El mito del instinto materno y de la “buena madre”: propuesta feminista en relación al concepto de la maternidad

“La maternidad no es un destino, sino una elección»

Simone de Beauvoir

Introducción: un caso en consulta

En una ocasión, de forma inesperada, una mujer de 50 años, soltera y jubilada de la carrera de enfermería se soltó llorando en sesión. Le pregunté qué le pasaba, me respondió que no se sentía realizada como mujer por no haber tenido hijos. Le dije que si el haber tenido por muchos años una carrera exitosa, estarse formando como psicoterapeuta Gestalt, ser una fiel seguidora del budismo, viajar al extranjero con frecuencia, tener su propia casa, hacer todo lo que quería y le gustaba, convivir con sus sobrinos a los que amaba, también eran razones suficientes para ser una persona realizada… Más allá de si tenía hijos o no. Me contó entonces que una vecina le había dicho que ya que no se había casado, por lo menos debería haber tenido un hijo que se hiciera cargo de ella en la vejez. La voz de esa conocida era la de esa sociedad que descalifica a las mujeres que no siguen los patrones que marca el patriarcado y que meten duda y culpas a las mujeres com “R” que no sintieron una motivación fuerte por la maternidad y sí por otras cosas de la vida como estudiar una carrera y tener una profesión exitosa, viajar y disfrutar de los sobrinos por poner solo algunos ejemplos.

El presente artículo trata de lo que en la actualidad he investigado en relación al tema con el deseo de dejarle más claro a las mujeres que, como mi consultante, se sienten presionadas y culpables de no sentir el llamado de la maternidad. También está dirigido a las mujeres que son mamás y se viven culpables de no sentir felicidad constante por el hecho de tener hijos y no se atreven, por miedo al juicio y a la crítica, a reconocer que se sienten cansadas, fastidiadas, enojadas y frustradas por sentir que, hagan lo que hagan, nunca se logran sentir buenas madres incluso cuando asumen el rol plenamente y renuncian a cualquier otro interés o motivación por cumplir con el papel que se les ha asignado, muchas veces aún sin que ellas lo desearan.

Y por último, también hablaré de las posturas feministas quienes proponen una nueva forma de maternidad más digna, en condiciones más justas y equitativas, sintiéndose reconocidas, compartiendo la labor y las responsabilidades de la crianza con el compañero o la compañera; en síntesis una maternidad más feliz, para aquellas mujeres que realmente quieran y puedan vivir esta experiencia porque, además de ser una elección, en la actualidad más que nunca la maternidad se ha convertido en un privilegio de unas cuantas mujeres pero eso, es tema de otro artículo..

Propuestas teóricas al concepto de maternidad

En su artículo «Propuestas teóricas feministas en relación al concepto de la maternidad», la filósofa española María José Guerra Palmero analiza el concepto de maternidad desde una perspectiva feminista. Guerra Palmero sostiene que la maternidad es un concepto socialmente construido, que ha sido moldeado por las normas patriarcales. Estas normas han impuesto una visión idealizada de la maternidad, que presenta a las madres como seres naturalmente amorosos y sacrificados.

¿Por qué, de entrada, debemos descartar que la maternidad sea un instinto?

Veamos el significado de instinto:

1. Conducta innata e inconsciente que se transmite genéticamente entre los seres vivos de la misma especie y que les hace responder de una misma forma ante determinados estímulos.

2. Impulso natural, interior e irracional que provoca una acción o un sentimiento sin que se tenga conciencia de la razón que obedece.

La maternidad, por lo tanto, no se puede calificar como instinto porque no todas las mujeres desean ser madres de manera innata ni responden de la misma manera ante esta experiencia ni saben como criar a los niños como si se tratara del impulso natural de comer o dormir, es algo que requiere de mucho aprendizaje y entrenamiento en el ser humano. Algunas lo anhelan de manera espontánea, pero otras jamás han sentido el deseo ni la necesidad de tener un hijo. Algunas piensan que es una manera de darle sentido a sus vidas y sentirse realizadas y otras mujeres tienen expectativas, deseos y prioridades en otras áreas como la profesional, la intelectual, la artística sin necesitar ser madres para sentirse realizadas. La maternidad por lo tanto es una motivación, un deseo o interés sólo para algunas mujeres, no para todas. Y lo mismo podemos decir de los hombres y la paternidad.

