco más a la cuna del niño y tocándolo apenas, recorre un poco la cobijita para verle mejor la cara.

 – ¿Y como lo llamare? Ni siquiera ha pensado con qué nombre bautizarte.

Carmen pensó durante todo el embarazó como nombrar a su bebé, pero sólo  pensaba en nombres de mujer, en ninguno de hombre pues tenía todas sus esperanzas en que fuera niña.

Luisa Fernanda_zarzuelaEn el que más había pensado era en Luisa Fernanda. Ella era amante de la zarzuela y ese era el nombre de su pieza favorita. Se queda  pensando un momento sin dejar de mirar a la criatura y finalmente se decide:

-Así te voy a poner, Luis Fernando, como la zarzuela, así por lo menos no me sentiré tan mal. Suena mejor en mujer, pero bueno, Luis Fernando tampoco me desagrada.

El pequeño se empieza a quejar, moviendo las manos e intentando salir de su sueño. Carmen lo mira y hace un gesto de molestia al tiempo que suspira por encima vez.

Ya no tardas en despertar, ¡qué  lata!  No me repongo de una cuando…

Justo en ese momento entra una monja vestida de enfermera que le sonríe y la mira, de una manera un poco forzada diciéndole.

-¿Cómo está, madrecita? ¿Lista para darle de comer al angelito?

No espera la respuesta de Carmela. Va hacia la cuna y toma al niño poniéndoselo en los brazos. Le acomoda al niño de manera mecánica y sale de nuevo de la habitación, dejando a Carmela con el niño para que lo amamante.

Carmela se abre la bata y se dispone a amamantarlo.amamantar

¡Cuatro kilos y medio! ¿Por qué habrás pesado tanto? Ninguno de tus hermanos salió tan pesado. ¡Espero que no sea una señal de que tú serás mi mayor carga!

El niño, sin enterarse más que en comer,  busca el seno de Carmela y empieza a alimentarse de él.

Aunque no puede saber todo lo que pasa por la mente y el corazón de su madre, de alguna manera, absorbe todas sus emociones  a través del alimento.

Lo que ni el niño ni su madre imaginan, es que Dios ha decidido escuchar la petición Carmela de hacer de la criatura un hombre diferente, pero la idea de Dios para cumplir este deseo, está muy lejos de ser la que Carmela espera.

 LA ADOLESCENCIA

terapia_gestalt_adolescentesCuando Luis Fernando está ya en la  adolescencia, Carmela cree que ha hecho una buena labor para cumplir el objetivo que se planteó cuando él estaba en la cuna: ha logrado casi por completo que él sea  un niño tranquilo, que no le provoque mayores conflictos, que sea obediente y que no haga lo que hacen los demás chicos de su edad como beber, fumar o  ir a fiestas para “hacer cosas” con esas chamaquitas de ahora tan descarriadas.

Carmela se ha encargado de inculcarle a Luis Fernando lo mismo que a todos sus demás hijos, y le ha dejado bien claro que  el bien solo existe dentro de la casa, todo lo de afuera, representaba el mal, el pecado, el riesgo y la perdición.

En una ocasión, los compañeros de la secundaria deciden “matar clase” e irse a Chapultepec. De manera sorpresiva hacen algo completamente novedoso, invitan a Luis Fernando a ir con ellos.

Luis, como es natural,  se pone muy nervioso, pero no deja de sentir cierta satisfacción de que sus compañeros esta vez lo quisieran integrar. Lo ve como una oportunidad  para acercarse y mejorar su relación.

Sin embargo, se desanima al pensar que su mamá no le dará permiso. Ya en otras ocasiones le ha preguntado si lo deja ir al cine, y ella, simplemente le dice que no, porque quién sabe qué porquerías irá a ver en el cine, por lo tanto es mejor que se quede en la casa para rezar, hacer la tarea, o cualquier otra cosa de provecho.

Luis les dice a sus compañeros que su mamá no le dará permiso. Ellos insisten y lo acompañan aterapia-gestalt su casa para convencer a su mama de que lo deje ir.

Luis tiene más miedo ahora que sus compañeros han decidido venir a hablar con su madre, pues ellos no la conocen como él. Pero, es tanta la insistencia de ellos, que no tiene más remedio que llevarlos a su casa.

Al llegar al domicilio, él les pide que esperen pues quiere intentarlo primero por su cuenta. Entra a la casa mientras sus compañeros se quedan esperando en el patio.  Luis encuentra a su madre, como siempre, en el lavadero y con una gran montaña de ropa que va remojando y tallando con fuerza con un jabón de barra.

– Mamá – la llama Luis Fernando.

terapia_gestalt_adolescentesCarmela voltea y se sorprende de que no esté en la escuela.

-¿Qué haces aquí? ¿Por qué no estás en clases?

No llego la maestra de Química y nos avisó la prefecta que tampoco iba a ir el de Física. Por eso te quiero preguntar si me das permiso de ir a Chapultepec con mis compañeros.

Carmen hace una mueca de desaprobación.

