¿Envidioso yo?: la envida, enemiga de la autoestima

Envidia y Celos: enemigos de la seguridad personal

 Grandes enemigos de la autoestima y seguridad personal son la envidia y los celos. La envidia es una tentación a caer en las comparaciones y en la competencia y genera sentimientos desagradables a causa de lo que otro u otros tienen y que uno mismo quisiera poseer: dinero, prestigio, privilegios, reconocimiento, pareja, etc.

Por lo general se tiene envidia de las personas cercanas (familia, amigos, compañeros, jefes) que de personas ajenas al contexto personal (políticos, gente del espectáculo, famosos, etc.).

Los celos, a diferencia de la envidia, no son el deseo o la frustración por no tener algo que se desea, sino el temor a perder algo o a alguien que ya se tiene y se considera de nuestra propiedad: privilegios, amistades, cosas materiales, pareja, etc.  y se defienden de manera agresiva a través de la manifestación de los celos que distorsionan la realidad e impiden ver al otro como persona, convirtiéndolo en un objeto de posesión.

Aunque sean dos cosas diferentes y a la vez relacionadas, pues son sentimientos que generan inseguridad, distorsionan la realidad y lastiman la autoestima, también pueden presentarse simultáneamente. Alguien puede tener envidia y, simultáneamente, sentir celos: “Lo reconocen más a él porque lo aprecian más que a mí”. 

Lo que produce la envidia

Para que se genere el sentimiento de envidia son necesarias dos condiciones: la comparación desfavorable en relación con las ventajas personales y las de otro u otros y el sentimiento de impotencia para obtener lo que otros tienen.

Envidiamos lo que no poseemos sólo si nos sentimos incapaces de obtenerlo

Se pueden envidiar cosas concretas como objetos materiales o personas, o abstractas como la felicidad, el éxito, el reconocimiento, características de personalidad, bienestar, espiritualidad, etc. Sin embargo, la envidia no nos ayuda a obtener eso que deseamos, todo lo contrario, genera resentimiento hacia los otros, sensación de incapacidad personal que va creciendo cada vez más en la medida en que no renunciamos a la envidia, tendencia a racionalizar y ver los beneficios o privilegios de los otros como una consecuencia de la injusticia social, amargura crónica y una tendencia obsesiva a poner el foco en los privilegios de los demás sobre las injusticias personales lo que va generando cada vez una mayor sensación de inseguridad y debilidad personal.

reconocer la envidia

Liberarse de la envidia

Cuando el problema que genera el malestar de la persona que busca apoyo terapéutico es la envidia, lo primero que se debe recomendar es no reprimir su sentimiento, sino reconocerlo para poder transformarlo. Otro elemento que habrá que vigilar y trabajar intensamente es el de la autoestima. Hacer ver a la persona que no sirve de nada compararse con otros ni medirse en relación con las cualidades o privilegios de los demás. Tal ves resulta más útil decir “somos diferentes, ambos tenemos fortalezas distintas y límites distintos, pero somos igualmente valiosos y dignos de respeto” que expresar “Es mejor que yo y por lo tanto yo valgo menos por no ser como él o no tener lo que él tiene”. 

Para superar la envidia es muy importante insistir en el punto de que ser diferentes no significa que alguien sea mejor que otro. También es necesario apoyar a la persona a trascender la envidia agresiva “Es injusto que él tenga eso y yo no” o de la envidia depresiva “soy un fracaso, yo no puedo tener lo que ella tiene” para recuperar las funciones naturales de dicho sentimiento, considerando las fortalezas del otro no como una causa para  el resentimiento, la descalificación personal o la impotencia, sino como un estímulo o una motivación para la acción que le lleve a conseguir aquello que anhela superando la sensación de sentirse incapaz y la envida hacia otros.

En conclusión

  • La envidia, al igual que los celos, lastima la autoestima y genera inseguridad personal.
  • La envidia se genera por  sentirnos incapaces de ser como otros o tener lo que otros tienen.
  • Se envidia más a las personas cercanas como familiares o amigos que a gente del medio como artistas o políticos.
  • La comparación con los otros no ayuda a sentirnos mejor, es más útil reconocer que somos diferentes y que nos podemos enriquecer unos a otros.
  • Es más inteligente que, lo que admiramos en otros, sea una fuente de motivación y para la acción, que un motivo de envidia, un sentimiento de ineficiencia o un pretexto para el estancamiento.
Escrito por:
Director de: Espacio Cree Ser Juntos y Terapia Gestalt, Sí!
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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. ¡No seas envidioso! te invito a que seas muy generoso y nos enriquezcas a todos con tus comentarios en relación a este tema. También te adelanto que, el siguiente artículo en relación a la envidia, hablará sobre los celos. No te lo pierdas. Un abrazo y hasta la próxima.
    Luis Fernando Martínez G.
    terapeuta Gestalt y especialista en Desarrollo Humano y Mediación Familiar.

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    1. ANDREA... YO NEOS. dice:

      Considero que este es un buen analisis, la autoestima se desfigurada cuando no nos amamos a nosotros mismos, es la base para poder salir adelante. Te mando un fuerte abrazo y adelante con estos buenos artículos… YO NEOS.

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      1. Gracias, querida Neos. Este tema será una “trilogía”: el primero es éste (¿Envidioso yo?, y después seguiremos con ¿celoso yo? y por último (en varias partes) ¿Infiel yo? espero que los leas todos… un beso y un abrazo muy fuerte.

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