Un terapeuta no anuncia en su tarjeta: “terapeuta gestalt, homosexual”

Me llegó el mail de una persona que había leído uno de mis artículos anteriores sobre la aceptación a uno mismo, y me recordaba que yo, en dicho escrito, mencionaba que una persona tenía derecho a ir con un terapeuta de su misma orientación sexual, si eso le ayudaba a sentir mayor confianza para trabajar en su proceso de aceptación y me comentaba también que no conocía a ningún terapeuta que pusiera en su tarjeta de presentación: “Terapeuta Fulano de tal, homosexual”.

Me reí y comprendí que lo que me decía era muy cierto. No es lo mismo trabajar entre colegas y saber cual es la  orientación de alguno de nosotros que somos amigos, a que una persona que no pertenece al medio terapéutico busca a un terapeuta que sea de una orientación determinada, por ejemplo, lo que sí puede ser un problema para alguien que desea apoyo de un profesional de su misma orientación.

¿Por qué nunca me dijo que era homosexual?

Al leer lo que esa persona me escribió, recordé que en una ocasión, un chico de 23 años, heterosexual, me dijo el día que terminó su proceso terapéutico ya en el momento de la despedida: ¡Ah!, por cierto, quiero decirte que sé que eres homosexual. Yo lo miré un poco extrañado  mientras él agregaba:  me lo dijo mi hermana cuando me recomendó contigo -su hermana había sido mi alumna y me conocía abiertamente como homosexual- ¿por qué nunca me lo dijiste?-, me cuestionó.

Yo lo miré y, tranquilamente, le respondí: ¿Cuándo tú te presentas le dices a la gente: Hola, soy J.M. y  soy heterosexual? Él puso cara de sorpresa, después reaccionó y me dijo sonriendo: tienes toda la razón, nunca lo había visto de ese modo, uno no anda por la vida diciendo sus preferencias sexuales. Y después de esto, nos estrechamos las manos y se marcho tranquilo, con algo nuevo aprendido.  

Salir del closet es un proceso paulatino

Al hecho de aceptar la propia orientación y reconocerla ante los demás, se denomina en nuestro país y en otros lugares del mundo como “salir del closet”. Esto no es algo que ocurra de un momento a otro, es todo un proceso que inicia cuando la persona es capaz de aceptar su orientación diferente a la heterosexual (que es la aceptada y reconocida socialmente), ya sea la homosexualidad, la bisexualidad, la transexualidad, etc.

Sin embargo, aunque alguien acepte plenamente su orientación, eso no significa que tenga que colocarse un cartón en la frente o estarlo anunciando en todos lados, como en la anécdota que compartí anteriormente. Tampoco necesariamente significa un rechazo o falta de aceptación hacia uno mismo, simplemente quiere decir que todos, homosexuales, bisexuales o heterosexuales tenemos el derecho a mantener nuestra intimidad y compartir ciertas cosas sólo con nuestras relaciones más cercanas.

Marina Castañeda, autora de los excelentes libros La Experiencia Homosexual y La nueva homosexualidad, menciona en el capítulo relacionado con la salida del closet, que las personas no tienen que sentirse obligadas a abrir el tema ante todo el mundo ni decírselo a todos al mismo tiempo.

Si la persona sabe que el reconocer su orientación puede significar el rechazo de la familia, los compañeros o, incluso,  el riesgo de perder su  trabajo, es mejor pensarlo dos veces y saber si realmente se está dispuesto a enfrentar las consecuencias por injustas que sean, o bien, esperar una mejor oportunidad o, simplemente, reconocer previamente si el ambiente en el que se desea ser auténtico, es verdaderamente respetuoso y de apoyo.

