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Todo sobre mi madre: consejos para enfrentar la pérdida de un ser querido.

Uno de los eventos más dolorosos y traumáticos que enfrentamos los seres humanos durante nuestra vida es la pérdida de un ser querido y más cuando se trata de nuestra madre, quien es, quizás, con quien más estamos vinculados por la simple razón de que nos formamos dentro de ella.

En nuestra cultura occidental no nos gusta relacionarnos muy de cerca con la muerte y por esa razón enfrentamos  los duelos con tristeza y  un profundo dolor;  la mayoría vive la muerte en general y cualquier otra pérdida en general, más bien con reserva y con temor evitando hablar del tema; cuando no se tiene más remedio que enfrentar hablar de ella se percibe un sentimiento incómodo del que se  trata de salir lo más pronto posible cambiando de tema.  Tampoco nos gusta pensar en la propia muerte  y  nos cuesta mucho aceptar la pérdida de nuestros  seres queridos.

Sentimientos que interfieren en el proceso de duelo.

Además de la dificultad de enfrentar el hecho de la muerte,  existen sentimientos que vuelven más complejo este fenómeno. Dichas emociones son, por ejemplo: la culpa, el enojo, el miedo, la pena, todos ellos relacionados comúnmente con  los asuntos pendientes o inconclusos con la persona que ha fallecido y que complican el proceso de dejarla marchar.

El duelo se puede complicar cuando existen asuntos inconclusos con el difunto o sentimientos de culpa, enojo o miedo por lo que pueda pasar. 

Y aunque no es algo imposible de enfrentar y resolver, sí puede implicar un proceso complejo y a veces doloroso, pues, para poder quedar en paz con la persona que ya no está es necesario cerrar todo lo que haya quedado pendiente y, para hacerlo,  muchas veces no basta con reconocerlo y querer llevarlo a cabo; a veces tampoco es suficiente contar con el apoyo de amigos o familiares que no cuentan con los recursos para ayudar a la persona y resulta conveniente buscar el apoyo y el acompañamiento de un guía espiritual o un especialista, ya sea un terapeuta o un tanatólogo,  por ejemplo.

Los libros sobre el tema de las pérdidas, la muerte o el duelo son otra herramienta muy útil para algunos, ayudándolos a cambiar sus ideas sobre el tema y brindándoles recursos para trascender el dolor. Al igual que los libros, artículos de internet como éste pueden ser una buena opción tanto para la persona que está sufriendo como para aquellos que quieran conocer elementos para apoyar a otras personas. 

Aprender de la pérdida es un libro muy completo y que ofrece muchas herramientas para enfrentar los duelos.

Herramientas de la terapia Gestalt para el cierre de asuntos inconclusos.

La terapia gestalt cuenta con diversas herramientas para acompañar a las personas a enfrentar el duelo y, principalmente, para ayudarles a cerrar sus asuntos inconclusos. Algunas de éstas son:

El uso de rituales.

Los rituales de despedida son actos simbólicos que nos ayudan a expresar nuestros sentimientos ante una pérdida. Te comparto sólo algunos ejemplos de los muchos que puedes encontrar en libros o en internet o que otras personas cercanas como tus amigos o familiares te pueden sugerir. También puedes crear los tuyos siendo creativo y pensando en lo que a tu ser querido le gustaba como preparar su postre o platillo favorito y hacer una celebración en su nombre.

También es posible que elijas un rincón de tu casa donde coloques las fotografías de esa persona, una flor o una vela y charles con él o con ella de las cosas que compartieron juntos disfrutando de los momentos felices.

Rituales de despedida con flores, velas, objetos del ser querido.

Otra alternativa es que construyas un barquito de papel y lo coloques en un arrollo imaginando a esa persona en él y despidiéndolo con una sonrisa deseándole que descanse, que se sienta feliz y en paz en el lugar al que se dirige. Si no tienes un lugar en qué realizar este ritual, también lo puedes realizar a través de una visualización donde imagines a tu ser querido mientras se despide de ti con una sonrisa y tú de él o ella expresándole tu amor y deseándole que se encuentre tranquilo y en paz.

Despide a tu ser querido imaginándolo en un barco que se aleja y viéndolo a él sonriendo y en paz.

La escritura de una carta o un diario.

