Resiliencia: la capacidad de sanar, se construye

Construir la personalidad resilienteDe todos los talleres que he impartido como facilitador y terapeuta Gestalt, uno de los que más satisfacciones me ha dejado siempre es el de Resiliencia, el coraje de sanar. Me impresiona la manera en que las personas, a través descubrir sus fortalezas logran darse a sí mismas auto-apoyo y, a la vez, encontrar el apoyo en el grupo, que es una de las piezas fundamentales de la Resiliencia, la capacidad de poder desarrollar al máximo nuestro potencial humano, siempre  y cuando contemos con el apoyo necesario.

Como lo dice el mismo Boris Cyrulnik, es volver al sentido común. A través de la fé, la confianza, el  humor, la búsqueda de un sentido en la vida y en las experiencias dolorosas, se puede llegar a trascender, prácticamente, cualquier experiencia de sufrimiento por terrible que haya sido.

Tenemos dos alternativas cuando hemos enfrentado una vida llena de carencias y penalidades, convertirnos en víctimas y lamentarnos por siempre de nuestra “mala suerte” o ver esas experiencias como una oportunidad de ser mejores, de fortalecernos para lograr cualquier objetivo que nos propongamos. No es una cuestión de suerte o de destino, es una elección personal.

Pero veamos de primera fuente lo que el Dr. Boris tiene que decirnos en relación a su teoría de la Resiliencia y de la personalidad resiliente en la entrevista que se realizó y que se publicó en Le Figaro Magazine el sábado 24 de julio de 1999.

E.: ¿Qué entiende usted por resiliencia?

B.C.: Es un término de la física que designa la resistencia al choque o a la presión de un material. (…) Aplicado a la psiquiatría, demuestra que un niño se las arreglará mejor si antes de la herida psicológica – lo que se llama el “estropicio” (o de la caída estrepitosa), pudo “tramar” un principio de personalidad, y si alrededor de él, luego del estropicio se le organiza una red de “tutores del desarrollo”, es decir, posibilidades de sostenerse, de agarrarse de alguien o de algo.

El hecho por ejemplo de perder a su madre en la temprana infancia, no condenará forzosamente al adulto a la infelicidad si encuentra ayudas sustitutas. René Spitz, que fue presidente de la Sociedad Británica de Psicoanálisis y Anna Freud fueron los primeros, durante la segunda guerra mundial que sostuvieron esta teoría, pero lo que hoy parece una trivialidad fue muy mal recibido en aquella época e incluso más tarde, porque en los años ’70, esta idea le costó su puesto de profesor al psiquiatra John Bowlby.

René Spitz y Anna Freud pretendían que si un niño había sido privado de madre de forma duradera durante sus primeros años, pasaba por tres estadios que todos los psicólogos conocen –protesta, desesperanza e indiferencia- pero si se les proponían sustitutos varios durante el periodo crítico de su desarrollo, podía retomar el curso del mismo.

Para dicha afirmación Spitz se apoyó en el estudio de varias poblaciones, una de las cuales de 200 bebes sobre los cuales 19 murieron, 23 resultaron antisociales, delincuentes y psicópatas mientras que todos los otros salieron adelante. ¡Es precisamente por el hecho de que salieron adelante que nadie se interesó en ellos!. Una vez que uno escapa a las consultas psiquiátricas sale de los parámetros de estudio, ya no hace parte de las conclusiones y es así como se perpetúa la leyenda de la maldición de la infelicidad (1).

“El proceso resiliente es parecido a la creación de una perla dentro de una ostra.

Cuando un granito de arena entra en su interior y la agrede, la ostra segrega nácar para defenderse y, como resultado, crea una joya brillante y preciosa.”

Anna Forés

 

E: ¿Podemos deducir que una infancia demasiada protegida le impide al niño construir sus mecanismos de resiliencia?

B.C.: (…) En realidad se trata simplemente de no sobreprotegerlos. Si se maltrata un niño, no solamente se lo hiere (o lastima) de por la vida sino también se lo puede matar afectivamente –es el caso de los pequeños rumanos anaclíticos- sin embargo, un niño sobreprotegido no es un niño feliz en la medida en que está privado de victorias.

La experiencia lo ha probado: en una población privilegiada, aquellos que les va mejor son quienes tuvieron que afrontar pequeñas pruebas, desafíos, naturalmente adaptados al estadío psíquico de su desarrollo.

