Palabras del corazón


A MI QUERIDA PRIMA CARO

Recientemente, enfrenté la noticia de la reaparición de un problema que tuve hace cuatro años, consistente en un tumor en la cabeza, en la zona conocida como “la silla turca” justo en el área donde se encuentra la hipófisis.

Este evento me ha hecho tocar, de nueva cuenta, toda mi vulnerabilidad y mi miedo a morir. Son esos momentos de la vida, donde se necesita del apoyo incondicional de los otros, los seres queridos, para poder enfrentar algo que está más allá de todas nuestras posibilidades de control.

Cuando le expreso a la gente cercana lo que me está sucediendo, muchos se quedan desconcertados y sin palabras. Algunos amigos me lo han expresado así, literalmente: “Siento mucho lo que te pasa, pero no me había puesto en contacto porque no sé qué decirte“. O bien, simplemente: “Perdóname, me duele lo que te pasa, pero no tengo palabras”.

¿Por qué sucede esto? Desde mi  punto de vista, creo que, los seres humanos, consideramos indispensable tener las palabras exactas que se

lenguaje formal o racional

deben decir en cada circunstancia, desde una parte racional. Como si no pudiéramos equivocarnos en lo que decimos y tuviéramos que decir las palabras exactas que se requieren o que la otra persona espera escuchar.

Por eso, en nuestra cultura, se han  generado ciertas “fórmulas sociales” para cada tipo de evento como: “lo siento mucho”; “estoy contigo”; “mi más sentido pésame”; “vas a ver como todo es para bien”; “te acompaño en tu pena”; “ya verás como esto pasa pronto”; “piensa positivamente”; “todo va a salir bien, ya verás”; “no te preocupes, tú eres una buena persona y lo vas a poder superar”.

No creo que estas fórmulas sean en sí un problema, mientras uno lo expresando desde el corazón.

Esa es la diferencia entre decir algo que no se está sintiendo, a decir algo que realmente auténtico. Que no se busca tanto en la cabeza lo que se quiere decir, aquello que debe ser lo correcto, lo exacto, sino lo que realmente habla de lo que se está sintiendo por la otra persona o por lo que está viviendo.

Un buen ejemplo de esto es lo que me sucedió al hablar con una de mis primas, la más querida, mi prima Carolina, en relación a lo que me está pasando actualmente.

Mi prima, como muchos otras personas que me quieren y me aprecian,  me decía que no encontraba las palabras para decirme todo lo que sentía, ni para transmitirme su cariño. Después, soltó su mente y empezó a fluir y a decir con lo que sentía, a hablar con el corazón.

mujer sensible
Una prima con corazón

En completa conexión con mi prima, también me desconecté de mi mente, sin que yo tuviera que hacer nada especial, y sus  palabras  llegaron directo a mi corazón.

Conmovido, empecé a llorar como un niño, (no, en realidad, a llorar como un hombre). Sentí, como  mi prima, a cientos de kilometros, se transportaba hasta donde yo estaba, transformada en energía amorosa, y me abrazaba plenamente llenándome de paz y serenidad.

Algo le dije, no recuerdo exactamente las palabras  y lo que me respondió me conmovió aún más. Me confesó que, desde la muerte de su hijo de veinte tantos años, no había vuelto a sentir algo igual más que ahora, conmigo, por lo que estaba pasando respecto a la reaparición del tumor en mi cabeza.

Que me dijera eso, que sólo con su hijo se había sentido como se sentía ahora (dolida, preocupada, pero sobre todo, cercana, cariñosa, en conexión conmigo), fue el acto más amoroso que mi prima me podía otorgar en ese momento.

No eran tanto las palabras con las que lo hiciera, sino conocer su intención y su significado lo que superaba cualquier expectativa que yo pudiera tener y cualquier cosa “racional y precisa” que ella me pudiera decir.

Seguí llorando varios minutos sin poder hablar, y ella sólo me decía lo mucho que me quería y me admiraba, y lo confiada en que estaba en que yo podría superar lo que me estaba sucediendo para poderle seguir brindando a ella, y a otros, fuerza, contención, apoyo y esperanza.

Lamenté tener que concluir nuestra conversación pues tenía que ir a atender a una paciente, pero lo que me había dicho con esas palabras llenas de cariño, admiración y reconocimiento, se quedaron vibrando con todas sus fuerzas en mi corazón y en todo mi ser.

Ese día, Caro estuvo conmigo en todas las sesiones y lo que había sentido con ella, estoy seguro, fue lo que me permitió ser un terapeuta más comprensivo y compasivo,  capaz de hablar a mis pacientes, no sólo con la mente, sino, principalmente, como lo hizo Carolina conmigo, desde lo mas profundo del corazón.


Prima
Carolina Legaria
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