La escritura es un acto muy terapéutico al momento de enfrentar un duelo. Puedes escribir una o varias cartas o bien escribir un diario donde le expreses a esa persona tus sentimientos agradables: agradecimiento, afecto, reconocimiento… como los desagradables: enojo, tristeza, culpa… No es poco frecuente que las personas nos enojemos con la persona por habernos dejado, por haberse marchado, no importa que sea un sentimiento infantil o irracional, lo cierto es que ocurre y es normal, lo importante es que le des permiso a esa parte que lo necesita, de expresar lo que siente libremente, sin juicio y sin culpa.

También puedes agradecerle por todo lo que en vida te dio y pedirle que continue en tu corazón, a tu lado, acompañándote en todo momento o cualquier otra cosa que necesites.

Expresar por escrito, los sentimientos a la persona que se ha marchado.

La técnica de La Silla Vacía.

Esta técnica creada y popularizada por el padre de la terapia Gestalt, Fritz Perls es, quizás, la más conocida y utilizada por los terapeutas gestalt. Sin embargo, si no estás en terapia, también la puedes realizar tú mismo eligiendo un lugar tranquilo en casa. La técnica consiste en poner una silla delante de otra, colocándote tú en una de ellas y poniendo un cojín que represente a la persona que se le va a hablar en la otra; si se realiza en el consultorio se hace de la misma manera y es el terapeuta el que va guiando a la persona en la expresión de los sentimientos intentando brindarle la confianza necesaria para decir todo lo que siente. Es conveniente que lo que le expreses al otro lo hagas en tiempo presente,  todas aquellas cosas que pudieron quedar pendientes, sobre todo, aquellos sentimientos que no pudiste manifestar en su momento: agradecimiento, perdón, enojo, cariño, culpa o cualquier otro.

Este ejercicio es verdaderamente potente gracias a que nos permite descargar toda la carga emocional que puede ser causa de mucho sufrimiento o de nos impide soltar a la persona que se ha marchado. 

La muerte de mi madre

Texto escrito por un consultante a su madre. 

A continuación verás un escrito donde uno de mis consultantes utilizó por si mismo el recurso de la escritura; aunque él dentro de su profesión escribe, como lo aclara en el mismo texto, no utiliza el estilo de un artículo académico, al contrario, inmediatamente podrás reconocer que se trata de un escrito hecho desde el corazón, muy auténtico y donde se plasman todas las emociones vividas a partir de la pérdida de su madre, lo cuál lo convierte en un texto terapéutico y por lo tanto sanador. 

Mi madre murió el sábado por la noche y la velamos el lunes. Esa misma tarde la cremamos. Estoy con mi hermana que llegó de Tarragona para el funeral.  Lo cierto es que murió mientras dormía. Después de cenar se fue a su habitación, donde excepcionalmente pidió le dejaran la puerta abierta porque dijo saldría esa noche.

“Mi madre pidió que dejaran la puerta abierta porque dijo, saldría esa noche…”

Se quedó dormida. A la hora estaba ya muerta. Se fue en el momento justo. El Alzheimer empezaba una etapa de degradación física nada agradable. Es como si ella lo hubiese elegido. Todavía era semi autónoma, conversaba, conservaba su magnífico humor, su coquetería y esa hermosa mirada de ojos verde Galicia. El Alzheimer no había tocado aún su amor por las plantas y su pasión por la música.”

————-

“Rocío y yo no alcanzamos a ponernos tristes. Andamos con pena, pero sólo podemos recordar cosas hermosas, su pasión por la vida y su entereza para enfrentar las cosas malas con sonrisas y carcajadas. Pura luz, puro amor y generosidad.

Rocío y yo andamos tristes por fuera, melancólicos sería la palabra precisa. Dice Leonard Cohen (merecedor del Nobel más que Dylan, pienso yo) que la melancolía es la alegría de la tristeza. Pero lo cierto es que hemos empezado a ordenar algunas cosas de la madre, fotos, objetos, recuerdos guardados en una cajita, en un anillo, en una imagen en blanco y negro. Nos hemos reído mucho recordando a la madre.

