El Credo del Merecimiento del Amor y la Felicidad

¿Te sientes merecedor de recibir el amor, el éxito, el dinero, la aceptación, el respeto y la pertenencia por el simple hecho de ser la persona que eres? O, por el contrario, ¿has aprendido que eso te lo tienes que ganar a través de negar lo que tú eres y convirtiéndote en lo que los otros esperan de ti?
¿Sabes cuál es el costo de eso? La pérdida de tu dignidad, es decir, de tu derecho a merecer respeto por SER LA PERSONA que tú eres por el simple hecho de existir.

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La dificultad de sentirse merecedor

Simplemente, por el hecho de ser personas, por el hecho de existir, ya merecemos todo el amor, la paz, la salud, la prosperidad y el bienestar que estemos dispuestos a recibir, siempre y cuando sintamos que la merecemos.
Pero ¿Cómo conectarnos con la abundancia que nos ofrece la vida?, ayuda comprender como nos relacionamos con la realidad de la vida, como percibimos la Verdad, el Amor y la Energía que hay en ella.

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Los riesgos de ser perfeccionista

En nuestra sociedad, el ser perfeccionista es visto como una cualidad, algo que todos deberíamos pretender ser si de verdad queremos alcanzar el éxito. Sin embargo, la realidad es muy distinta, como seres humanos, no somos perfectos ni podemos alcanzar la perfección en todo lo que hacemos. Siempre cometeremos errores y, si no somos capaces de aceptarlos maduramente, aprender de ellos, utilizarlos como oportunidad, y, en vez de ello, nos juzgamos, nos criticamos, nos regañamos y nos presionamos constantemente para evitar volver a equivocarnos, estamos lastimando nuestro ser de manera integral, es decir, a nivel físico, emocional, social, espiritual.
No se trata de ser demasiado auto complaciente, poco comprometido, responsable o indisciplinado. Lo que debemos hacer es ser realistas, tolerantes, comprensivos, amables con nosotros mismos. Qué bueno que intentemos hacer las cosas bien, incluso, lo mejor que podamos, pero, si en alguna ocasión no tenemos toda la energía o los recursos para lograrlos o si llegamos, en ocasiones, a equivocarnos y a tener errores, de nada sirve maltratarnos. Lo mejor es aprender de ello para hacerlo mejor en subsiguientes ocasiones.
No olvidemos que somos seres en proceso, que nos estamos construyendo y creando día con día. Nuestro aprendizaje se da en la experiencia cotidiana, a base de prueba y error, no sólo a partir de los aciertos sino también de los fracasos. Ya lo han dicho de muchas maneras los hombres de mayor éxito en la historia en base a su propia experiencia personal.

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La influencia del temperamento en las relaciones

Un factor que influye mucho en la forma en que nos comunicamos los seres humanos es el temperamento, el cual no se aprende, sino que tiene un origen hereditario. Hipócrates fue, desde la antigüedad, el primero en desarrollar una clasificación de los diferentes temperamentos y también comprobó que el tipo de temperamento de cada quien afecta la conducta de las personas de una manera inconsciente.

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La seguridad en la pareja favorece la salud integral

Por mucho que en la actualidad se juzgue la dependencia a otra persona como algo poco sano, la realidad es que el ser humano necesita del apego a una figura de seguridad desde que nace, hasta que muere. Por eso necesitamos encontrar a una persona emocionalmente accesible, que esté dispuesta a estar ahí, para nosotros, para apoyarnos y para brindarnos seguridad. Cuando la encontramos, nos sentimos menos tensos, menos ansiosos y tenemos más posibilidades de encontrar la felicidad plena. Por el contrario, cuando no tenemos la respuesta de seguridad que buscamos, podemos vernos afectados en mayor o menos medida, en nuestra salud física, emocional y espiritualmente.

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Abrirse al amor y confiar

Esta semana, durante la sesión, un paciente me dijo, en tono de confesión, que estaba listo para el amor, después de lo que hemos trabajado durante varias sesiones. Emocionado expresó que ahora sabía bien que lo que más deseaba era un compañero de vida para ser feliz, pero que ahora, lo que lo confundía era que no sabía lo que tenía que hacer.
Yo le dije que tal vez, lo que tenía que hacer, era no hacer nada… El me miró con decepción y me respondió que eso era algo que no podía hacer, pues no sabía quedarse sin hacer nada, y menos ahora que sabía lo que quería. Por esa razón, él estaba convencido de que necesitaba hacer algo.

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