Decirlo  a quien más confianza se tiene  

Una buena idea es empezar hablando del tema con una persona a la que se le tenga mucha confianza: alguien de la familia,  de los amigos, un profesor o profesora, el terapeuta o el orientador, etc. y, contando con su apoyo, poco a poco ir hablando del tema con los demás, pero, insisto, es importante no olvidar que es derecho y responsabilidad de cada uno y no de otros, hablar de las cosas personales como la orientación sexual, y decidir a quién se le dice, en qué momento y, algo muy importante, el para qué.

Marcha orgullo gay, Madrid 09

No perder la dignidad

Por otra parte, aunque sea verdad que cada uno tiene el derecho de reservarse la libertad de hablar de su orientación con quien considere necesario, también es cierto que se debe ser muy cuidadoso de no lastimar o perder la dignidad. Si se está en un ambiente (escuela, centro de trabajo, familia), donde se hacen, todo el tiempo, comentarios homofóbicos, chistes, o juicios descalificativos, puede ser que esto sea un motivo suficiente para abrirse y para pedir que se nos respete dejando de hacer dichos comentarios o realizando ciertas conductas. Dependiendo de las circunstancias, la edad, el lugar, etc. No es algo que necesariamente se tenga que llevar a cabo de manera solitaria, si eres menor de edad o adolescente, puedes pedirle apoyo a algún maestro u orientador de la escuela para que te ayude a resolver la situación o a enfrentarla de la mejor manera.

Algo parecido ocurre dentro de la familia. En muchas ocasiones he escuchado a las personas decirme que no son capaces de hablar de su orientación con sus padres y con el resto de la familia porque saben que les harán mucho daño. Y, en consecuencia, prefieren hacerse daño ellos o ellas mismas aceptando comentarios y conductas denigrantes hacia la homosexualidad.

¿De verdad se hace tanto daño reconociendo que somos diferentes y que, por tanto, tenemos deseos y necesidades distintas? Más bien creo que lo que hace

Foto: Luis Fernando Martínez G.

daño es la mentira y el engaño. Si es verdad que la familia es el lugar que nos brinda más apoyo y soporte, éstos tendrían que ser brindados de manera incondicional.

No es válido y es injusto un cariño que dice: te querré y te apoyaré sólo si haces lo que yo diga y eres exactamente como yo quiero que seas. Este es un amor condicional, poco maduro y manipulador. El amor incondicional o, por lo menos, fundamental, es aquel que respeta el derecho del otro a ser diferente y, no sólo eso, defiende y apoya la diferencia. Eso es el verdadero amor.

La diferencia no es algo que, como muchas veces se cree, separe y genere conflicto, sí, es una posibilidad, pero también es posible que la diferencia sea fuente de respeto, de riqueza, pues aprendemos todos de la diferencia de otros, y de madurez. Un grupo de personas en las que todos son iguales, piensan igual y actúan igual, puede que tengan una convivencia muy cómoda, pero de poco crecimiento, pues no hay ni energía ni elementos novedosos para el desarrollo.  En pocas palabras, son nuestras diferencias como personas, los que nos permiten a los seres humanos nutrirnos y crecer.

Doble vida

Llevar una doble vida significa complicarse la vida y lastimar a los demás…

Aquellos que sienten tanto miedo de ser juzgados, rechazados, relegados, por tener una orientación sexual diferente a la heterosexual, que no es la mejor, pero sí la que reconocen las clases en el poder como la única válida, optan, muchas veces, por ocultar su verdadera personalidad y jugar una doble vida.

Con esto, lo que quiero decir, es que jamás abren con nadie (o con muy pocos) su homosexualidad o cualquier otra orientación diferente a la heterosexual. Ocultan sus deseos y sus sentimientos y actúan como si fueran heterosexuales ante la familia y la sociedad en general.

Llegan, muchas veces, a relacionarse con una persona del sexo opuesto y a casarse con ella e, incluso, a tener hijos, con tal de sentirse protegidos y aceptados, pagando un precio enorme al negarse a sí mismos, negar sus necesidades y sus deseos.

