Enfrentar la vida con el corazón

Si somos capaces de salir de nuestra zona de confort y aceptar el dolor y las dificultades de la vida, entonces, nuestra existencia, no se convertirá en una lucha con éxitos y fracasos, sino en una danza del corazón. ¿De qué depende? De nosotros mismos, de que tomemos consciencia de eso, que nos decidamos y que corramos el riesgo, cada vez que nos topamos con una dificultad o una experiencia dolorosa, de dejar de preguntarnos “¿por qué a mí? ¿por qué me pasa esto? Yo no me lo merezco” y nos preguntemos a manera de reflexión: “¿Para qué me está pasando esto? ¿qué es lo que puedo aprender de este dolor?”.

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La verdadera felicidad no cae del cielo, se construye.

Las personas resentidas, enojadas, frustradas y que no quieren crecer ni tomar la responsabilidad de su propia vida, se preguntan todo el tiempo cosas como: ¿por qué no tengo el puesto que me merezco?; ¿por qué no gano lo suficiente?; ¿por qué no encuentro al amor de mi vida?; ¿Por qué mi marido es tan insensible o mi mujer tan egoísta?; ¿por qué no logro sentirme bien conmigo mismo ni con los demás?; ¿Por qué la vida es tan miserable…? Efectivamente, la gente que quiere realmente salir adelante y ser feliz, se pregunta algo como eso o algo similar: ¿Cómo puedo sacar ventaja de este fracaso, de esta pérdida, de esta desilusión? ¿Qué lección me deja este tropiezo en mi vida?.
Lo cierto es que existen personas que, con muchos menos recursos que otros, salen adelante sin estarse preguntando por qué son pobres; por qué padecen enfermedades; por qué pierden a sus seres queridos; Por qué se tienen que enfrentar en soledad a la vida o por qué les faltan dos brazos o dos piernas.

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