Cuando nos convertimos en los padres de nuestro padre

El cuidado de los padres durante la vejez.
“…Envejecer es caminar sosteniéndose de los objetos, envejecer es incluso subir escaleras sin escalones. Seremos extraños en nuestra propia casa. Observaremos cada detalle con miedo y desconocimiento, con duda y preocupación. Seremos arquitectos, diseñadores, ingenieros frustrados. ¿Cómo no previmos que nuestros padres se enfermarían y necesitarían de nosotros? Nos lamentaremos de los sofás, las estatuas y la escalera de caracol. Lamentaremos todos los obstáculos y la alfombra. Feliz el hijo que es el padre de su padre antes de su muerte, y pobre del hijo que aparece sólo en el funeral y no se despide un poco cada día.” Carlos Fuentes.

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Recordando a mi padre: Miguel Martínez Villicaña.

Este escrito lo hice con la intención de realizar un homenaje a mi padre y también, con el deseo de transmitir como muchas veces la vida se encarga de darnos las lecciones que necesitamos. Aunque yo me sentía muy cercano a mi papá durante mis primeros años, llegó un momento en que nos separamos. Supongo que fue cuando me acercaba yo a la adolescencia y durante todo ese tiempo que coincidió también, con la etapa en la que asumí mi orientación sexual. A pesar de que mi padre era mayor y sin preparación, pudo llegar a comprenderme y a defenderme, incluso de mi madre, comprendiendo desde su corazón de padre que yo estaba sufriendo en medio de mi proceso. La vida, de una manera un tanto extraña, nos colocó en la circunstancia de volver a vivir bajo el mismo techo durante su último año de vida. Y, durante ese periodo, ambos tuvimos la oportunidad de cerrar todos nuestros asuntos inconclusos y despedirnos en armonía y en paz.

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