Los hábitos de las parejas felices

Ser feliz con tu pareja no implica un esfuerzo enorme. Cuando quieres a alguien, las cosas se dan de manera natural. Lo importante es reconocer que una pareja necesita más que sólo amor para subsistir, requiere de atención, consideración, generosidad, reconocimiento, paciencia, aceptación. También es importante reconocer que tu pareja NO ES IGUAL A TI, y que, por lo tanto, no tiene necesariamente las mismas necesidades que tú ni tampoco la misma manera de satisfacerlas. Es necesario aprender a reconocer lo que el otro necesita y tratar, en a medida de lo posible, ayudarle a cubrir estas necesidades.

No veas el reto de hacer feliz a tu pareja como un deber, es mejor verlo como un deseo o una elección. Cuando le des algo a tu pareja, no lo hagas desde la obligación pues eso te generará enojo, molestia o resentimiento. Es mejor considerarlo un OBSEQUIO que le das al otro, a ese que amas, desde el cariño, el interés, el deseo de que esté bien y de que sea feliz… en pocas palabras, desde el amor.

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La pareja: ¿Compromiso u obligación?

El compromiso es uno de los tres motores o velas que impulsan el amor de pareja. El sentimiento de amor, en sí mismo, sería el barco en el que avanza una relación romántica. Las otras dos velas que impulsan ese barco, junto con el compromiso, son el deseo y la intimidad.
El compromiso es, en pocas palabras, la disposición de una persona para acoplasrse a alguien y hacerse cargo de la relación con esa otra persona hasta el final. Hablar de compromiso es hablar de una confianza natural dentro de la relación; responsabilidad asumida; reconocimiento de obligaciones mutuas y de los intereses genuinos en las diferentes áreas: personales, de pareja y familiares. Debe quedar claro que el compromiso no es sinónimo de obligación, es un regalo que dos personas se hacen, de manera recíproca, a partir del amor que sienten el uno por el otro.

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Arquitecto de tu propio destino

Todo en la vida es impredecible, nunca podemos saber cuál será la consecuencia de nuestras decisiones. El elegir hacer o dejar de hacer algo, inevitablemente, tendrá alguna consecuencia desconocida y siempre nos quedaremos con la duda de si nos hubiera ido mejor tomando la decisión que rechazamos o si realmente, la que elegimos, fue la mejor para nosotros. Pero, por si acaso, de ahora en adelante, cuando te enfrentes a una decisión, trata, simplemente, de elegir lo correcto, para ti y para otros y nunca olvides de que, tú eres, la consecuencia de todas las decisiones que has tomado en el pasado.

La manera de no atormentarse por ello es pensar que, lo que elegimos, fue lo mejor y que no tiene ningún caso estar imaginando cómo hubiera sido si nuestra decisión hubiera sido otra: si nos hubiéramos casado con otra persona, si hubiéramos elegido otra profesión, si hubiéramos decidido vivir en otro lugar… si hubiéramos… como dice la popular frase “el hubiera no existe”, es mejor asumir las consecuencias de aquello por lo que optamos.

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