E.: ¿Cómo define usted una pequeña prueba?

B.C.: Se trata simplemente de aquello que no es dado de entrada, de lo que demanda un esfuerzo particular. El ejemplo tipo de laLa sobre protección asfixia las capacidades del infante dedicación materna o paterna valorizado por nuestra cultura llamada de Spook –se trata del médico que defendía la teoría de que había que dejarles hacer todo a los chicos, y de quien los norteamericanos dicen hoy que arruinó a toda una generación- es esa frase emblemáticas de padres que se consideran perfectos cuando en realidad no son más que simbióticos (o fusionales): “Tengo frío, ponte tu pulóver, abrigate!”. Quieren ser tan buenos padres que resuelven los problemas del niño en su lugar . Eso priva al niño de toda iniciativa, por lo tanto, de toda victoria y de todo orgullo de él mismo (2)

(…) Se trata de hacer progresivamente responsable al niño. Insisto sobre el hecho de que esto no significa de ninguna manera que los padres deban ser malos: yo creo al contrario que es fundamental que una madre sea gentil y un padre presente.(3)  Esto es evidente.

Padres suficientemente personalizados no deberían ni siquiera tener que levantar la mano, porque hacerlo significa confesar que uno es incapaz de ejercer autoridad y que carece de fuerza…

E: “La resiliencia se construye”, dice usted. ¿Puede también ser instintiva?

B.C.: (…) Todos aquellos que sobrevivieron a los campos de concentración se construyeron su propia resiliencia: yo conocí un polaco que me dijo haber podido salir de Auschwitz porque él buscaba acordarse de ciertas frases de Proust. De esta manera recreaba un mundo íntimo de poesía que le permitía evadirse de una realidad terrorífica.

Genoveva Anthonioz-de Gaulle encontró el mismo mecanismo de defensa, cuando explica que ella siempre buscaba acercarse a “aquellas que conocían poesías”. Es la búsqueda y afirmación de aquello que es específicamente humano, lo que construye la resiliencia y condiciona la supervivencia frente a las máquinas de triturar totalitarias. (4)

E.: ¿Cuáles son los mecanismos que permiten esta construcción de la resiliencia?

B.C.: Son mecanismos de defensa y adaptación. (…) (5)

(…) Pensamos que si uno comparte su herida, será considerado por el otro como una víctima y que se identificará con su mirada llena de compasión. (…) si uno se pasa todo el tiempo expresando su herida, uno se somete a una identidad narrativa que uno terminará por aceptar haciendo (o realizando) una carrera de sub-hombre de pobre tipo pero si uno esconde su miseria y se defiende de la mirada del otro, uno logrará ofrecer de sí mismo la parte sana de su personalidad a costa de, todas las noches en la intimidad, sufrir a escondidas –lo que se llama “la cripta” – y a revivir para sí su tragedia dolorosa, la cual depurándose con el tiempo se torna más y más violenta. Es el precio de la adaptación a la mirada social.

El segundo mecanismo es el de la negación. Consiste no en esconder (…) sino en minimizar los acontecimientos vividos y hacer creer que esta perspectiva es muy normal, lo cual es falso. Es una forma de autoengaño para recuperar la autoestima. Es igualmente un mecanismo de defensa costoso en la medida que impone adaptar su estrategia de vida al engaño y no a sus capacidades familiares, personales o sociales. Eso genera falsas esperanzas, falsas creencias: por ejemplo empleados de granja que sueñan toda su vida en convertirse en famosos comediantes. Algunos lo logran pero la mayoría parten en la dirección de ese sueño sin procurarse los medios para concretarlo. De ahí crueles desilusiones…

E.: ¿Y se desarrolla uno u otro de estos mecanismos?

B.C.: Casi siempre los dos. Es una legítima defensa pero que puede volverse peligrosa.

E.: ¿Existen mecanismos más constructivos?

La personalidad resiliente
Personalidad resiliente

 

B.C.: Sí, por ejemplo el altruismo. Es muy frecuente por ejemplo en mujeres violadas que, los dos tercios de ellas frecuentan asociaciones. Esto les permite, a menudo sin hablar de ellas mismas, comprender y saberse comprendidas, escuchadas. Lo que le permite afirmar a Maryse Vaillant que ellas se reparan reparando.

