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¿Es necesario salir de la zona de confort?

Con frecuencia, nos refugiarnos en cosas, en personas o situaciones que en principio nos generan seguridad, pero que con el tiempo, terminan por sepultar nuestra fuerza, nuestra confianza o nuestro poder personal.
Ejemplo de ello puede ser refugiarse en una pareja a la que ya no se ama o con quien ya no se es feliz, un trabajo que por mucho que siga brindando un salario y ciertas prestaciones se ha vuelto rutinario, aburrido, poco motivante o creativo; seguir en la casa de los padres cuando ya hace tiempo que se cumplió la edad para salir al mundo a hacer la propia vida y desarrollar los propios recursos, etc.

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Fantasías catastróficas y ensayos mentales

Por mucho que tratemos de plantear diversos escenarios posibles, es sencillamente imposible que los imaginemos a todos ellos. No sé cómo voy a reaccionar si la persona está seria o si está de buenas, si tiene prisa o si está tranquilo y mucho menos me puedo meter en su cabeza para conocer sus pensamientos. ¿Para qué entonces me van a servir tantas suposiciones si ninguna de ellas me consta que sea la realidad?

No podemos dar nada por hecho. No tenemos bolas de cristal, ni leemos la mente y, seguramente tampoco somos muy hábiles para hacer una “auto lectura” de nuestra mano para adivinar lo que va a ocurrir en cada situación. En conclusión hacer ensayos mentales es una pérdida de tiempo y, si nos convencemos de ello, debemos dejar de estarle haciendo caso a los pensamientos sobre el futuro y dejar de sufrir y estar ansiosos para aprender a confiar.

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El regreso de Pablito (el pequeño ansioso que llevamos dentro).

Hace algunos años, una de mis primeras publicaciones en mi blog Gestalt Sin Fronteras, publiqué la historia de un paciente ficticio de nombre PABLITO. Él era una persona que sufría porque vivía en el pasado o en el futuro, dependía del reconocimiento de los otros o no aceptaba las medias tintas, todo era completamente bueno o completamente malo, entre varias cosas más de su personalidad que le generaban mucha ansiedad y sufrimiento.
Hoy llegó un nuevo consultante a través de internet y le pregunté cómo había contactado conmigo. Me sorprendió cuando el chico de 19 años me respondió que me había encontrado a través de mi viejo paciente imaginario PABLITO.
Gracias a eso, hoy voy a compartirles a todos mis amigos del blog y de Facebook la historia de este singular personaje. Pero, antes de hacerlo, tengo que hacer una pequeña advertencia, cuando conozcas a PABLITO te vas a dar cuenta de que TODOS tenemos un pequeño PABLITO dentro de cada uno de nosotros. Te lo comento para que estés preparado.
Ésta es la historia:

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