¿Chapultepec? Aquí hay muchas cosas que hacer, ponte mejor a arreglar el patio aprovechando que llegaste temprano.

Luis Fernando se queda inmóvil sin saber qué hacer. Sabe que sus amigos lo están esperando en la entrada de la casa, y eso lo obliga a insistir.

Ándale, mamá. Dame permiso, también van mis compañeras y….terapia_gestalt_adolescentes

¡Menos vas! Sabrá Dios que vayan a hacer con esas muchachitas que de seguro son unas descarriadas. Yo no sé cómo sus papás las dejan hacer lo que se les pega la gana.

Luis Fernando se da cuenta que no vale la pena seguir insistiendo. Sale en silencio, sin decir nada más, y va hacia la entrada a encontrarse con su grupo de compañeros y les dice:

-Ya lo sabía, no me dejaron.

Los amigos lo miran sin creerle.

-No seas sangrón, ¿cómo no te va a dejar?

Luis los mira, niega con la cabeza y la agacha avergonzado.

Déjanos hablar a nosotros con ella – le dice uno de sus compañeros.

Luis Fernando se quiere negar, pero tiene miedo de provocar de nuevo las burlas e ellos, por lo tanto asiente, y les hace una seña para que lo sigan. Aunque no lo aparenta, está temblando por dentro, pues tiene mucho miedo de que su mamá lo avergüence  ante sus amigos y haga que las cosas se pongan más difíciles con ellos.

Una vez delante de Carmela, en el mismo lugar donde Luis Fernando habló con ella, uno de los chicos le dice sin amedrentarse en lo más mínimo:

Seño, ¿puede dejar ir a su hijo con nosotros a Chapu? Vamos a regresar temprano.

No – le responde Carmela, fastidiada – ya le dije que aquí hay muchas cosas que hacer.

-Pero no nos vamos a tardar.

Carmela voltea y lo ve con su clásica mirada fija y penetrante. El chico se siente amedrentado y decide no insistir. Todo el grupo sale por donde llegó, sin ni siquiera voltear a ver a Luis Fernando que se queda clavado en el piso, más asustado y avergonzado que nunca en su vida.

A partir de ese momento las cosas van de mal en peor para Fernando. Si antes se burlaban de él por ser tan tímido y retraído, ahora no lo bajan de maricón por hacer lo que su madre le dice sin atreverse a desobedecerla y le hacen burla por tenerle miedo.

terapia_gestaltYo siempre lo dije, que eras puto.

-¡Yo también ya sabía que no eras hombrecito!

-Con ver como te trata tu mamá, ya nos podemos imaginar cualquier cosa.

-¡Eres un güero puto!

-¡Sí! ¡güero maricón! ¡güero maricón!

El grupo de chicos ríe mientras siguen coreando entre todos sus burlas. Luis se siente sólo, humillado, avergonzado, pero no puede hacer nada,  su única salida es darse la vuelta y alejarse mientras los demás se siguen divirtiendo a sus costillas.

Carmela, por su parte, está tranquila pues ha hecho lo que tenía que hacer: cuidar a Luis Fernando de  las malas influencias para que no caiga en pecado haciendo cosas sucias con esos muchachitos sin educación ni clase.

También se siente satisfecha de  cumplir la promesa de hacer a su hijo alguien diferente a los demás hombres, alejándolo del sexo, las mujeres y el pecado.

Pero de lo que se enterará más adelante, es que Dios también cumplirá su promesa cuando su hijo Luis Fernando descubra que, definitivamente, no le gustan las mujeres, sino los hombres y decida su orientación homosexual.

Carmela, cuando hizo aquella plegaria, seguramente no había escuchado aquello de

“Ten cuidado con lo que pides, porque se te puede cumplir”,

y Dios no cumple a medias, cuando accede a nuestras peticiones, el las cumple plenamente.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. esmeralda dice:

    Es un artículo muy interesante e importante para mi, y que deberia ser mas difundido, y verdaderamente Dios le dio a Carmela un hijo diferente, que digo diferente excepcional, un ser del que se aprende mucho, Te admiro y eres para mi un ser especial, gracias por estar en mi vida aydandome a crecer saludos Esmeralda

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    1. Te adoro. Tú también eres una mujer especial e importante para mí. Cada oportunidad que me das de conocerte más, más te admiro y te quiero. Gracias por darme el placer y la gran oportunidad de acompañarte. Es un regalo que me das y que me da la vida. Te quiero.

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  2. ANDREA CARLOTA GARCIA ROJAS CONTRERAS dice:

    Dejar en libertad a los hijos enseñandolos a ser responsables de su propia vida es fundamental, esa libertad puede ser arma de dos filos, cuando no se le a respetado como individuo, como ser humano, muchas madres “educan” a sus hijos desde el temor y el miedo … Que èste ejemplo sirva para darnos cuenta como educamos a nuestros hijos…
    Un saludo afectuoso…. YO NEOS

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    1. Como siempre, Andrea, gracias por tus palabras, por tus consejos producto de tu experiencia y por tu cariño. Siempre son enriquecedores tus comentarios.

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