Pero ellos no son los únicos afectados, no se dan cuenta o prefieren ignorar el daño que le hacen a la persona con la que llevan una supuesta relación de intimidad  engañándola y no diciéndole quienes son en realidad.

En muchas ocasiones, esto, incluso, se hace  estando la pareja de acuerdo, ya sea porque ambos son homosexuales (él y ella), pero desean mantener las apariencias hacia en relación con la sociedad y elijen entonces tener una doble vida, es decir, aparentar socialmente ser un matrimonio “normal”  y por otro lado vivir en la clandestinidad sus experiencias homosexuales con relaciones ocasionales o con un amante del mismo sexo que se hace pasar como el mejor amigo (amiga).

En estos casos, por lo menos están siendo honestos el uno con el otro, sin embargo, también tiene un costo el vivir esta doble moral, pues, a fin de cuentas, no se está actuando de manera auténtica.

Sin embargo, es todavía más delicado cuando hay hijos de por medio o cuando uno de los miembros de la pareja no es sincero con el otro y le oculta su verdadera orientación viviendo su doble vida incluso, a espaldas de su compañero o compañera. Todo, con tal de no enfrentar su realidad ante la sociedad y sin importarle los daños que esta forma de actuar ocasiona a terceros.

La pareja se siente confundida ante la frialdad de su compañero, imagina que es él o ella quien está haciendo algo para que el otro la evada o se mantenga a distancia, piensa que ha dejado de resultarle atractiva o que lo ha dejado de querer, todo, menos aceptar que su pareja en realidad, nunca ha sentido atracción por ella o por él porque su preferencia sexual es por las personas de su mismo sexo.

El deber del terapeuta: actitud clara, auténtica y respetuosa

Para concluir y regresando al punto original de este artículo, creo que siempre es posible encontrar, de alguna manera, a un terapeuta con la orientación sexual del paciente si esto es lo que desea. O, también, es posible que sin tener que ser homosexual, un terapeuta profesional, maduro, sano, puede ayudar a un homosexual a aceptar su orientación sin ningún problema.

Lo importante es que el terapeuta también sea honesto y, si sabe que el asunto de la orientación es un área que no tiene trabajada o que le genera conflicto y que esto puede ocasionar que actúe con prejuicios – de una manera abierta o velada- con su paciente y que esto ocasionará más confusión a la persona, debe actuar de manera profesional, decirlo abiertamente y, si tiene la posibilidad de hacerlo, canalizarlo o recomendarlo con otro colega especialista o que no tenga problemas para trabajar el aspecto de la orientación sexual de sus pacientes.

Antes de terminar quiero aclarar que no es lo mismo orientación sexual que preferencias sexuales. Muy a menudo se confunden estos términos, pero en realidad, las preferencias sexuales no se eligen, es algo que surge de manera natural como cualquier otra preferencia que tenga el ser humano respecto a lo que su organismo le pide. Ni los homosexuales ni los heterosexuales “eligen” quién les gusta. Es algo que surge de manera natural. A un varón o a una mujer heterosexual no se les da a elegir si prefieren a alguien del mismo sexo o de sexo diferente, el deseo surge de manera espontánea. Pasa exactamente lo mismo con los homosexuales y los bisexuales.

La orientación sexual es la identificación de las preferencias y la decisión consciente y voluntaria de asumir su verdadera identidad sexual. Es elegir llevar un estilo de vida: pareja, amigos, etc. Congruente y auténtico, sin tener que hacerse pasar por alguien diferente y esto implica un compromiso con el grupo, un riesgo (en el caso de sociedades que no aceptan o aceptan parcialmente la homosexualidad), y, también porqué no, una liberación y una madurez. La madurez de ser quien se es en realidad, independientemente de la aceptación o el juicio del otro, por dignidad y por respeto a la propia persona.

Comparto aquí, la definición de Orientación sexual de la Asociación Americana de Psicología y el vínculo de la misma para aquellos que deseen más información al respecto.

