Apego al dolor

anhelar un mundo color de rosa

La vida, de manera indiscutiblemente, está compuesta tanto de experiencias agradables, como desagradables. Aquellos que se aferran en buscar sólo la felicidad, el placer o el bienestar, y se  niegan a reconocer que la también, parte de la vida implica la lucha, el  trabajo, asumir  la responsabilidad y  el compromiso, están viviendo una ilusión, una realidad parcial que podría ser un sueño, una novela, una película, pero no la vida auténtica. Para alcanzar la felicidad madura, es necesario reconocer que, paradójicamente, los retos, las dificultades, las pérdidas y el dolor, por mencionar sólo algunos factores, son también parte de una vida feliz realista.

Sin embargo, también existen en el otro extremo, las personas que, por alguna razón, se vuelven adictas al dolor o al sufrimiento. Por más que amigos, familiares, profesionistas de la salud los quieran ayudar, ellos se niegan a renunciar a su vida llena de limitaciones, padecimientos y frustraciones.  Podríamos pensar que, a este tipo de personas casadas con el dolor,  en algún momento  de su vida eso les funcionó para obtener algo: atención, cuidados, o simplemente fue su única manera de sentirse vistos, tomados en cuenta, y sigan creyendo que, en el presente, esa es la única manera de obtener la atención que necesitan.

Y aunque ese momento ya pasó (me refiero a la época en que lograban ser tomados en cuenta a partir de mostrarse inválidos,

Repetir las respuestas del pasado

indefensos, necesitados de consuelo por su sufrimiento, etc.)  que es cosa de allá y entonces, en el aquí y ahora se siguen aferrando a las respuestas conocidas del pasado y no se atreven -quizas ni siquiera lo vean como una posibilidad-, a intentar descubrir otras formas de llenar sus necesidades, soluciones menos dolorosas, cansadas o agobiantes para obtener, por ejemplo, atención,  amor, o simplemente,  sentirse vistas y tomadas en cuenta. Es como si el tiempo se detuviera y creyeran que nada ha cambiado, que siguen atrapados en la soledad, la vulnerabilidad y la indefención de cuando tenían tan sólo dos, tres, cinco años. A esta actitud de quedarse atrapadas en el pasado es lo que  los terapeutas gestalt llamamos “Experiencias obsoletas” .

Las Experiencias Obsoletas

experiencias obsoletas

Las experiencias obsoletas son aquellas experiencias del pasado donde no logramos satisfacer nuestras necesidades de aquel momento (cerrar la gestalt) completamente. Se cerraron de alguna manera, pero no de una forma totalmente satisfactoria pues, quizas, tuvimos que pagar un precio muy alto para resolver nuestras carencias. Por poner un ejemplo, al no lograr que mis padres me valoraran por ser como era, yo, de manera consciente o inconsciente, decidí hacer todo lo que ellos me pedían (obediencia absoluta) pues era la única manera de que ellos me dieran el reconocimiento que necesitaba.

Al crecer y volverme adulto, sigo pensando que, la única manera de ser reconocido por otros, es haciendo lo que esperan de mí y renunciando a ser una persona auténtica. Aunque con quien me relacione ahora no sean mis padres, generalizo y me convenzo de que todas las personas actuarán al igual que ellos y que, por lo tanto, yo necesito seguir reproduciendo la misma conducta que a los 5 años sin considerar que, muy probablemente, en el presente puedo encontrar a personas que me amen por lo que soy y no por lo que esperan de mí. Si este es el caso, estamos ante una experiencia obsoleta, no actualizada con la realidad presente y fijada en la forma en que se desarrollaba en mi infancia.

 Si utilizamos el alimento como metáfora, es como si no hubiéramos sio alimentados  sanamente por nuestros padres y nos quedáramos, para siempre, con la sensación de hambre o de insatisfacción. ¿Pueden imaginarse qué terrible sería? pues lo mismo ocurre cuando una persona en el pasado no encontró el amor de sus padres, las caricias, las palabras amables, las sonrisas, sino, todo lo contrario: golpes, muecas, gritos, regaños, o peor aún, indiferencia. En esos casos, cuando la persona crece, se queda “apegada” a esa experiencia, anhelando encontrar la manera de llenar esa necesidad, pero sin reconocer las posibilidades y la realidad del tiempo presente, sino, con los lentes del pasado.

Estos individuos no son capaces de darse cuenta de que, por ejemplo, si su madre nunca la abrazó, es quizas porque no sabe cómo hacerlo, porque, probablemente, ella misma nunca recibió muestras físicas de cariño, por lo que no se siente capaz de expresar de esta manera el amor. Si la persona sigue esperando que su madre cambie su actitud y aprenda a expresar su amor, es porque no ha aprendido a aceptarla tal y como es. Es, como dice la tradición popular, seguir “pidiendo peras al almo”, querer encontrar aspirinas en la ferretería o en una tienda de zapatos. Si esta persona quisiera realmente resolver su problema y llenar su necesidad de afecto, tendría que aceptar que su madre es incapaz de demostrarle el amor como él o ella espera y aceptar la manera en que ella fuera capaz de demostrárselo o bien, aceptar que su madre es capaz de dar o demostrar el amor y buscarlo en otra parte que no sea en ella.