No nos sale aquello de “pobre de mí, qué haré sin mi Piriña”. La extrañamos, sí. Pero por encima de todo se impone lo que ella nos dejó, que fue todo. Nada material, una hipoteca del infonavit de un departamento pinchón en la parte fea del pueblo de Santa Fe. Pero nos ha dejado todo. Nos dio las herramientas para salir adelante, las intelectuales -escuela, licenciatura, academia, el amor por los libros y el trabajo bien hecho-, pero también esas herramientas más difíciles de asir, las emocionales, aquellas que se llevan y cuidan en el corazón. Pura luz nos ha dejado.

Rocío y yo no podemos -por más que lo intentemos- regodearnos en el dolor del pasado, porque mi madre tenía la particularidad de convertirse siempre en futuro luminoso. Cada tragedia, que bien saben fueron muchas y de las más duras, se convertía en un mirar hacia adelante con fuerza en el cuerpo y una gran sonrisa por lo que venía. Mirar atrás sólo para confirmar que se había estado peor y que el camino que quedaba sólo podía ser de luz y alegría. Esa era mi madre, amor y luz desbordada en forma de pasión. Pasión por la vida, que se traducía en el amor a los otros (y a los “otros”, que fueron muchos, pillina) Ese amor fue siempre de igual a igual, nunca desde la humilladora atalaya de la arrogancia del que más tiene. Mi madre era feliz compartiendo lo que tenía, así fuese un plato de porotos con riendas (frijoles con tallarines, muy chilenos) o una Navidad con aquellos exiliados centroamericanos que poblaban mi casa en los años de las guerrillas de verdad.

En Navidad siempre llegaba a casa algún exiliado que no conocíamos, que en el MIR le habían dado el dato de mi madre, “Antonia”, la que siempre tenía la puerta y el corazón abiertos. Antes de que dieran las doce de la noche y abriésemos los regalos, Lila-Antonia nos decía discretamente que envolviéramos un marcalibros de amate, averiguáramos discretamente el nombre del recién invitado, pusiésemos el nombre en el papel de regalo y lo escondiéramos bajo el árbol.

Siempre nos decía que había que ser solidarios con aquellos compañeros que habían llegado a México, solos, sin familia, a penas un cuarto de azotea y sin un peso en el bolsillo. Recibir un pequeño regalo sorpresa bajo un árbol de una familia desconocida, era en realidad recibir el corazón abierto de mi madre.

Así crecimos Rocío y yo, sabiendo que lo material es para compartirlo, que se pierde en cualquier momento, y que lo que te queda, lo que te llevas contigo a cualquier parte es la satisfacción de pertenecer a la maravillosa raza humana, donde el amor y la solidaridad siguen siendo -por más que algunos se empeñen en negarlo- el valor de concebirnos como seres sociales. Eso es lo que he aprendido de ella hace mucho tiempo; nada hacemos si no es con y por los otros. Es por eso que cada cosa que hago, desde dar clases hasta un artículo o un libro, lleva siempre la impronta de aquellos seres de luz que me rodean.

Mis queridos amigos, sin duda ustedes son mis seres de luz también, aquellos que sin saberlo me guían por el camino del corazón, que como decía mi madre, era el único que había que escuchar en cualquier circunstancia.”

“Así crecimos, sabiendo que lo material es para compartirlo, que se pierde en cualquier
 momento y que lo que te queda, lo que te llevas, es la satisfacción de pertenecer a la
maravillosa raza humana…”

Reglas para enfrentar el duelo

Después de compartirte este sentido texto, quiero mencionar algunas reglas que pueden resultar de  utilidad en los momentos en que sea necesario  enfrentar un duelo.

