terapia Gestalt y resolución de conflictos

Éxito es: no perder de vista lo realmente importante

La dificultad excesiva para inhibir las respuestas impulsivas ante las necesidades o deseos internos o ante los estímulos externos deteriora la capacidad de autogobernarse y, por tanto, obstaculiza una serie de procesos cognitivos básicos para el aprendizaje.
Es obvio subrayar que cuando la impulsividad se presenta acompañada de conducta agresiva frecuente, el individuo se encuentra con obstáculos significativos para establecer relaciones sociales positivas con sus cuidadores o para lograr sus objetivos y satisfacer sus necesidades. Es por ello, que resulta muy importante aprender a no perder de vista cuál es el objetivo que se desea alcanzar más allá de los impulsos a enojarse, salirse de control y querer demostrarles a los demás que uno es el que tiene la razón. No es una cuestión de “tener la razón”, pues la realidad es que cada quien tiene las suyas, por mucho que eso nos frustre, de lo que se trata es de mantener la mente fría y la atención suficiente para reconocer (o para no olvidar) cuál es el verdadero “paquete” que queremos obtener y encontrar las mejores alternativas para lograrlo.

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El buen maestro – terapeuta

El buen maestro-terapeuta nunca deja de enseñar, nunca deja de aprender y capacitarse. El buen maestro nunca da por sentado que todo lo sabe o que todo lo entiende; nunca deja de maravillarse. Nunca pierde su inocencia y su capacidad de ser curioso, de dudar de todo, de cuestionar y de indagar acerca de si mismo, de los otros, de la vida. El buen maestro está consciente que todo está en movimiento constante y que todo se transforma permanentemente. El buen maestro no se limita a transmitirle conocimientos a sus alumnos, los enseña a razonar, a ser críticos, responsables, comprometidos y conscientes de la realidad.

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