Está también el recurso del humor. (…) el humor permite establecer una distancia con el trauma. Es una forma, expresando su sufrimiento, de provocar la sonrisa y no la compasión y por lo tanto de dominar la situación emotiva. Es lo que describe maravillosamente el film de Roberto Benigni La vida es Bella. Simultáneamente, también muestra la ambigüedad de tal actitud: si el humor permite soportar lo insoportable, puede conducir a adaptarse a la agresión a tal punto de volverse la víctima de la misma. De ahí la última frase de la película: “Ganamos, los engañamos pero estamos muertos de risa…”

E.: En su cruzada contra el pensamiento único en psiquiatría, usted afirma  que es falso decir que un niño golpeado será un adulto violento…

B.C.: ¡No solamente es falso, sino que es criminal difundir esta idea!. Muchos adultos que fueron niños maltratados explican en la intimidad de los consultorios médicos de que cuando se enamoran, la angustia les impide declararse y los lleva a hacer todo lo posible para alejarse del ser querido, a fin de no fundar una familia y de evitar así reproducir el esquema parental.

Esto vendría a expresar que los niños que han sido maltratados por sus padres son luego maltratados por la cultura de aquellos que cobran por protegerlos. Efectivamente ellos sólo tratan a aquellos que repiten el maltrato sin tener en cuenta a aquellos que se sustraen. Sólo tienen en cuenta a aquellos que justifican la teoría.

Por mi parte yo seguí a 43 niños maltratados, pero salvados por un sistema social que funcionó bien. Los seguí luego en psicoterapia cuando ya alcanzaron el estadío parental. Otros colegas hicieron los mismo y observamos que solamente hubo entre un 5 y 10 % de repetición del maltrato por el hecho de que estaban bien contenidos psicológicamente y socialmente.

No deja sin embargo de ser igualmente cierto que si se aplica este porcentaje a los 60.000 niños maltratados de nuestro país, quedarán entre 3.000 y 6.000 niños maltratados que repetirán el maltrato o sea un número suficiente para llenar todos los consultorios y justificar la teoría de la maldición de la infelicidad. Esta metodología ignora al 95 % de los niños maltratados que dicen –lo que yo mismo escuché con mucha frecuencia:

“Después de lo que yo viví, si me atreviera a levantarle la mano a mi hijo me moriría de vergüenza”

E.: ¿La moral de su libro es entonces que una historia infeliz no conduce necesariamente a un destino infeliz?

B.C.: Exactamente, del mismo modo que una infancia feliz no alcanza, no garantiza la construcción de un adulto que alcanza su plenitud como persona.

Notas

(*) El Dr. Boris Cyrulnik es Director de Enseñanza de la Universidad de Toulon-Var. Neuropsiquiatra, psicoanalista, etólogo francés y uno de los mayores exponentes en el mundo de la teoría y práctica de la Resiliencia.

(**) Esta entrevista es una reproducción del original publicado en Le Figaro Magazine, sábado 24 de julio de 1999. Edición Internacional.

(1) Lo que aquí y a lo largo  exponde Boris C. sobre la capacidad de cualquier individuo de desarrollar su potencial a partir del apoyo, por difícil que haya sido su experiencia de vida, no es una idea nueva. Ya en el Humanismo, Carl Rogers y Maslow, entre otros habían demostrado lo anterior. Opuesto a lo que piensa el psicoanálisis, que el ser humano está predeterminado por su infancia, Rogers demostró que cualquier individuo, con el ambiente adecuado, de manera natural, desarrollará sus máximas habilidades. Él, como todos los psicólogos humanistas, pensaba que el ser humano es bueno por naturaleza y, lo único que necesita para florecer al máximo, es tener un ambiente nutricio.  (LFMG)

(2) El subrayado y las cursivas son mías (LFMG)

(3 y 4) Los subrayados son míos. (LFMG)

(5) En Gestalt no los llamamos mecanismos de defensa, sino, ajustes creativos, ya que es lo mejor que un individuo puede hacer de acuerdo a sus capacidades personales y al apoyo ambiental con el que cuenta en ese momento de su vida. No tiene que ver con enfermedad mental o emocional, todo lo contrario, es un acto de salud de nuestro ser.

Tradujo el Lic. Claudio Des Champs.

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Facilitador

Luis Fernando Martínez Gómez

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gestaltsi@gmail.com

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