El Ajuste Creativo

Es comprensible que un niño se sienta terriblemente mal si sus padres no son capaces de darles seguridad y afecto. Para un infante, eso puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. Sin embargo, alguien que, a pesar de estas carencias o experiencias dolorosas logró sobrevivir, tendría que ser capaz de reconocer que ya no necesita, para lograr ser feliz, ni siquiera para seguir con su vida, de eso que no tuvo de las personas que fueron  significativas para su sobrevivencia porque dependía totalmente de ellas. Si, a pesar de las carencias,  logró convertirse en un adulto, es que de alguna manera consiguió llenar esa necesidad con los recursos con los que contaba en aquel momento, aunque no fuera, seguramente,  de la forma más satisfactoria. Es lo que en Gestalt se denomina “el Ajuste Creativo”,  semejante a lo que en psicoanálisis se conoce como “mecanismos de defensa”.

ajuste creativo

¿Por qué ajuste creativo? porque en Gestalt consideramos que las personas siempre hacemos lo mejor que podemos con los recursos que contamos en un momento determinado. Por lo tanto, no pueden considerarse simple y llanamente actos neuróticos, pues, finalmente, lo que haya hecho la persona en ese momento le ayudó a sobrevivir y utilizó los recursos con los que en ese momento contaba de la mejor manera posible.

Para ejemplificar lo anterior, recuerdo el caso de una paciente que comentó en una sesión una situación que había sido muy dolorosa para ella, pero me lo dijo de una manera completamente tranquila, como si se tratara de algo que no le afectaba en realidad. Yo le reflejé esto, le dije que me impresionaba que me estuviera hablando de algo que me impactaba mucho tan sólo de escucharla y que, sin embargo, a ella que la había enfrentado la percibía muy tranquila. Entonces me dijo que ella, desde niña, había tenido que ver por toda su familia (su madre y sus hermanos) cuando el padre los había abandonado y que, desde entonces, había aprendido a ser “la fuerte”.

Esa era la razón en la que ella se explicaba porque, ante una situación dolorosa del presente, tenía que seguir actuando de la misma manera que lo había hecho desde que era una niña de 12 años. Lo que le dije entonces, es que ahí, conmigo, en el consultorio, no tenía la emergencia de ser la fuerte ni de salvar a nadie. Que en ese contexto terapéutico estaba también yo, y que mi función era apoyarla, contenerla. Le pedí, de una manera auténtica, que me permitiera en ese momento ser yo el fuerte y se diera a ella el permiso de externar los sentimientos auténticos por lo que estaba viviendo en ese momento. Ella entendió mi mensaje y, también, sintió la confianza suficiente para dejarse apoyar por mí, para ser auténtica y se  arriesgo a experimentar su miedo, sus dudas, su impotencia. Se atrevió a experimentar algo que era muy nuevo para ella, permitirse sentir su vulnerabilidad como ser humano. En ese momento ella logró varias cosas:

  • Liberarse de la experiencia obsoleta.
  • Hacer un nuevo ajuste creativo.
  • Ver las posibilidades que le ofrecía el ambiente (conmigo en el consultorio) en el momento presente.
  • Arriesgarse a vivir la ansiedad de experimentar algo novedoso, extraño y diferente para ella.

En conclusión, crecer como persona, transformarse, actualizar su identidad dándose cuenta de que no tiene que dejar de ser

reconocer las posibilidades del presente

fuerte para tocar su vulnerabilidad, simplemente, necesita reconocer que ante ciertas circunstancias, toca ser fuerte y apoyar a otros, pero en otros momentos lo que toca, es justo lo contrario, dejarse sentir la vulnerabilidad y la impotencia, y buscar el apoyo en los demás.

Eso, en gestalt es, en resumidas cuentas, el crecimiento y la madurez. Abrirse a la experiencia del momento actual, reconocer las posibilidades que el presente me ofrece, tanto las propias como las del ambiente, y elegir con qué quiero hacer contacto y a qué estoy dispuesto a renunciar,  eligiendo en consciencia,  lo que sea más beneficioso para mí y para otros y cubra de una manera más efectiva mis necesidades dentro de la situación que se vive en el momento presente, más allá de las elecciones que he hecho en el pasado por buenas o malas que éstas hayan resultado.


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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. AXAYACATL CAMPOS GARCÍA ROJAS dice:

    Gracias por este amplio e informativo artículo. Se aprende mucho a través de él y nos permite entender lo que a veces nos sucede con las emociones, los recuerdos, las cosas que hemos vivido.

    Eso de “adictos al dolor” es como si efectivamente nuestro cuerpo elaborara sustancias que nos hacen estar repetidamente en las mismas emociones…

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    1. Sí, se trata de un hábito, pero nada que no se pueda transformar a través de la toma de consciencia, la responsabilización, el compromiso con uno mismo y los que nos rodean. Imagínate lo que significa para las personas que rodean a una persona adicta al dolor el tener que estar todo el tiempo con alguien que no se responsabiliza de su propio bienestar. ¿Espera acaso que sean otros quién se responsabilicen de su vida?
      También esa es la razón por la que las relacionas sanan. Si una persona deprimida, ansiosa, apegada al dolor o al pasado sale de sí misma y toma consciencia de los otros, puede ser que más facilmente se de cuenta de lo que su actitud está provocando en los demás y que eso, más tarde o mas temprano, lo terminará por dejar solo. Es entonces cuando debe tomar la responsabilidad y la decisión de “soltar” su red de seguridad que es la enfermedad y el padecimiento para empezar a vivir junto con otros o decide seguir adelante con su historia construida para autocompadecerse a sí mismo, a pesar de quedarse sin nadie a su alrededor. A final de cuentas, ya lo dijo Sartre, estamos condenados a ser libres y, por tanto, a ser responsables de nuestra propia existencia y la forma que queremos darle a ésta.

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