El mito del instinto materno es una construcción social que asocia la maternidad a una serie de características y funciones que son consideradas como naturales y universales. Estas características incluyen el amor incondicional, la abnegación, la devoción y la sabiduría. El mito también establece que la maternidad es la única forma válida de ser mujer y que las mujeres que no son madres son incompletas o defectuosas.

La realización personal no depende de la maternidad.

La construcción del instinto maternal y el amor espontáneo inmutable e incondicional de toda madre planteado por Elizabeth Badinter

Uno de los aportes teóricos más importantes sobre el estudio del instinto materno fue realizado por Elizabeth Badinter en 1980, quien indica que los discursos científicos, entre otros, colaboraron a construir el instinto maternal, el amor espontáneo, inmutable e incondicional que surge en toda mujer hacia sus hijos, creando en las mujeres la obligación de ser ante todo madres.

El amor maternal aparece en el siglo XVIII como un concepto nuevo que obliga a las madres a garantizar la educación de sus hijos. Desde la lógica del sistema patriarcal se desarrollaron nuevos argumentos para crear en las madres la actitud «instintiva»; uno de ellos fue la lactancia materna proclamada como el componente básico de la correcta nutrición del niño y responsable del vínculo indisoluble entre él y su madre.

Junto a la construcción social del instinto maternal, se elaboró también la construcción y revalorización de la infancia, elemento importante para la ideología de la maternidad. En el siglo XVII y XVIII emerge una ideología según la cual la infancia se considera un periodo de vida valioso. Son las nuevas ideas sobre el valor y la inocencia de la infancia las que inauguran la primera fase del discurso moderno sobre la maternidad.

Hacia fines del siglo XIX las ideologías de educación infantil tuvieron un nuevo giro, el instinto materno ya no fue suficiente para asegurar una adecuada crianza infantil. Se elaboró una ideología científicamente estructurada y guiada por expertos para disciplinar a madres con el fin de que estuvieran al servicio de la grandeza de la nación, el discurso médico fue un modo de disciplinar la «naturaleza femenina» adecuándola a un papel social redefinido. Para ello invistió a las mujeres con gran influencia sobre la prosperidad y el orden social. Como contrapartida, se les incitó a retirarse de otros espacios y se les sometió a una tremenda carga moral, que derivó en severa culpa si fallaban en la tarea.

En los años 1930 se produce un nuevo cambio en las ideas de crianza, iniciándose la era de la crianza permisiva contemporánea. El amor materno, entendido como «aptitud natural», es subrayado como el factor central para el desarrollo del niño. La estabilidad psíquica de la madre es considerada vital para prevenir una amplia variedad de miedos y ansiedades infantiles. Estas primeras décadas de la era permisiva puso el énfasis sobre la necesidad absoluta de la atención materna, junto con el temor al exceso de indulgencia y de sobreprotección de la madre.

El prácticamente inexistente rol de los hombres en la crianza

Por su parte, los hombres son excluidos de las funciones de crianza y desplazados a la función de proveedores negándoles la posibilidad de participar directa y ampliamente de la labor de cuidado de los infantes, como si ellos no tuvieran los recursos y las habilidades para cuidar y proteger habilidades, éstas sí, innatas en el ser humano, no sólo de las mujeres. Y está distribución de las actividades y funciones desde los roles de género que prevalecen aún hasta nuestra época han sido la causa de injusticias e inequidades para todas las partes y, aunque más acentuadas para las mujeres, los hombres también han salido perdiendo al no poder estar tan directamente involucrados es la educación y formación de sus hijos ni tan emocionalmente cercanos.

Los hombres tienen la misma capacidad para la crianza que las mujeres, pero como las mujeres han cuidado por siglos a los hijos y la familia es por eso que tienen más experiencia. Es cuestión de práctica no de capacidad.

