Las mentiras y el autoengaño: el cáncer para una relación

Engañar a otros o a nosotros mismos respecto a los que queremos en una relación de pareja es la mejor manera de no conseguir lo que estamos buscando o de creer que lo hemos conseguido de una forma que, más tarde o más temprano, generará conflictos, desilusiones y resentimientos.
El autoengaño se genera cuando la persona no quiere reconocer cosas evidentes por temor a desilusionarse, frustrarse o sufrir, pero, a la larga, el engañarse a uno mismo es la peor trampa para la felicidad e, irremediablemente, producirá un sufrimiento más grande que el de haber tolerado el dolor generado por hablar – y hablarse – con la verdad.

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Darse el permiso de sentir los sentimientos

Las emociones no son sólo algo abstracto, son energía que se materializa en nuestro interior y ocupa un espacio real. Si me congestiono con mis propios sentimientos, mi organismo no tiene lugar para nada más a menos que digiera lo  que estoy sintiendo y lo exprese hacia el exterior de diferentes maneras como llorando, gritando, riendo, empujando o golpeando.

No es suficiente reconocer las emociones y los sentimientos sólo a un nivel racional, necesitamos darnos el permiso de sentirlos y manifestarlos y de compartirlos con otros, en especial en relación con aquel o aquellos que estamos sintiendo eso que sentimos. Reconocer nuestra vulnerabilidad, nos vuelve hermosos, nos convierte en personas reales y no en objetos programados.

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Carta al niño que pervive en mí

Querido Luis Fernando (niño):
Hoy que es día del niño (en México) y que estoy celebrando la Semana de la Conmemoración de la Vida y la Salud, quiero aprovechar para expresarte todo mi cariño y agradecimiento. Hoy, que estoy cada vez más cerca de cumplir mis 50 primeros años, y que puedo ver en perspectiva mi vida, me doy cuenta de lo valiente que has sido desde que estabas en la primaria, incluso desde antes de que entraras a la escuela, y tuviste que enfrentarte a tantas situaciones difíciles y dolorosas en casa y en la escuela. En casa, no te sentías entendido, tenías mucho miedo por la forma en que los adultos te trataban – a través de una educación autoritaria, juzgándote y reprimiéndote constantemente -, y tú procurabas ser muy obediente para evitar los castigos, pues no tenías más alternativa, al ser sólo un niño pequeño rodeado de adultos llenos de miedo.

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