  • Aceptar los hechos. Seguramente el impacto será muy fuerte pero siempre trata de aceptar los acontecimientos, autoengañarte sólo dificultará el proceso de asimilación.
  • Adáptate a tu nueva vida. Debes de saber sobrellevar tu vida sin esa persona. No será fácil, pero debes tener la confianza de que, con poco de paciencia, tarde o temprano te adaptarás a tu nueva realidad sin ella.
  • Reconoce el momento de despedirte. No todos estamos listos en los mismos tiempos ni de la misma manera para enfrentar nuestros duelos. Siéntete capaz de reconocer cuando ha llegado tu momento de cerrar con tu ser querido y de encontrar la mejor manera para ti. También reconoce  y respeta el derecho de los demás a hacerlo a su tiempo y a su forma.
  • Acepta tus emociones.  Con toda seguridad no aparecerán sólo emociones positivas; la mayoría de las veces aparecen sentimientos, al parecer ilógicos o sin sentido, lo cuál es perfectamente comprensible pues nuestro mundo emocional no tiene porque ser lógico como el mental. Por tal motivo siéntete dispuesto a aceptar la rabia de que tu ser querido se haya marchado y te haya dejado sólo, acepta también tu miedo, tu tristeza o tu culpa… no importa qué sentimiento aparezca, ábrete y acéptalo con la consciencia de que todas las emociones son impermanentes. Así como llegan se marchan para dar paso a otras emociones. Fluye con ellas y date permiso de expresarlas de diferentes maneras según sea el caso.  Si lo haces, al final, encontrarás la paz y el consuelo que necesitas para seguir adelante con tu vida.
  • Aceptar el duelo: No tengas miedo de llorar o de gritar todo lo que sientas que necesitas para sentirte aliviado. Muchos recuerdos con esa persona se harán presentes y te removerán todo tipo de emociones. Es recomendable desahogarte para sanar la pena. Si no te das permiso de ello puedes entrar en crisis o dar paso a una depresión severa. Reserva un espacio a cada sentimiento que surja en cada etapa de tu proceso de duelo: negación, tristeza, enojo, resignación y aceptación.
  • Terminar con los asuntos que quedaron pendientes. De esto ya hablamos anteriormente.  Recuerda que es importante darle espacio a los pensamientos y sentimientos que no se pudieron expresar en su momento, pero que aún tienes oportunidad de hacerlo de manera simbólica, aunque la persona y a no esté, y que esto te ayudará a cerrar dichos asuntos inconclusos. Cuando cargas con un asunto pendiente suele ocurrir que pienses que es algo muy  difícil, pero al momento que lo resuelvas te darás cuenta de que, la mayoría de las veces, es más sencillo de lo que pensabas.
  • Aceptar la realidad de una pérdida. Saber que las cosas ya no pueden cambiar, que no hay vuelta atrás pues la muerte es solamente una etapa más del proceso de la vida. Sólo estaremos preparados para decir adiós cuando seamos capaces de aceptar la realidad.  Sólo así seremos capaces de seguir adelante con nuestras vidas sin sentir que algo nos ata a nuestro pasado.
  • Valorar lo que la pérdida nos deja. Toda pérdida trae consigo alguna ganancia. No te sientas ingrato por querer reconocer lo que obtienes de la pérdida ya sea: aprendizaje, crecimiento, fortaleza, libertad, sabiduría… capacidad para aprender a ver las cosas de manera diferente o para perdonar… también esto te ayudará a recuperar más fácilmente el equilibrio necesario para continuar.
  • Agradece a tu ser querido por todo lo que recibiste de él. Dentro de la expresión de tus sentimientos a tu ser querido es muy importante que pongas en un lugar preponderante la necesidad de expresarle todo aquello que le agradeces por lo que te dio en vida. Desde las cosas mas sencillas hasta las más importantes. El agradecimiento es uno de los antídotos contra el dolor de una pérdida más poderosos.
  • Vivir el luto. El proceso de soltar es eso, un proceso, y no se logra de la noche a la mañana. Date el tiempo y el espacio para lograr tu recuperación de manera natural, sin forzar nada.  Si notas que tus emociones son muy intentas y se prolongan más de la cuenta, considera la opción de buscar ayuda profesional.
  • Deja que la vida te encuentre. Acepta los regalos que la vida te da con alegría. No te niegues a disfrutar pensando que eres egoísta al gozar de la vida cuando tu ser amado ya no puede hacerlo. Al contrario, justo porque él ya no puede, tú que sigues vivo tienes el deber de disfrutar de la vida y sus maravillosas en nombre de ambos.
  • Pide ayuda si es necesario. Recuerda que tus familiares y amigos conforman tu red de apoyo y que ellos estarán gustosos de  apoyarte, aunque no siempre sepan cómo hacerlo. Dales la oportunidad de hacerlo y diles que es lo que necesitas de cada uno en particular.
Terapia_Gestalt_terapeuta_Luis Fernando Martínez Gómez
Luis Fernando Martínez Gómez. Psict. Gestalt/consultor Mindfulnees/formándome como Constelador. 15 años de experiencia

Si requieres ayuda profesional puedes hacerlo a través de la pestaña de contacto escribiéndome un mensaje o por WhatsApp al

(+52) 1 (55)39777027

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