Transición del concepto de instinto materno a amor maternal

Para Badinter, hemos abandonado el concepto de instinto maternal por el de amor maternal pero continuamos atribuyéndole las mismas características. Respecto al amor maternal, Victoria Sau agrega que representa parte de lo femenino permitido dentro de la sociedad patriarcal, lo que resulta paradójico, ya que por un lado es infravalorado por instintivo, natural, que no requiere esfuerzos para ser adquirido. A la vez es una exigencia para las mujeres, a las que se les acusa de «malas madres» si no demuestran las formas de amor esperadas por la sociedad. Es una maternidad vigilada y necesaria para mantener el modelo patriarcal.

Tanto el amor maternal como el instinto son construcciones sociales elaboradas por la cultura, aprendidas y reproducidas, ya que como señala Comas D’Argemir, el aprendizaje es un elemento importante que debemos tener en cuenta.

El mito del amor materno

Una de las principales características del mito del instinto materno es la idea del amor materno incondicional. Este amor se presenta como algo natural, que nace de forma espontánea en todas las mujeres. Sin embargo, Guerra Palmero coincide con muchas otras investigaciones en que el amor materno es un sentimiento complejo, que puede verse afectado por una serie de factores, como las experiencias personales, las circunstancias sociales y las creencias culturales.

El mito del sacrificio materno

Otro elemento clave del mito del instinto materno es la idea del sacrificio materno. Las madres se presentan como mujeres que están dispuestas a renunciar a sus propias necesidades y deseos para dar lo mejor a sus hijos. Guerra Palmero señala que esta visión del sacrificio materno es una forma de justificar la desigualdad entre hombres y mujeres. Si las mujeres están obligadas a sacrificarse por sus hijos, no tienen tiempo ni energía para desarrollar sus propias vidas.

El concepto de mito del instinto materno

El concepto de mito del instinto materno fue acuñado por la filósofa feminista Shulamith Firestone en su libro «La dialéctica del sexo» (1970). Firestone argumenta que la maternidad es una institución social que se basa en la desigualdad entre hombres y mujeres. La maternidad es una responsabilidad que se impone a las mujeres, mientras que los hombres no tienen ninguna responsabilidad directa en la crianza de los hijos. Esta desigualdad se basa en la idea de que las mujeres son biológicamente inferiores a los hombres y que, por lo tanto, están destinadas a ser madres.

Firestone sostiene que el mito del instinto materno es una forma de control social de las mujeres. La maternidad se utiliza para mantener a las mujeres en su lugar, obligándolas a asumir la responsabilidad de la crianza de los hijos. Esto limita las opciones de las mujeres en la sociedad, ya que les impide participar plenamente en la esfera pública.

Simone de Beauvoir fue una de las primeras feministas en cuestionar el mito del instituto materno; en su obra «El segundo sexo», publicada en 1949, afirma que la maternidad es una construcción social que se utiliza para subordinar a las mujeres.

De Beauvoir rechaza la idea de que las mujeres estén naturalmente predispuestas a ser madres. En su opinión, la maternidad es un aprendizaje social que se inculca a las mujeres desde la infancia. También cuestiona la idea de que la maternidad sea una experiencia natural y universal: «La maternidad no es un destino, sino una elección».

Al hablar de la maternidad como discurso dominante, De Beauvoir reinterpreta el cuerpo materno indicando que no es un cuerpo biológico, más bien se trata de un cuerpo cuyo significado biológico se produce culturalmente al inscribirlo en los discursos de la maternidad, que postulan a la madre como sujeto, para negar de esta forma a las mujeres.

Para Beauvoir, la cuestión es asignar al cuerpo materno un significado diferente. Para ello presenta una descripción del cuerpo materno que desnaturaliza lo natural, transformando la maternidad en una expresión extraña y anti-natural y desplegando la posibilidad de que el deseo femenino sea más complejo de lo que suponen los discursos dominantes. El deseo femenino no es maternal ni anti-maternal, sino que es ambivalente, contradictorio, siendo la ambigüedad la característica de la maternidad.

El mito del instinto materno ha tenido un impacto significativo en la sociedad. Ha servido para justificar la discriminación y la opresión de las mujeres, ya que se ha utilizado para argumentar que las mujeres son menos aptas para el trabajo remunerado, la política o el liderazgo. También ha contribuido a la idea de que la maternidad es una responsabilidad exclusiva de las mujeres, lo que ha llevado a la sobrecarga y la desigualdad en el cuidado de los niños.

