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El fracaso es la semilla del éxito y el éxito, la semilla del fracaso.

El éxito y el fracaso son en realidad, dos caras de una misma moneda en un proceso dinámico e infinito. Son lo mismo y no pueden existir el uno sin el otro pues actúan en un constante proceso dinámico donde SIEMPRE uno viene seguido del otro. Por lo tanto, si te niegas a aceptar el fracaso, despídete también del éxito. Si te interesa realmente el éxito, acepta entonces la necesidad de fracasar sabiendo que en cada fracaso está la posibilidad o el germen del éxito.

Mientras más relajados estemos y más aceptemos las muchas posibilidades de equivocarnos que tenemos – por nuestra causa o, muchas veces, por causas externas -, paradójicamente, más existirá la posibilidad que, con esta actitud, nos equivoquemos menos. Pero cuando a la persona la domina el miedo a equivocarse, a fallar o a fracasar porque piensa que eso le atraerá el rechazo, el juicio, la burla o la decepción de otros, más estresado actuará y más posibilidades tendrá de equivocarse más rápido y de forma más dramática o dolorosa lastimando, además, su amor propio o valía personal.
En este artículo leerás también, algunos buenos consejos de cómo enfrentarte al fracaso para obtener de él, buenas semillas para le éxito en tus proyectos y en tu vida. Después de todo, no deseamos tanto el triunfo como ser felices.

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La verdadera fórmula de la felicidad y el éxito

Existen maneras comprobadas de entrenar al cerebro para que se vuelva más positivo y podamos ser felices todo el tiempo, no sólo cuando alcanzamos las metas o los objetivos, sino durante todo el proceso.
Sólo hacen falta cinco minutos, durante 21 días para que podemos readaptar al cerebro, permitiendo así que funcione con más optimismo y obtenga mayor éxito en nuestras metas.
Las actividades que te voy a sugerir son muy sencillas y sólo tienes que realizarlas de manera comprometida y disciplinada para que construyas el hábito de hacer feliz a tu cerebro todo el tiempo y no sólo cuando logras alcanzar tus metas.

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Demasiado difícil para lograrlo

La forma más sencilla de evitar algo que se interpone en nuestro camino para alcanzar un reto, es eliminarlo. Si se trata de palabras limitativas (y poco reales) como “demasiado, muy o mucho”, entonces, hay que eliminarla de nuestro vocabulario cotidiano.

En realidad, no hay nada que sea realmente “demasiado algo”. Es más útil asumir la responsabilidad y elegir si queremos o no hacer las cosas. Por ejemplo, si me escucho decir: “estoy demasiado viejo para empezar a hacer ejercicio” puedo intentar cambiar la frase para decir: “tengo 50 años y elijo no hacer ejercicio” o bien “tengo 70 años y elijo empezar a hacer ejercicio de manera adecuada para mi edad”.

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