Diez pasos para sobrellevar las pérdidas

Aunque el dolor, la soledad y los trastornos que acompañan al duelo no tienen nada de anormal,  Robert A. Neimeyer nos dice que hay síntomas indicativos durante el proceso que nos ayudan a identificar cuándo es necesario  buscar apoyo profesional o el de alguna persona de nuestro entorno, que nos acompañe durante el proceso: médicos, guías espirituales, responsables de grupos de apoyo o profesionales de la salud mental.

Aunque cada persona debe tomar esta decisión libremente, debe plantearse seriamente pedir apoyo profesional si presenta alguno de los siguientes síntomas:

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Recordando a mi padre: Miguel Martínez Villicaña.

Este escrito lo hice con la intención de realizar un homenaje a mi padre y también, con el deseo de transmitir como muchas veces la vida se encarga de darnos las lecciones que necesitamos. Aunque yo me sentía muy cercano a mi papá durante mis primeros años, llegó un momento en que nos separamos. Supongo que fue cuando me acercaba yo a la adolescencia y durante todo ese tiempo que coincidió también, con la etapa en la que asumí mi orientación sexual. A pesar de que mi padre era mayor y sin preparación, pudo llegar a comprenderme y a defenderme, incluso de mi madre, comprendiendo desde su corazón de padre que yo estaba sufriendo en medio de mi proceso. La vida, de una manera un tanto extraña, nos colocó en la circunstancia de volver a vivir bajo el mismo techo durante su último año de vida. Y, durante ese periodo, ambos tuvimos la oportunidad de cerrar todos nuestros asuntos inconclusos y despedirnos en armonía y en paz.

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¿por qué huimos del dolor emocional?

Muchos autores hacen una distinción entre dolor y sufrimiento. El mismo Buda los diferenció hace mucho tiempo. Buda lo explicaba a través de la teoría de las dos flechas. La primera flecha es el dolor intrinseco a la vida, aquello que no podíamos eludir: el dolor a una pérdida, a un duelo, a un fracaso… la segunda flecha representa el sufrimiento ocasionado por ese dolor, todo aquello que nos decimos con el pensamiento: “esto es terríble, “no debería pasarme a mí que soy una buena persona”; “Es algo que no me merezco.” El dolor de la primera flecha es algo que no podemos eludir, es natural y necesario; pero la segunda flecha, la del sufrimiento que nos generamos con todo lo que nos decimos acerca del dolor y que lo hace más insoportable, es opcional y podemos evitarla si nos hacemos conscientes de ella.

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