Críticas al mito del instinto materno

Las feministas han criticado el mito del instinto materno por ser una forma de opresión de las mujeres. Este mito limita las opciones de las mujeres, obligándolas a cumplir con un rol social predeterminado. Además, el mito del instinto materno contribuye a la discriminación de las mujeres que no son madres o que no cumplen con los ideales de la maternidad.

Si las mujeres son mejores cuidadoras no es porque de forma innata tengan más habilidades que los hombres, es porque llevan siglos de experiencia siendo madres y cuidadoras.

Propuestas feministas

El modelo feminista ha propuesto una serie de alternativas al mito del instinto materno. Estas propuestas buscan crear una visión más realista y justa de la maternidad. Algunas de estas propuestas incluyen:

Redefinir el concepto de maternidad: La maternidad no es un destino inevitable para las mujeres. Es una opción que debe ser tomada libremente.

Eliminar los estereotipos sobre la maternidad: Los estereotipos sobre la maternidad limitan las opciones de las mujeres. Es importante cuestionar estos estereotipos y promover una visión más realista de la maternidad.

Promover la diversidad de maternidades: Las maternidades son diversas y no existen dos iguales. Es importante respetar la diversidad de experiencias maternales vinculadas con la parentalidad es decir, las actividades que integran tanto las de los padres como las de las madres.

La parentalidad se refiere a las actividades que realizan el padre y la madre en el proceso de cuidado, socialización, atención y educación de sus hijos e hijas; es un proceso biológico y psicosocial (Bornstein, 1995).

«La maternidad es una cuestión feminista, y necesita menos juicio y más sororidad

  • Porque desde que nos quedamos embarazadas y nos convertimos en madres se nos trata de manera condescendiente, se nos juzga, culpabiliza y vulneran nuestros derechos.
  • Porque como madres, muchas veces, no se nos permite decidir sobre nuestro embarazo, parto y lactancia.
  • Porque la violencia obstétrica existe y es una forma de violencia de género demasiado invisiblidazada
  • Porque la licencia por maternidad es demasiado corta, e incompatible con la lactancia materna y el posparto
  • Porque a la madres se nos discrimina sistemáticamente en el mercado de trabajo por el mero hecho de ser madres.
  • Porque se sigue considerando la maternidad y la crianza como una responsabilidad femenina, cuando debería ser una responsabilidad de todos y todas.
La maternidad es una cuestión feminista.

Recomendaciones

Las feministas que reconstruyen la maternidad proponen una serie de recomendaciones para promover una maternidad más positiva y empoderadora. Estas recomendaciones incluyen:

  • Apoyar a las mujeres en su elección de ser o no madres.
  • Reconocer el trabajo de las mujeres que son madres.
  • Eliminar las desigualdades en el cuidado de los niños.
Igualdad/equidad en el balance de actividades profesionales y el cuidado de los hijos.

Promover la igualdad de oportunidades para las mujeres en todos los ámbitos de la vida.

Estas recomendaciones son importantes para crear un mundo en el que todas las mujeres puedan experimentar la maternidad de manera plena y satisfactoria.

La maternidad en la actualidad

En la actualidad, las construcciones sociales de la maternidad están cambiando. Las mujeres tienen más opciones que nunca sobre si ser madres o no, y sobre cómo criar a sus hijos. Sin embargo, el mito del instinto materno sigue teniendo una influencia importante en la sociedad.

La maternidad como fuente de placer y satisfacción

Una de las principales críticas al mito del instituto materno es que presenta la maternidad como un sacrificio y una pérdida de libertad. Las feministas que reconstruyen la maternidad, en cambio, argumentan que la maternidad puede ser una fuente de placer y satisfacción.

«La maternidad puede ser una experiencia llena de placer y gozo. Las mujeres que son madres pueden experimentar una profunda conexión con sus hijos, un sentido de realización personal y una mayor autoestima.» (Saletti, 2008, p. 171)

La maternidad como fuente de conocimiento

Además de ser una fuente de placer, la maternidad también puede ser una fuente de conocimiento. Las feministas que reconstruyen la maternidad argumentan que la experiencia de criar a un hijo puede enseñar a las mujeres mucho sobre sí mismas, sobre los demás y sobre el mundo.

