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Las relaciones sanas

si no nos conocemos realmente y no nos aceptamos incondicionalmente, no podremos generar una relación sana, pues proyectaremos en el otro, todo aquello que rechazamos en nosotros mismos, generando conflictos en los cuales no podemos aceptar nuestra responsabilidad. El primer paso que tenemos que dar si queremos tener una relación sana y madura, es conocernos y aceptarnos de manera honesta. De esta manera será mucho más sencillo aceptar al otro como es, sin exigirle que se acople a nuestras necesidades, para cubrir nuestras propias carencias.

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Los hábitos de las parejas felices

Ser feliz con tu pareja no implica un esfuerzo enorme. Cuando quieres a alguien, las cosas se dan de manera natural. Lo importante es reconocer que una pareja necesita más que sólo amor para subsistir, requiere de atención, consideración, generosidad, reconocimiento, paciencia, aceptación. También es importante reconocer que tu pareja NO ES IGUAL A TI, y que, por lo tanto, no tiene necesariamente las mismas necesidades que tú ni tampoco la misma manera de satisfacerlas. Es necesario aprender a reconocer lo que el otro necesita y tratar, en a medida de lo posible, ayudarle a cubrir estas necesidades.

No veas el reto de hacer feliz a tu pareja como un deber, es mejor verlo como un deseo o una elección. Cuando le des algo a tu pareja, no lo hagas desde la obligación pues eso te generará enojo, molestia o resentimiento. Es mejor considerarlo un OBSEQUIO que le das al otro, a ese que amas, desde el cariño, el interés, el deseo de que esté bien y de que sea feliz… en pocas palabras, desde el amor.

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Salir de la zona de confort y alcanzar la zona de aprendizaje y la zona mágica

En general, desde pequeños, nos enseñan multitud de conocimientos pero no nos enseñan a confiar en nosotros mismos. Creer en ti y tener claro lo que quieres, puede ser tildado por muchos de prepotencia. “Hijo, lo que toca es trabajar duro, sacrificarse y aceptar tu destino, no pierdas el tiempo soñando” “la riqueza y las oportunidades no caen del cielo, hay que buscarlas”. Es por eso que nos cuesta tanto trabajo salir de nuestra zona de confort (el mundo de lo conocido, lo dominado, lo habitual) para arriesgarnos a lo nuevo y a lo diferente, es decir, entrando a la zona de aprendizaje. Mucho más difícil es también, arriesgarnos a ir más lejos, a la llamada zona de Pánico, que es en realidad, una zona Mágica llena de posibilidades de desarrollo y transformación.

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