carta_abraham_Lincoln

Carta de Abraham Lincoln al profesor de su hijo

“Estimado profesor: Mi hijo tiene que aprender que no todos los hombres son justos, no todos son verdaderos, pero por favor decirle que para cada villano hay un héroe, que para cada egoísta, también hay un líder dedicado. Enséñele que para cada enemigo, allí también habrá un amigo. Enséñele que es mejor obtener una moneda ganada con el sudor de su frente que una moneda robada… Abraham Lincoln

Seguir leyendo

Tu voto:

Miedo a equivocarse por temor al rechazo

odos cargamos con los introyectos que nuestros padres, profesores y demás instituciones de la sociedad que nos heredaron desde muy temprana edad. Pero nos corresponde a nosotros, como adultos, detenernos a identificarlos, analizarlos, reflexionar sobre ellos y decidir si queremos seguir obedeciendo esas ordenes, actualizarlas, modificarlas o, definitivamente desecharlas de nuestro comportamiento de acuerdo a lo que es mejor para nosotros en nuestra vida actual. Eso es lo que en Gestalt se considera parte de la responsabilización de una persona adulta, madura y sana.

Seguir leyendo

Tu voto:

Los límites como punto de encuentro con los otros

Existen límites que nos ayudan a crecer y otros que limitan nuestro desarrollo. Si no sabemos decir NO, porque no toleramos el sentimiento de culpa, estaremos pasando por encima de nosotros y acumulando resentimientos hacia los otros.
Si, por el contrario, los límites tienen que ver con no sentirnos capaces o con el derecho de alcanzar nuestras metas, estamos ante límites negativos, construidos en nuestro pensamiento, que nos impiden alcanzar lo que deseamos.
Los individuos se cuestionan sobre cuándo se debe poner límites y cuándo se deben reducir o eliminar – por ejemplo, aquellos los límites mentales-, que nos impiden alcanzar algún objetivo importante en nuestra vida, que nos hacen pensar que no podemos, que no somos capaces o que no nos merecemos eso que deseamos.
O, por el contrario, cuando debe decir «No» a aquellos que tratan de detenerlo, manipularlo, controlarlo o imponerle obligaciones o acciones que en realidad no le corresponden cumplir. Las personas sienten miedo de que, si dicen «no quiero»; «no me corresponde»; «no me interesa»; «No puedo», esté ante una situación incómoda, de crisis o de riesgo, donde pueden llegar a estar en juego muchas cosas: la relación con un amigo o con la pareja, el trabajo, la «tranquilidad» familiar, sin embargo, si por evitar tener un conflicto con otros, se pasa por encima de uno mismo, los resultados pueden ser aún, mucho más negativos y perjudiciales que si se hubiera enfrentado, simplemente, un NO QUIERO, NO DESEO, NO ME CORRESPONDE, NO PUEDO.
Hay que ser sumamente cuidadosos al momento de decidir poner un límite o no hacerlo, pues de eso, pueden depender muchas cosas.

Seguir leyendo

Tu voto:

1 2