La maternidad como fuente de poder

Finalmente, la maternidad también puede ser una fuente de poder para las mujeres. Las feministas que reconstruyen la maternidad argumentan que la maternidad puede empoderar a las mujeres para desafiar el patriarcado y crear un mundo más justo e igualitario.

«La maternidad puede ser una fuerza para el cambio social. Las mujeres que son madres pueden utilizar su experiencia para abogar por los derechos de las mujeres y los niños.» (Saletti, 2008, p. 173)

Estas feministas destacan que las mujeres que son madres tienen la oportunidad de utilizar su voz para hablar en nombre de los demás. Pueden utilizar su experiencia para desafiar las desigualdades y construir un mundo mejor para todos.

Madre desobediente

Una madre desobediente es una madre que desobedece a la maternidad impuesta. Ese ideal de madre abnegada, de ángel del hogar que tiene como finalidad última en su vida cuidar de los hijos y también del marido. Por otro lado, desobedece a la maternidad neoliberal. Actualmente las madres ya no tienen que ser las madres abnegadas de siempre, sino también esa superwoman que llega a todo y que está ciento por ciento disponible para el mercado del trabajo. La madre desobediente se reivindica como sujeto activo con capacidad de decisión, reivindica poder decidir sobre su cuerpo, sobre su embarazo, su parto, su posparto. Se empodera a través de su cuerpo para poder vivir estas experiencias a su manera.

Esther Vivas (mamá desobediente)

¿Cómo ser mamá sin dejar de ser mujer?

Antes de ser madre, eres una persona con deseos, sueños, necesidades que ni tus hijos e hijas ni tu pareja pueden satisfacer totalmente. Que la M de madre no borre la M de mujer.

“Para saciar las necesidades individuales es necesario que recuperes tus espacios individuales, que busques la manera de conciliar tus obligaciones con tus necesidades como persona. Debes cuidarte y dedicar un tiempo a lo que te pide tu cuerpo. Esto es de vital importancia pues, para ser mejor madre, debes de cuidar primero de ti misma. ¿Podrás cuidar de otras personas, si no lo haces contigo? Por esta cuestión, si lo deseas, busca ser madre sin dejar de ser mujer.
Si mi cuerpo es mío, lo es también para decidir si quiero ser madre, y escoger cómo quiero vivir el hecho de serlo de una manera libre, igualitaria y empoderadora. Hay vida más allá de la “maternidad patriarcal” impuesta.”

Maria Camacho Gavilán

Que la mujer no desaparezca detrás del rol de madre.

Conclusiones

El mito del instinto materno es un concepto importante para entender las construcciones sociales de la maternidad. El concepto ayuda a visibilizar la desigualdad entre hombres y mujeres en la crianza de los hijos y a cuestionar las expectativas y los ideales sobre la maternidad.

En la actualidad, las construcciones sociales de la maternidad están cambiando, pero el mito del instinto materno sigue teniendo una influencia importante en la sociedad. Es importante ser conscientes de este mito para poder desafiarlo y crear nuevas formas de entender la maternidad.

Las posturas feministas que reconstruyen la maternidad ofrecen una visión alternativa a la del mito del instituto materno. Estas posturas argumentan que la maternidad puede ser una experiencia positiva y empoderadora para las mujeres.

Estas posturas son importantes porque pueden ayudar a las mujeres a desafiar los estereotipos y las expectativas sociales sobre la maternidad. Pueden ayudar a las mujeres a sentirse más seguras y confiadas en su capacidad para ser madres.

Bibliografía

* E. Badinter, ¿Existe el instinto maternal? Historia del amor maternal siglos XVII al XX. Barcelona, Paidós, 1991.

Firestone, S. (1970). La dialéctica del sexo. Barcelona: Kairós.

* Rich, A. (1980). Motherhood: The contemporary debate. New York: Norton.

* Ruddick, S. (1989). Maternal thinking: Toward a politics of peace. Boston: Beacon Press.

De Beauvoir, Simone (1949) El segundo sexo. (El original en francés: Le Deuxième Sexe).

Terapia Narrativa y Centrada en Soluciones.

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