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Las relaciones sanas

si no nos conocemos realmente y no nos aceptamos incondicionalmente, no podremos generar una relación sana, pues proyectaremos en el otro, todo aquello que rechazamos en nosotros mismos, generando conflictos en los cuales no podemos aceptar nuestra responsabilidad. El primer paso que tenemos que dar si queremos tener una relación sana y madura, es conocernos y aceptarnos de manera honesta. De esta manera será mucho más sencillo aceptar al otro como es, sin exigirle que se acople a nuestras necesidades, para cubrir nuestras propias carencias.

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Los riesgos de ser perfeccionista

En nuestra sociedad, el ser perfeccionista es visto como una cualidad, algo que todos deberíamos pretender ser si de verdad queremos alcanzar el éxito. Sin embargo, la realidad es muy distinta, como seres humanos, no somos perfectos ni podemos alcanzar la perfección en todo lo que hacemos. Siempre cometeremos errores y, si no somos capaces de aceptarlos maduramente, aprender de ellos, utilizarlos como oportunidad, y, en vez de ello, nos juzgamos, nos criticamos, nos regañamos y nos presionamos constantemente para evitar volver a equivocarnos, estamos lastimando nuestro ser de manera integral, es decir, a nivel físico, emocional, social, espiritual.
No se trata de ser demasiado auto complaciente, poco comprometido, responsable o indisciplinado. Lo que debemos hacer es ser realistas, tolerantes, comprensivos, amables con nosotros mismos. Qué bueno que intentemos hacer las cosas bien, incluso, lo mejor que podamos, pero, si en alguna ocasión no tenemos toda la energía o los recursos para lograrlos o si llegamos, en ocasiones, a equivocarnos y a tener errores, de nada sirve maltratarnos. Lo mejor es aprender de ello para hacerlo mejor en subsiguientes ocasiones.
No olvidemos que somos seres en proceso, que nos estamos construyendo y creando día con día. Nuestro aprendizaje se da en la experiencia cotidiana, a base de prueba y error, no sólo a partir de los aciertos sino también de los fracasos. Ya lo han dicho de muchas maneras los hombres de mayor éxito en la historia en base a su propia experiencia personal.

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El fin de los prejuicios

Mi mayor deseo para el próximo año, en el que los Mayas pronosticaron el fin del mundo, es que sea el fin del mundo de los prejuicios. Quiero que terminen de una buena vez y para siempre los prejuicios respecto a:
Que los hombres son mejores que las mujeres.
Que las mujeres nacieron para atender a los hombres.
Que los hombres son fuertes y las mujeres débiles.
Que los hombres son insensibles y las mujeres un manojo de nervios.
Que los homosexuales son pervertidos y promiscuos.
Que la homosexualidad, aunque la ONG diga lo contrario, es una enfermedad y una perversidad.

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Lo débil vence siempre a lo fuerte

La autonomía, la autosuficiencia, la independencia, son los valores que defiende la cultura oponiéndose a la vulnerabilidad, la debilidad, la dependencia. Pero la realidad es que lo que verdaderamente abre las puertas al contacto, a la conexión, a la confianza y la intimidad, es nuestra valentía para mostrarnos vulnerables, reconociendo que somos capaces de ser débiles, de necesitar del apego y del apoyo y de la protección de los demás.

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