Aprender a soltar 

Dejar ir es todo un arte, requiere paciencia y práctica. Lo primero que tenemos que hacer es tomar la decisión de dejar ir cuando ha llegado el momento y decirle a la vida que estamos listos, aunque no siempre sea fácil. Podemos comenzar por dejar ir cosas pequeñas para ir aprendiendo a soltar.  En este mismo momento pregúntate:  ¿Qué puedo dejar ir ahora?  ¿Qué estoy dispuesto a soltar para convertirme en alguien libre y feliz?

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Miedos y creencias limitantes

A lo largo de nuestra vida desarrollamos creencias limitantes acerca de nosotros mismos. Desde la infancia, nos hemos hecho una idea de nosotros a partir de lo que los demás esperaban, de lo que se suponía que debíamos ser y hacer. Parte de esta imagen son las creencias acerca de nuestros límites y carencias. Muchas de ellas, al darlas por hecho durante años, tienen una apariencia muy sólida y veraz, que nos disuade de comprobarlas y, en su caso, desecharlas.

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Los límites como punto de encuentro con los otros

Existen límites que nos ayudan a crecer y otros que limitan nuestro desarrollo. Si no sabemos decir NO, porque no toleramos el sentimiento de culpa, estaremos pasando por encima de nosotros y acumulando resentimientos hacia los otros.
Si, por el contrario, los límites tienen que ver con no sentirnos capaces o con el derecho de alcanzar nuestras metas, estamos ante límites negativos, construidos en nuestro pensamiento, que nos impiden alcanzar lo que deseamos.
Los individuos se cuestionan sobre cuándo se debe poner límites y cuándo se deben reducir o eliminar – por ejemplo, aquellos los límites mentales-, que nos impiden alcanzar algún objetivo importante en nuestra vida, que nos hacen pensar que no podemos, que no somos capaces o que no nos merecemos eso que deseamos.
O, por el contrario, cuando debe decir “No” a aquellos que tratan de detenerlo, manipularlo, controlarlo o imponerle obligaciones o acciones que en realidad no le corresponden cumplir. Las personas sienten miedo de que, si dicen “no quiero”; “no me corresponde”; “no me interesa”; “No puedo”, esté ante una situación incómoda, de crisis o de riesgo, donde pueden llegar a estar en juego muchas cosas: la relación con un amigo o con la pareja, el trabajo, la “tranquilidad” familiar, sin embargo, si por evitar tener un conflicto con otros, se pasa por encima de uno mismo, los resultados pueden ser aún, mucho más negativos y perjudiciales que si se hubiera enfrentado, simplemente, un NO QUIERO, NO DESEO, NO ME CORRESPONDE, NO PUEDO.
Hay que ser sumamente cuidadosos al momento de decidir poner un límite o no hacerlo, pues de eso, pueden depender muchas cosas.

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El lenguaje de las posibilidades

Las palabras crean fronteras, limitan la percepción y la consciencia de las cosas y restan posibilidades. Nadie podrá alcanzar sus metas en su totalidad si parte de estas palabras limitativas. Al decir “no soy capaz”, “no tiene caso”, “para qué lo intento si sé que no lo voy a alcanzar”, se crean en la mente barreras que inhiben las posibilidades y las oportunidades, ya que nuestra mente, trabaja con las palabras y frases que nosotros mismos construimos en todo momento.

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La debilidad del “no puedo” sobre la fortaleza de “elijo no hacerlo”

La repetición constante de la frase “yo no puedo” construye una creencia permanente en nosotros que termina convirtiéndose en realidad. Si todo empieza por las palabras, podemos elegir programarnos de manera negativa con frases como “no puedo” o bien, con frases positivas como “yo puedo” o “yo me estoy volviendo…” o “ya estoy en el proceso de…”
Si lo practicamos y lo vamos convirtiendo en un nuevo hábito en la manera de pensar y de hablar, pronto alcanzaremos una nueva consciencia de nosotros mismos, mayor seguridad y autodeterminación, superando miedos y creencias limitantes que nos permitan desarrollar todos nuestros potenciales.

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