Foto: Luis Fernando Martínez Gómez

¿Qué es la orientación sexual?

(Definición que ofrece en su página web The American Psiychological Association)

La orientación sexual se refiere a un patrón permanente de atracciones emocional, romántica, y / o sexual a los hombres, las mujeres, o ambos sexos. La orientación sexual también se refiere al sentido de una persona de identidad basado en las atracciones, las conductas relacionadas, y la pertenencia a una comunidad de otros que comparten los lugares de interés. 

Las investigaciones realizadas durante varias décadas ha demostrado que la orientación sexual varía a lo largo de un continuo, de la atracción exclusiva hacia el otro sexo a la atracción exclusiva hacia el mismo sexo. 

Sin embargo, la orientación sexual se suele tratar en términos de tres categorías: heterosexual (con atracciones emocional, romántica o sexual a los miembros del otro sexo), homosexual / lesbiana (con atracciones emocional, romántica o sexual a los miembros del mismo sexo) y bisexuales (con atracciones emocionales, románticas o sexuales a hombres y mujeres).

Esta gama de comportamientos y lugares de interés ha sido descrita en diversas culturas y naciones en todo el mundo. Muchas culturas utilizan

Foto: Luis Fernando Martínez Gómez

etiquetas para describir la identidad de las personas que expresan estas atracciones.

 En Estados Unidos las etiquetas más frecuentes son las lesbianas (mujeres atraídas por las mujeres), los hombres gays u homosexuales (hombres que se sienten atraídos por hombres), y las personas bisexuales (hombres o mujeres atraídas por ambos sexos). Sin embargo, algunas personas pueden usar diferentes etiquetas o ninguno en absoluto.

La orientación sexual es diferente de otros componentes de sexo y género, incluyendo el sexo biológico (las características anatómicas, fisiológicas y genéticas asociadas con ser hombre o mujer), la identidad de género (el sentido psicológico de ser hombre o mujer), * y el rol social de género (las normas culturales que definen el comportamiento femenino y masculino).

La orientación sexual es comúnmente discutido como si fuera exclusivamente una característica de un individuo, al igual que el sexo biológico, identidad de género o edad.

Esta perspectiva es incompleta debido a la orientación sexual se define en términos de relaciones con los demás: Expresar su orientación sexual a través de comportamientos con los demás, incluyendo acciones tan simples como dar la mano o besarse.

foto: Luis Fernando Martínez Gómez

Por lo tanto, la orientación sexual está estrechamente ligada a las relaciones personales íntimas que cumplen con las necesidades sentidas profundamente por el amor, el apego y la intimidad. 

 Además de los comportamientos sexuales, estos elementos son el afecto físico –no sexual- entre la pareja, objetivos y valores compartidos, el apoyo mutuo y el compromiso.

Por lo tanto, la orientación sexual no es sólo una característica personal en un individuo. Por el contrario, la orientación sexual define al grupo de personas en las que es probable encontrar la satisfacción y el cumplimiento de las relaciones románticas que son un componente esencial de la identidad personal para muchas personas.

Para más información sobre este tema visita la página de la APA

http://www.apa.org/helpcenter/sexual-orientation.aspx

También te recomiendo el artículo de Claudia Hinojosa: La Experiencia Homosexual que encontrarás en el siguiente enlace:

http://www.equidad.org.mx/ddeser/seminario/internas/lecturas/lect-sexual/laexperienciahomosexual.pdf

Escrito por:

Luis Fernando Martínez Gómez

Director de: Espacio Cree Ser Juntos; Terapia Gestalt, Sí! y Terapia Gestalt Aquí y Ahora

 

 

 

 

 

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Beatriz Bátiz dice:

    Luis Fer: ¡Muchísimas felicidades por tu blog tan completo e interesante! Regresaré pronto a leer algunos artículos que me interesan.

    Te dejo un abrazo grande.

    Beatriz Bátiz Pomar

    Me gusta

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