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Todo sobre mi madre: consejos para enfrentar la pérdida de un ser querido.

Muchas veces, ante una pérdida, los seres humanos se enfrentan a asuntos inconclusos con la persona que se ha marchado. Estos pueden representar aquellas cosas, positivas o negativas, que no se expresaron en vida, principalmente sentimientos como la culpa, el perdón, el enojo, la tristeza, el agradecimiento o el cariño. La terapia Gestalt ofrece diversas estrategias para poder cerrar dichos asuntos como pueden ser el uso de rituales, la escritura terapéutica, las visualizaciones y, quizás la más importante, la técnica de la silla vacía creada o, por lo menos popularizada, por el padre de la Gestalt Fritz Perls.

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Celebrar la vida a partir de una experiencia traumatizante de hace diez años

Todas las experiencias de la vida, sin importar si son agradables o desagradables, placenteras o dolorosas, son una oportunidad para despertar, para comprender la verdadera esencia de las cosas. Hoy, 1o de mayo del 2017 se cumplen diez años de una operación que me realizaron en el 2007 para extraerme un tumor de la hipófisis. En aquella época sentí miedo, ansiedad, dolor, temía por mi salud y por mi vida. Hoy, nuevamente, como cada año, se presentó de nuevo ese miedo arraigado en mi inconsciente y que, sin que yo haga nada, se vuelve a activar por sí mismo a través de la memoria corporal… sin embargo, en esta ocasión hice algo diferente, no luche, no negué, simplemente me detuve y me quedé observando, sin juicio, por varios minutos lo que estaba pasando en mi interior… y de pronto, llegó el entendimiento… pude ver… pude comprender lo que estaba pasando…

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Ladrones del dolor ajeno: el síndrome del rescatador.

Nadie tiene derecho a pretender resolver, antes de tiempo, el dolor de los demás. Por más amor que sienta por la persona que sufre, si realmente la amamos, debemos tener cuidado de no convertirnos en ladrones de su dolor, pues con eso, podríamos estarle robando muchas posibilidades de crecimiento.
La mayoría estará consciente de los pensamientos presentes en nuestra cultura en relación a que el dolor es algo malo que hay que eliminar, por lo tanto, se genera la idea equivocada de que, si queremos a alguien, tenemos que evitar a toda costa que sufra y, a la larga, provocamos en el otro una baja tolerancia a la frustración, más sufrimiento y más miedo de enfrentarse a las adversidades de la vida, pues no lo hemos dejado desarrollar sus propias capacidades para enfrentarse a las situaciones difíciles o dolorosas. Por eso es importante recordar lo que Buda nos enseñó hace más de 2500 años: En la vida, existe tanto el placer como el dolor. Sin uno no puede existir el otro y ambos son parte de nuestro aprendizaje y crecimiento.

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