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Todo sobre mi madre: consejos para enfrentar la pérdida de un ser querido.

Muchas veces, ante una pérdida, los seres humanos se enfrentan a asuntos inconclusos con la persona que se ha marchado. Estos pueden representar aquellas cosas, positivas o negativas, que no se expresaron en vida, principalmente sentimientos como la culpa, el perdón, el enojo, la tristeza, el agradecimiento o el cariño. La terapia Gestalt ofrece diversas estrategias para poder cerrar dichos asuntos como pueden ser el uso de rituales, la escritura terapéutica, las visualizaciones y, quizás la más importante, la técnica de la silla vacía creada o, por lo menos popularizada, por el padre de la Gestalt Fritz Perls.

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El embaucador agresivo: la cara opuesta de la asertividad

A diferencia de la agresión física, la agresividad psicológica no siempre es fácil de identificar, sobre todo cuando se esconde detrás de una máscara de cortesía, llegando a parecer socialmente aceptable.
Gestalt Sin FronterasHay que ser muy observador para poder reconocer la intención del agresivo detrás de frases aparentemente amables y agradecidas como: “Qué buen amigo eres al prestarme tu carro siempre que lo necesito, lamento que a veces tú tengas que andar a pie”. “Eres una santa al encargarte de todo sin exigir nada a cambio”. “Me siento tan feliz con alguien como tú, capaz de sacrificarse tanto por amor.” Estas son las frases de un agresivo embaucador y no demuestran amor, ni consideración, ni equidad, todo lo contrario, lo que muestran es como la persona embaucadora es lo suficientemente inteligente para pasar por encima de los demás y todavía pretender que le den las gracias al aparentar ser muy agradecido.

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terapia Gestalt y resolución de conflictos

Éxito es: no perder de vista lo realmente importante

La dificultad excesiva para inhibir las respuestas impulsivas ante las necesidades o deseos internos o ante los estímulos externos deteriora la capacidad de autogobernarse y, por tanto, obstaculiza una serie de procesos cognitivos básicos para el aprendizaje.
Es obvio subrayar que cuando la impulsividad se presenta acompañada de conducta agresiva frecuente, el individuo se encuentra con obstáculos significativos para establecer relaciones sociales positivas con sus cuidadores o para lograr sus objetivos y satisfacer sus necesidades. Es por ello, que resulta muy importante aprender a no perder de vista cuál es el objetivo que se desea alcanzar más allá de los impulsos a enojarse, salirse de control y querer demostrarles a los demás que uno es el que tiene la razón. No es una cuestión de “tener la razón”, pues la realidad es que cada quien tiene las suyas, por mucho que eso nos frustre, de lo que se trata es de mantener la mente fría y la atención suficiente para reconocer (o para no olvidar) cuál es el verdadero “paquete” que queremos obtener y encontrar las mejores alternativas para lograrlo.

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Yo tuve miedo hasta que aprendí…

Tuve miedo al amor, hasta que descubrí que soy digno de ser amado por lo que soy, por ser justamente como soy, y que no tengo que convertirme en otro para merecer que me quieran. También, cuando me di cuenta de que, si alguien a quien aprecio o amo se aleja, se va un ser con nombre y apellido, pero no se va con él el amor… que el amor es más que un sentimiento o un apego, es una energía que me pertenece y se genera en mi interior, y que por tanto, si alguien que amo se va, aunque me duela, yo soy capaz de sanar y volver a amar.

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La sana expresión de los sentimientos

Las emociones no son algo abstracto, son energía que se materializa en nuestro interior y ocupa un espacio real. Si nos congestionamos con nuestros sentimientos, en nuestro organismo no queda lugar para nada más a menos que digiera lo que estamos sintiendo, o lo expresemos abiertamente corriendo el riesgo de sentir dolor al hacerlo. Sin embargo, cuando nos atrevemos a decir lo que sentimos, a expresar nuestros sentimientos de miedo, enojo, tristeza, coraje, impotencia, nos sentimos instantantaneamente liberados. Hablar de lo que estamos sintiendo en realidad, sin reprimir las emociones es el primer paso para poder elaborar la experiencia que estamos enfrentando y trascenderla.

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Carta al señor Tumor Hipofisario

Cuando un evento, experiencia o enfermedad pone en riesgo nuestra integridad física o, incluso, nuestra vida, tenemos muchos sentimientos como rabia, miedo, impotencia, coraje, tristeza. Antes de tratar de entender racionalmente las cosas o, incluso, tratar de encontrarle un sentido a lo que nos está sucediendo, es importante reconocer los sentimientos “negativos” que estamos sintiendo y expresarlos de alguna manera. Esta carta escrita al tumor en mi cabeza, es una herramienta que propongo para ello.

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