El hombre de las cien máscaras

La sombra es algo que se construye desde muy temprana edad. Cuando niños, si detectamos que hay conductas, emociones, sentimientos o cualidades personales que son rechazadas por nuestros padres o demás seres queridos, las negamos o las reprimimos y tratamos de ser y de actuar como suponemos que ellos desean que seamos o que actuemos. De esa manera, creemos asegurar su cariño y su permanencia en nuestra vida. Sin embargo, el precio que pagamos por ello, es la traición a nuestra verdadera manera de ser y de sentir y por lo tanto, nos negamos la posibilidad del amor y de la felicidad auténticas.

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Los hijos: una oportunidad para crecer como personas

Educar es una de las labores más importantes que puede realizar un ser humano ya que, a través de ella, los niños van descubriendo quiénes son y quiénes pueden llegar a ser. Desde edades muy tempranas comienza a perfilarse la conexión – o desconexión – con la vida, el manejo de las situaciones difíciles, el tipo de relaciones que se establecen con los demás, la conciencia de los propios recursos, los sentimientos hacia uno mismo y cómo se sitúa uno ante el mundo.

Educar no es transmitir información o conocimientos. La vida es mucho más que eso. Educar es acompañar en el camino del autodescubrimiento, apoyar en los momentos de dificultad, y ofrecer las herramientas, estrategias y posibilidades para que los niños puedan adentrarse en la aventura de la vida confiados y encontrando su propio sentido.

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Autocompasión Vs. Responsabilización

Cuando logras salir del drama y dejas de quejarte, es cuando en realidad, comienzas a vivir. Y, muchas veces, es la propia vida a partir de experiencias traumáticas, quien te ayuda a encontrar el sentido de tu vida y te empuja de tu rincón donde estás lamiéndote las heridas, obligándote a regresar a la vida real y tomar las riendas de tu propio destino. Mientras más pronto aprendamos a escuchar la voz de la vida, más pronto empezaremos a tener una verdadera existencia, una existencia, que valga la pena vivir.

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La terapia gestalt no es cosa de niños

Efectivamente, la terapia gestalt no es cosa sólo niños, es también asunto de adolescentes, mujeres y, por supuesto, para hombres. Hombres lo suficientemente fuertes para enfrentarse a sus sentimientos, sus necesidades, sus deseos, en pocas palabras, a su vulnerabilidad.

Todo ser humano es vulnerable, aunque se niegue a reconocerlo o enfrentarlo, pero alguien inteligente y con valor y coraje, no es aquel que se engaña diciendo “yo solo puedo” “no necesito de nadie más para enfrentar mis problemas ni para salir adelante en mi vida”, sino aquel que no rehuye sus miedos, que los enfrenta cara a cara, que se atreve a pedir apoyo para conocerse y reconocerse de una manera más real.

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